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- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Estuve cinco veces en Venezia: el 26 de dic. de 1996, un día de dic. 2003 y tres en enero de 2004. Cada uno fue un increible viaje a los siglos del Renacimiento Italiano y a la más alada magia que uno pueda imaginarse. Este es mi testimonio de una de las ciudades más bellas y atrapantes que he conocido...
18.9.04
26-12-1996
1996 - Dic.26 jueves
A VENECIA en tren. EL SERVICIO DE TRENES en Europa es magnífico. Hay muchos tipos de trenes y casi no hay buses. Nosotros viajábamos en segunda. Esa segunda es superior a la primera de acá. Limpitos, asientos de pana, salen y llegan a la hora justa, bien atendidos, con un confort bárbaro. Me preguntaba qué hicimos los argentinos con nuestros ferrocarriles, antes y ahora. Los trenes cubren toda Europa. Es la manera de viajar allá. Los guardas de tren son Señores, y calificados. Son empleados del Estado. Atienden al pasaje con mucha amabilidad y particularidad y no te hacen sentir un anónimo pasajero. Cuidan al que viaja y cuidan el medio de transporte. Viajamos miles de kilómetros en tren y registro muchas anécdotas que en Argentina serían impensables. Visten elegante traje y portan una carterita al hombro que es mucho mejor que la que yo llevo. Si vas al baño, no entendés nada. Hay agua fría y agua caliente, varios rollos de higiénico que nadie roba, servilletas, espejos que nadie rompe, bolsitas para residuos que no faltan, entrada para afeitadora eléctrica que funciona, luz (dije luz), y limpieza que nadie ensucia. Así en cualquier tren de cualquier país, vayas donde vayas. En Italia sacamos el “biglietto kilométrico” que nos permitió hacer 3.000 kmts. por US 130. No hay asientos rotos porque la gente no los rompe y la juventud iracunda tampoco. No están garrapateados con graffitis. A nadie se le ocurre escribir “Peron o muerte” o “Giovanni a fatto qui l’amore a Angiulina”. Los cuidan. El Estado los cuida y el pueblo los cuida. Un argentino eso no lo puede entender. La gente deja las valijas en la entrada del vagón y luego se mete adentro. El tren viaja 7 o 20 horas y para en estaciones y hay personas que suben y bajan. A nadie se le ocurre llevarse una valija que no es la suya. (!!!) No se puede entender. Lo he visto. Vi a un tipo al lado mío, del otro lado del pasillo, abrir su attachette y desparramar sus cosas: papeles, cheques, una computadora de bolsillo, llaves, etc. Se puso a trabajar. A las 12, 30 se levantó y se fue al vagón-comedor, que estaba 3 carrozas más atrás. Dejó todo como estaba, su attachette abierto y todo desparramado. Yo pensé que estaba loco. Me dije: -con mentalidad argentina- a éste le van a afanar hasta las ganas de almorzar. El tipo volvió a los 45 minutos, como si nada, y continuó trabajando. Nadie le tocó nada. Más: en la cabeza del tipo estaba eso de que nadie tenía porqué tocarle nada. No se puede entender. O mejor dicho: lo de mi país no se puede entender. Me pregunté miles de veces, en los trenes, en las estaciones, en los pueblos, en las calles, en el trato de la gente, en el tránsito de vehículos, por dónde diablos pasa la diferencia con mi patria. No es algo peregrino: en Europa viven mejor, y acá vivimos para el culo. No tengo la respuesta. No lo sé. Al principio caí en la ingenuidad de pensar que era por lo económico, después me di cuenta que no pasa por ahí. No tengo respuesta para eso.
Algo anecdótico (o no tanto): en todas las ciudades y pueblos observé que la gente estila poner macetas con flores en veredas y balcones. A la noche no las entran, quedan ahí. A la mañana siguiente siguen estando ahí. Si yo dejo en la puerta de mi casa una maceta... me la afanan o la encuentro al día siguiente estampillada en el pavimento, me equivoco?. Mi cuñado, u otro, va a la estacion de il treno de Treviso, deja el auto estacionado por ahí, y se va tranquilo 3 o 4 días a otra ciudad. Se va tranquilo. No se lo van a robar. ¿Cómo puede ser eso?.
