Estuve cinco veces en Venezia: el 26 de dic. de 1996, un día de dic. 2003 y tres en enero de 2004. Cada uno fue un increible viaje a los siglos del Renacimiento Italiano y a la más alada magia que uno pueda imaginarse. Este es mi testimonio de una de las ciudades más bellas y atrapantes que he conocido...

18.9.04

28-12-2003

Spresiano, 28 de diciembre 2003
Acabamos de llegar de estar todo el día en una de las ciudades más lindas del mundo: VENEZIA. Decir que estoy feliz es poco decir, caminar sin rumbo por esas húmedas callejuelas con Zulma tomados de la mano es mucho más de lo que apenas si hace cinco meses me hubiera atrevido a imaginar; ha sido una de esas pocas ocasiones en que la realidad desborda ampliamente la fantasía.

Nadie que no haya estado alguna vez en Venezia puede siquiera aproximar una idea de la belleza envolvente que te atrapa al recorrer sus calles arrevesadas, cruzar los puentecitos, perderte en los pasadizos interiores y saborear su magia. Sin dudas Venezia es la ciudad de los enamorados.

Hicimos la tradicional “S” bordeando el Canal Grande desde la Stazione Términi hasta la Piazza de San Marcos y regresamos en il vaporetto. Fueron siete horas –de 10 a 17- donde este Mario que escribe ya no sabía ni cómo se llamaba... Es imposible describir lo que se siente cuando se está en la capital de la magia enamorado y montado en una escoba.

Caminando sin apuro, embobados, con el OH! en la boca a cada rato, viendo las góndolas atravesar los canales y los miles de peregrinos y turistas atestar sus calles entramos en una chiessa cercana al Ponte Rialto para admirar una Annunciazione del Tiziano y varias palas de Jacopo Palma Il Giovanne. Hay cientos de iglesias (casi todas del siglo X) y en cada una tesoros artísticos para descubrir y admirar; son fastuosas y están repletas de obras de arte.

Antes habíamos entrado a la de Santi Geremía e Lucía para ver los despojos de la santa de Siracusa martirizada en el año 630 (ahí te compré una pavadita para vos Lucía).

Siguiendo la “S” del recorrido turístico nos entretuvimos viendo los magníficos negocios de joyería fina y otros de cristalería de Murano con inimaginables objetos del mejor soplado en vidrio de todos los colores. A mitad de camino tuve ganas de ir al baño y entré en uno público... fue la meada más cara de mi vida, me cobraron 0.50 ctvs. de Euro para utilizar los sanitarios... $1.80 argentinos para hacer pipí. La próxima vez meo en el Canal Grande.

Pasamos por el famoso Ponte Rialto y sacamos varias fotos. Y así, andando y andando llegamos a la legendaria Piazza de San Marcos... OH! VENEZIA!

Haber estado en esa piazza hoy, con Zulma, me conmueve... la caminamos mucho, estuvimos en el café Florián, la apreciamos desde todos lados; sacamos fotos con las palomas y los Tetrarcas, la amamos con locura. El día estaba frío pero se aguantaba bien; además fuimos muy emponchados.

Aguantando la respiración tomamos carrera y muy decididos entramos a la gran basílica... se te caen las medias hermano, te querés matar... Los ojos no dan crédito a lo que se ofrece a la vista, es apabullante, no sabés para dónde mirar ni quién atrasó los relojes y te llevó al 1204 cuando caía Constantinopla. Los techos te dejan el cogote duro de mirarlo, el pavimento del piso te marea de tanta taracea de marmol y formas ajedresísticas bizantinas, las paredes invitan a tocar ese marmol de Oriente que vaya a saber uno quién lo trabajó, talló y colocó ahí hace mil años... Es uno de los cuatro grandes centros de peregrinación de la cristiandad junto con Santiago de Compostela, Jerusalem y Roma; ahí está la tumba del apostol Marcos: “Pax Tibi Marce Evangelista Meus”.

Estuvimos en la tumba del apostol, vimos la Madonna Nicopeia (Bizancio, siglo X) y pagamos para poder ver el increíble retablo de oro del presbiterio. Luego decidimos ir a ver los cuatro caballos de bronce originales de la “cuadriga clásica” que se conservan en un museo interior (los que están a la vista arriba de la basílica son copias). Son tan reales que parece que galoparan y relincharan. Dado que los tienen mismo dentro de la iglesia arriba del pórtico de entrada también pudimos tocar las teselas de oro de los techos y salir afuera donde están las copias de los caballos. Desde allá arriba la vista de la piazza era para sacarle cien fotos, mil. Es apabullante caminar por dentro una basílica de 1000 años, pisar esos mosaicos gastados por trillones de zapatos y como si fuera poco tocar el techo interior de oro con las manos, es sacrílego. No hace falta ser creyente para quedar aplastado por los siglos, la historia y el arte más fino que uno pueda concebir. Puedo decir que hoy tocamos el cielo con las manos... y no es metáfora.

Estando ahí dentro me acordé de mis hijos y amigos y los eché de menos, hubiera querido compartir toda Venezia con Ustedes. Miguel, cometí un acto de Fé... le pedí a Marcos por tu salud, lo hice y sé que me escuchó.

Al salir de la basílica caía una suave lluvia, tomamos il vaporetto hasta la Términi y regresamos a casa. Navegar por el Canal Grande es otra experiencia fascinante, lo bordean cientos de palacios de la época del esplendor veneciano; me hubiera gustado hacer ese viaje en el Shark II de mi amigo el Cdte. Alfred.

Vamos a regresar a Venezia unas dos o tres veces más, nos quedaron muchas cosas para ver. Mañana queremos descansar un poco; iremos a Treviso que queda aquí nomás. Desde Spresiano, hoy, 28 de diciembre, les mando un fuerte abrazo para todos. Mario
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