Recorrimos VENECIA a pie desde la terminal del tren hasta la Piazza di San Marco, o sea casi toda. Entramos a la iglesia de SANTA LUCIA y SAN JEREMIAS. Ahí vimos el cuerpo expuesto de la Santa de Siracusa (304). Le pasamos “la ñata contra el vidrio”. Es una de las innumerables iglesias de Venezia y es una obra de arte, como todas y cada una de las iglesias de toda Europa.
Hacía un frío de esos que no se aguantan. Mi hermana caminaba haciendo punta, incansable como siempre. La seguían Giorgio, Ruth, Susana, y yo cerrando la fila. Caminábamos y caminábamos por las milenarias y húmedas callejuelas de Venecia. Yo me sentía emocionado, todo lo que el frío me permitía. Estar caminando por Venecia era algo salido de un sueño.
No son calles como las nuestras, son totalmente distintas. Van haciendo eses, pavimento de piedra, cada 100 metros se elevan y dejan pasar por debajo un canal, de repente se abren y hay una plazoleta estrecha. A los costados y cada 3 o 4 casas un caminito angosto húmedo y encajonado, que conduce vaya a saber uno dónde... todo envuelto para regalo, en esa atmósfera mágica palaciega y ancestral que penetra Venecia. Un puentecito, un paredón y una recova. Hay que cruzarlo, caminar por debajo de esa vieja y angosta recova, y volver a tomar otra callejuela, y así se sigue, pata y pata.
Al fin mi hermana aflojó y entramos a un boliche a tomar un café humeante y moderno. Pocas veces un simple café me vino tan bien. Luego seguimos, con bufandas, gorros, guantes, abrigos y todo lo que llevábamos. Por ahí pasamos por otra iglesia: la de SAN TEODORO. Ahí me aparté de la fila y entré. Había misa y el sacerdote recitaba el 20-4 de Mateo, el que más me gusta. Me esperaron y continuamos.
Subimos al PONTE RIALTO. Hacía un frío impresionante. Nos sacamos fotos en el puente mas antiguo y famoso de Venecia. Abajo el Canal Grande, los palacios, y las góndolas, las románticas y encantadoras góndolas.
Luego de esa larga recorrida llegamos a la PLAZA DE SAN MARCOS, la de las palomas. OH! LA PIAZZA SAN MARCOS ... OH! IL DUOMO.
Entramos a la CATEDRAL DE VENEZIA por una puerta lateral, caminando por andariveles porque estaba parcialmente inundada. Fue entrar y pegar un grito ahogado. Nadie podría creer lo grandioso y lo majestuoso de esa Gran Basílica. Yo nunca había estado en un lugar así. No me alcanzaban los ojos para admirar todo lo que me golpeaba la vista. Es del siglo IX. Uno no se anima a pisar los mosaicos bizantinos, traídos de Oriente en la Cuarta Cruzada, luego de la caída de Constantinopla (1204). Nada me entraba en la cabeza.
El revestimiento marmóreo de la parte inferior del muro interior es alucinante. Son losas del mejor mármol griego talladas verticalmente, con vetas de colores y geometrías naturales plagadas de significados. Les pasaba la mano y me sentía un sacrílego. La gente que ha pasado por ahí...
Hay 8 losas de mármol griego en el piso de la nave central, bajo la Cúpula de la Ascensión. Te da pena pisarlas. Todo el pavimento está hecho con pequeñas teselas de mármol caminadas por trillones de peregrinos de todo el mundo desde hace siglos y siglos.
Mirar los techos y las cúpulas, obliga a bajar la vista. Ninguna ciudad tuvo jamás una Biblia tan gloriosa. Son miles de millones de teselas de oro de 1 cm. cuadrado que van formando dibujos y relatando historias bíblicas. Son techos “luminosos”, en cualquier sentido de la palabra.
San Marcos estaba lleno de peregrinos venidos de todo el planeta, muchísimos menos de los que llegan en verano. Paso a paso escuchaba todos los idiomas del mundo.
Esa maravilla me impactó. Creo que estuve una media hora sin abrir la boca, mudo y abierto mirando el colosal espectáculo.
Vimos el retablo de oro del altar mayor, detrás del transepto, bajo el cual descansa el cuerpo del apostol. Y la Capilla de San Isidoro. Y los 4 caballos alados de la fachada, la “Cuadriga Clásica”, botín de la toma de Constantinopla. Y mil maravillas más.
OH! Los techos de San Marcos OH! Las 5 Cúpulas. OH !
Salimos de ese túnel del tiempo y bajamos a La Plaza. Ahí le dimos de comer a las palomas, las legendarias palomas de San Marcos.
Visitamos el PALACIO DUCALE, contiguo al Duomo, ese que se ve en todas las postales de Venecia. Otro espectáculo. Tampoco caben palabras para describir cómo era y es. El Palacio donde habitaban los Señores. Es a todo culo. Era la primera vez que yo entraba a un Palacio. Un PALACIO con mayúsculas, de esos que por América no hay, de esos que solo allá existen. Y era el Palacio Ducale, uno de los tantos que hay en Venecia.
Mi hermana me retó por haberme puesto con la entrada para los 5. Al final tampoco era tanto: US 40. Después me lo agradeció. Ella, que conoce Europa como la mejor y que sabe muchísimo de arte, quedó fuera de combate. El Ducale son Palabras Mayores. Son estancias y estancias, incontables, repletas de obras de arte en pintura y escultura. Los techos interiores están ricamente decorados y pintados, como uno no se hubiera imaginado nunca. Son las estancias de los Reyes del Renacimiento veneciano El lujo estético y monumental en el que han vivido tiene que haber sido deslumbrante. Lo he visto.
Ahí me enfrenté por vez primera con una pala del TIZZIANO VECCHELIO: el San Cristóbal... OH! -Estaba en el rellano de una escalera encajonada que no lleva a ninguna parte. Me senté a verla. Qué Maestro! -Más adelante en los museos e iglesias, vi muchas más. Me gusta Tizziano.
Vimos obras de Carpaccio, Gentile Bellini, el Veronés, Bassano, Tiépolo, en el marco del más hermoso estilo gótico florido habitual en Venecia. Salimos de ahí aturdidos. Queríamos ver el cielo.
Paseamos por la ribera del CANAL GRANDE, nos sacamos las infaltables fotos con las góndolas, cruzamos el Puente de los Suspiros, seguimos disparando fotos. Eran decenas de paisajes cada 50 metros. Veníamos de recorrer a pie las tan agradables callecitas de Venecia, de estar en El Duomo, de pisar la Piazza San Marco, de visitar el Palacio Ducale... yo estaba cansado como una mula. Pero había que seguir porque teníamos solo ese día. Ya era pasado el mediodía y el frío había bajado un poco, un poquito nomás.
Tomamos una lancha y cruzamos a la Isla de MURANO, de donde es el archifamoso “cristal de Murano”. El viaje fue una delicia. Íbamos navegando por las calles de agua de la Venecia- de-los-siglos. El agua del oleaje le pegaba a las ancianas casas laterales. Era todo un sueño.
En Murano visitamos las fábricas de cristal, con una demostración de vidrio soplado. Murano es tan antigua como Venecia. Caminabamos por una doble calle muy antigua con un canal en el medio, lleno de barquitos. A cada 20 metros un local de venta de cosas de cristal. Eran cientos y cientos. Vendían maravillas, caras para un argentino y regaladas para los de Japón y EE.UU. Ahí compré un par de cositas para mis hijas. Era el día en que Celina cumplía sus 19 años. Mi hermana seguía adelante guiando la marcha. Ella conoce todos esos lugares. Giorgio también. No es un lugar fastuoso ni de lujo; nada que ver. Son calles de piedra bordeadas de casas muy antiguas, algo así como lo más viejo de nuestro Barracas o San Telmo.
Almorzamos en una plaza chiquita, de esas que se caen de siglos, sentados en el suelo y haciendo mesa en la ventana de una casa. No había nadie. Ruth me sacó una foto en el suelo: “el pordiosero”. Nos acompañaban los gatos y las palomas de Murano, buscando su pedazo de pan de invierno.
Regresamos a Venecia y tomamos “il vaporetto”, que va por el CANAL GRANDE y permite apreciar los fastuosos palacios que lo bordean y que son innumerables. Eran las 5 de la tarde y ya había caído el día. Ese canal es indescriptible: está bordeado por los mejores palacios de Venecia, uno al lado del otro, y son cientos y cientos, a uno y otro lado. Debe haber sido muy grande la magnificencia de esa ciudad en la época de su esplendor. Pasamos bajo el Ponte Rialto y llegamos a la terminal de il treno. Regreso a Treviso.
A VENECIA en tren. EL SERVICIO DE TRENES en Europa es magnífico. Hay muchos tipos de trenes y casi no hay buses. Nosotros viajábamos en segunda. Esa segunda es superior a la primera de acá. Limpitos, asientos de pana, salen y llegan a la hora justa, bien atendidos, con un confort bárbaro. Me preguntaba qué hicimos los argentinos con nuestros ferrocarriles, antes y ahora. Los trenes cubren toda Europa. Es la manera de viajar allá. Los guardas de tren son Señores, y calificados. Son empleados del Estado. Atienden al pasaje con mucha amabilidad y particularidad y no te hacen sentir un anónimo pasajero. Cuidan al que viaja y cuidan el medio de transporte. Viajamos miles de kilómetros en tren y registro muchas anécdotas que en Argentina serían impensables. Visten elegante traje y portan una carterita al hombro que es mucho mejor que la que yo llevo. Si vas al baño, no entendés nada. Hay agua fría y agua caliente, varios rollos de higiénico que nadie roba, servilletas, espejos que nadie rompe, bolsitas para residuos que no faltan, entrada para afeitadora eléctrica que funciona, luz (dije luz), y limpieza que nadie ensucia. Así en cualquier tren de cualquier país, vayas donde vayas. En Italia sacamos el “biglietto kilométrico” que nos permitió hacer 3.000 kmts. por US 130. No hay asientos rotos porque la gente no los rompe y la juventud iracunda tampoco. No están garrapateados con graffitis. A nadie se le ocurre escribir “Peron o muerte” o “Giovanni a fatto qui l’amore a Angiulina”. Los cuidan. El Estado los cuida y el pueblo los cuida. Un argentino eso no lo puede entender. La gente deja las valijas en la entrada del vagón y luego se mete adentro. El tren viaja 7 o 20 horas y para en estaciones y hay personas que suben y bajan. A nadie se le ocurre llevarse una valija que no es la suya. (!!!) No se puede entender. Lo he visto. Vi a un tipo al lado mío, del otro lado del pasillo, abrir su attachette y desparramar sus cosas: papeles, cheques, una computadora de bolsillo, llaves, etc. Se puso a trabajar. A las 12, 30 se levantó y se fue al vagón-comedor, que estaba 3 carrozas más atrás. Dejó todo como estaba, su attachette abierto y todo desparramado. Yo pensé que estaba loco. Me dije: -con mentalidad argentina- a éste le van a afanar hasta las ganas de almorzar. El tipo volvió a los 45 minutos, como si nada, y continuó trabajando. Nadie le tocó nada. Más: en la cabeza del tipo estaba eso de que nadie tenía porqué tocarle nada. No se puede entender. O mejor dicho: lo de mi país no se puede entender. Me pregunté miles de veces, en los trenes, en las estaciones, en los pueblos, en las calles, en el trato de la gente, en el tránsito de vehículos, por dónde diablos pasa la diferencia con mi patria. No es algo peregrino: en Europa viven mejor, y acá vivimos para el culo. No tengo la respuesta. No lo sé. Al principio caí en la ingenuidad de pensar que era por lo económico, después me di cuenta que no pasa por ahí. No tengo respuesta para eso.
Algo anecdótico (o no tanto): en todas las ciudades y pueblos observé que la gente estila poner macetas con flores en veredas y balcones. A la noche no las entran, quedan ahí. A la mañana siguiente siguen estando ahí. Si yo dejo en la puerta de mi casa una maceta... me la afanan o la encuentro al día siguiente estampillada en el pavimento, me equivoco?. Mi cuñado, u otro, va a la estacion de il treno de Treviso, deja el auto estacionado por ahí, y se va tranquilo 3 o 4 días a otra ciudad. Se va tranquilo. No se lo van a robar. ¿Cómo puede ser eso?.
Recorrimos VENECIA a pie desde la terminal del tren hasta la Piazza di San Marco, o sea casi toda. Entramos a la iglesia de SANTA LUCIA y SAN JEREMIAS. Ahí vimos el cuerpo expuesto de la Santa de Siracusa (304). Le pasamos “la ñata contra el vidrio”. Es una de las innumerables iglesias de Venezia y es una obra de arte, como todas y cada una de las iglesias de toda Europa.
Hacía un frío de esos que no se aguantan. Mi hermana caminaba haciendo punta, incansable como siempre. La seguían Giorgio, Ruth, Susana, y yo cerrando la fila. Caminábamos y caminábamos por las milenarias y húmedas callejuelas de Venecia. Yo me sentía emocionado, todo lo que el frío me permitía. Estar caminando por Venecia era algo salido de un sueño.
No son calles como las nuestras, son totalmente distintas. Van haciendo eses, pavimento de piedra, cada 100 metros se elevan y dejan pasar por debajo un canal, de repente se abren y hay una plazoleta estrecha. A los costados y cada 3 o 4 casas un caminito angosto húmedo y encajonado, que conduce vaya a saber uno dónde... todo envuelto para regalo, en esa atmósfera mágica palaciega y ancestral que penetra Venecia. Un puentecito, un paredón y una recova. Hay que cruzarlo, caminar por debajo de esa vieja y angosta recova, y volver a tomar otra callejuela, y así se sigue, pata y pata.
Al fin mi hermana aflojó y entramos a un boliche a tomar un café humeante y moderno. Pocas veces un simple café me vino tan bien. Luego seguimos, con bufandas, gorros, guantes, abrigos y todo lo que llevábamos. Por ahí pasamos por otra iglesia: la de SAN TEODORO. Ahí me aparté de la fila y entré. Había misa y el sacerdote recitaba el 20-4 de Mateo, el que más me gusta. Me esperaron y continuamos.
Subimos al PONTE RIALTO. Hacía un frío impresionante. Nos sacamos fotos en el puente mas antiguo y famoso de Venecia. Abajo el Canal Grande, los palacios, y las góndolas, las románticas y encantadoras góndolas.
Luego de esa larga recorrida llegamos a la PLAZA DE SAN MARCOS, la de las palomas. OH! LA PIAZZA SAN MARCOS ... OH! IL DUOMO.
Entramos a la CATEDRAL DE VENEZIA por una puerta lateral, caminando por andariveles porque estaba parcialmente inundada. Fue entrar y pegar un grito ahogado. Nadie podría creer lo grandioso y lo majestuoso de esa Gran Basílica. Yo nunca había estado en un lugar así. No me alcanzaban los ojos para admirar todo lo que me golpeaba la vista. Es del siglo IX. Uno no se anima a pisar los mosaicos bizantinos, traídos de Oriente en la Cuarta Cruzada, luego de la caída de Constantinopla (1204). Nada me entraba en la cabeza.
El revestimiento marmóreo de la parte inferior del muro interior es alucinante. Son losas del mejor mármol griego talladas verticalmente, con vetas de colores y geometrías naturales plagadas de significados. Les pasaba la mano y me sentía un sacrílego. La gente que ha pasado por ahí...
Hay 8 losas de mármol griego en el piso de la nave central, bajo la Cúpula de la Ascensión. Te da pena pisarlas. Todo el pavimento está hecho con pequeñas teselas de mármol caminadas por trillones de peregrinos de todo el mundo desde hace siglos y siglos.
Mirar los techos y las cúpulas, obliga a bajar la vista. Ninguna ciudad tuvo jamás una Biblia tan gloriosa. Son miles de millones de teselas de oro de 1 cm. cuadrado que van formando dibujos y relatando historias bíblicas. Son techos “luminosos”, en cualquier sentido de la palabra.
San Marcos estaba lleno de peregrinos venidos de todo el planeta, muchísimos menos de los que llegan en verano. Paso a paso escuchaba todos los idiomas del mundo.
Esa maravilla me impactó. Creo que estuve una media hora sin abrir la boca, mudo y abierto mirando el colosal espectáculo.
Vimos el retablo de oro del altar mayor, detrás del transepto, bajo el cual descansa el cuerpo del apostol. Y la Capilla de San Isidoro. Y los 4 caballos alados de la fachada, la “Cuadriga Clásica”, botín de la toma de Constantinopla. Y mil maravillas más.
OH! Los techos de San Marcos OH! Las 5 Cúpulas. OH !
Salimos de ese túnel del tiempo y bajamos a La Plaza. Ahí le dimos de comer a las palomas, las legendarias palomas de San Marcos.
Visitamos el PALACIO DUCALE, contiguo al Duomo, ese que se ve en todas las postales de Venecia. Otro espectáculo. Tampoco caben palabras para describir cómo era y es. El Palacio donde habitaban los Señores. Es a todo culo. Era la primera vez que yo entraba a un Palacio. Un PALACIO con mayúsculas, de esos que por América no hay, de esos que solo allá existen. Y era el Palacio Ducale, uno de los tantos que hay en Venecia.
Mi hermana me retó por haberme puesto con la entrada para los 5. Al final tampoco era tanto: US 40. Después me lo agradeció. Ella, que conoce Europa como la mejor y que sabe muchísimo de arte, quedó fuera de combate. El Ducale son Palabras Mayores. Son estancias y estancias, incontables, repletas de obras de arte en pintura y escultura. Los techos interiores están ricamente decorados y pintados, como uno no se hubiera imaginado nunca. Son las estancias de los Reyes del Renacimiento veneciano El lujo estético y monumental en el que han vivido tiene que haber sido deslumbrante. Lo he visto.
Ahí me enfrenté por vez primera con una pala del TIZZIANO VECCHELIO: el San Cristóbal... OH! -Estaba en el rellano de una escalera encajonada que no lleva a ninguna parte. Me senté a verla. Qué Maestro! -Más adelante en los museos e iglesias, vi muchas más. Me gusta Tizziano.
Vimos obras de Carpaccio, Gentile Bellini, el Veronés, Bassano, Tiépolo, en el marco del más hermoso estilo gótico florido habitual en Venecia. Salimos de ahí aturdidos. Queríamos ver el cielo.
Paseamos por la ribera del CANAL GRANDE, nos sacamos las infaltables fotos con las góndolas, cruzamos el Puente de los Suspiros, seguimos disparando fotos. Eran decenas de paisajes cada 50 metros. Veníamos de recorrer a pie las tan agradables callecitas de Venecia, de estar en El Duomo, de pisar la Piazza San Marco, de visitar el Palacio Ducale... yo estaba cansado como una mula. Pero había que seguir porque teníamos solo ese día. Ya era pasado el mediodía y el frío había bajado un poco, un poquito nomás.
Tomamos una lancha y cruzamos a la Isla de MURANO, de donde es el archifamoso “cristal de Murano”. El viaje fue una delicia. Íbamos navegando por las calles de agua de la Venecia- de-los-siglos. El agua del oleaje le pegaba a las ancianas casas laterales. Era todo un sueño.
En Murano visitamos las fábricas de cristal, con una demostración de vidrio soplado. Murano es tan antigua como Venecia. Caminabamos por una doble calle muy antigua con un canal en el medio, lleno de barquitos. A cada 20 metros un local de venta de cosas de cristal. Eran cientos y cientos. Vendían maravillas, caras para un argentino y regaladas para los de Japón y EE.UU. Ahí compré un par de cositas para mis hijas. Era el día en que Celina cumplía sus 19 años. Mi hermana seguía adelante guiando la marcha. Ella conoce todos esos lugares. Giorgio también. No es un lugar fastuoso ni de lujo; nada que ver. Son calles de piedra bordeadas de casas muy antiguas, algo así como lo más viejo de nuestro Barracas o San Telmo.
Almorzamos en una plaza chiquita, de esas que se caen de siglos, sentados en el suelo y haciendo mesa en la ventana de una casa. No había nadie. Ruth me sacó una foto en el suelo: “el pordiosero”. Nos acompañaban los gatos y las palomas de Murano, buscando su pedazo de pan de invierno.
Regresamos a Venecia y tomamos “il vaporetto”, que va por el CANAL GRANDE y permite apreciar los fastuosos palacios que lo bordean y que son innumerables. Eran las 5 de la tarde y ya había caído el día. Ese canal es indescriptible: está bordeado por los mejores palacios de Venecia, uno al lado del otro, y son cientos y cientos, a uno y otro lado. Debe haber sido muy grande la magnificencia de esa ciudad en la época de su esplendor. Pasamos bajo el Ponte Rialto y llegamos a la terminal de il treno. Regreso a Treviso.
28-12-2003
Spresiano, 28 de diciembre 2003
Acabamos de llegar de estar todo el día en una de las ciudades más lindas del mundo: VENEZIA. Decir que estoy feliz es poco decir, caminar sin rumbo por esas húmedas callejuelas con Zulma tomados de la mano es mucho más de lo que apenas si hace cinco meses me hubiera atrevido a imaginar; ha sido una de esas pocas ocasiones en que la realidad desborda ampliamente la fantasía.
Nadie que no haya estado alguna vez en Venezia puede siquiera aproximar una idea de la belleza envolvente que te atrapa al recorrer sus calles arrevesadas, cruzar los puentecitos, perderte en los pasadizos interiores y saborear su magia. Sin dudas Venezia es la ciudad de los enamorados.
Hicimos la tradicional “S” bordeando el Canal Grande desde la Stazione Términi hasta la Piazza de San Marcos y regresamos en il vaporetto. Fueron siete horas –de 10 a 17- donde este Mario que escribe ya no sabía ni cómo se llamaba... Es imposible describir lo que se siente cuando se está en la capital de la magia enamorado y montado en una escoba.
Caminando sin apuro, embobados, con el OH! en la boca a cada rato, viendo las góndolas atravesar los canales y los miles de peregrinos y turistas atestar sus calles entramos en una chiessa cercana al Ponte Rialto para admirar una Annunciazione del Tiziano y varias palas de Jacopo Palma Il Giovanne. Hay cientos de iglesias (casi todas del siglo X) y en cada una tesoros artísticos para descubrir y admirar; son fastuosas y están repletas de obras de arte.
Antes habíamos entrado a la de Santi Geremía e Lucía para ver los despojos de la santa de Siracusa martirizada en el año 630 (ahí te compré una pavadita para vos Lucía).
Siguiendo la “S” del recorrido turístico nos entretuvimos viendo los magníficos negocios de joyería fina y otros de cristalería de Murano con inimaginables objetos del mejor soplado en vidrio de todos los colores. A mitad de camino tuve ganas de ir al baño y entré en uno público... fue la meada más cara de mi vida, me cobraron 0.50 ctvs. de Euro para utilizar los sanitarios... $1.80 argentinos para hacer pipí. La próxima vez meo en el Canal Grande.
Pasamos por el famoso Ponte Rialto y sacamos varias fotos. Y así, andando y andando llegamos a la legendaria Piazza de San Marcos... OH! VENEZIA!
Haber estado en esa piazza hoy, con Zulma, me conmueve... la caminamos mucho, estuvimos en el café Florián, la apreciamos desde todos lados; sacamos fotos con las palomas y los Tetrarcas, la amamos con locura. El día estaba frío pero se aguantaba bien; además fuimos muy emponchados.
Aguantando la respiración tomamos carrera y muy decididos entramos a la gran basílica... se te caen las medias hermano, te querés matar... Los ojos no dan crédito a lo que se ofrece a la vista, es apabullante, no sabés para dónde mirar ni quién atrasó los relojes y te llevó al 1204 cuando caía Constantinopla. Los techos te dejan el cogote duro de mirarlo, el pavimento del piso te marea de tanta taracea de marmol y formas ajedresísticas bizantinas, las paredes invitan a tocar ese marmol de Oriente que vaya a saber uno quién lo trabajó, talló y colocó ahí hace mil años... Es uno de los cuatro grandes centros de peregrinación de la cristiandad junto con Santiago de Compostela, Jerusalem y Roma; ahí está la tumba del apostol Marcos: “Pax Tibi Marce Evangelista Meus”.
Estuvimos en la tumba del apostol, vimos la Madonna Nicopeia (Bizancio, siglo X) y pagamos para poder ver el increíble retablo de oro del presbiterio. Luego decidimos ir a ver los cuatro caballos de bronce originales de la “cuadriga clásica” que se conservan en un museo interior (los que están a la vista arriba de la basílica son copias). Son tan reales que parece que galoparan y relincharan. Dado que los tienen mismo dentro de la iglesia arriba del pórtico de entrada también pudimos tocar las teselas de oro de los techos y salir afuera donde están las copias de los caballos. Desde allá arriba la vista de la piazza era para sacarle cien fotos, mil. Es apabullante caminar por dentro una basílica de 1000 años, pisar esos mosaicos gastados por trillones de zapatos y como si fuera poco tocar el techo interior de oro con las manos, es sacrílego. No hace falta ser creyente para quedar aplastado por los siglos, la historia y el arte más fino que uno pueda concebir. Puedo decir que hoy tocamos el cielo con las manos... y no es metáfora.
Estando ahí dentro me acordé de mis hijos y amigos y los eché de menos, hubiera querido compartir toda Venezia con Ustedes. Miguel, cometí un acto de Fé... le pedí a Marcos por tu salud, lo hice y sé que me escuchó.
Al salir de la basílica caía una suave lluvia, tomamos il vaporetto hasta la Términi y regresamos a casa. Navegar por el Canal Grande es otra experiencia fascinante, lo bordean cientos de palacios de la época del esplendor veneciano; me hubiera gustado hacer ese viaje en el Shark II de mi amigo el Cdte. Alfred.
Vamos a regresar a Venezia unas dos o tres veces más, nos quedaron muchas cosas para ver. Mañana queremos descansar un poco; iremos a Treviso que queda aquí nomás. Desde Spresiano, hoy, 28 de diciembre, les mando un fuerte abrazo para todos. Mario
Acabamos de llegar de estar todo el día en una de las ciudades más lindas del mundo: VENEZIA. Decir que estoy feliz es poco decir, caminar sin rumbo por esas húmedas callejuelas con Zulma tomados de la mano es mucho más de lo que apenas si hace cinco meses me hubiera atrevido a imaginar; ha sido una de esas pocas ocasiones en que la realidad desborda ampliamente la fantasía.
Nadie que no haya estado alguna vez en Venezia puede siquiera aproximar una idea de la belleza envolvente que te atrapa al recorrer sus calles arrevesadas, cruzar los puentecitos, perderte en los pasadizos interiores y saborear su magia. Sin dudas Venezia es la ciudad de los enamorados.
Hicimos la tradicional “S” bordeando el Canal Grande desde la Stazione Términi hasta la Piazza de San Marcos y regresamos en il vaporetto. Fueron siete horas –de 10 a 17- donde este Mario que escribe ya no sabía ni cómo se llamaba... Es imposible describir lo que se siente cuando se está en la capital de la magia enamorado y montado en una escoba.
Caminando sin apuro, embobados, con el OH! en la boca a cada rato, viendo las góndolas atravesar los canales y los miles de peregrinos y turistas atestar sus calles entramos en una chiessa cercana al Ponte Rialto para admirar una Annunciazione del Tiziano y varias palas de Jacopo Palma Il Giovanne. Hay cientos de iglesias (casi todas del siglo X) y en cada una tesoros artísticos para descubrir y admirar; son fastuosas y están repletas de obras de arte.
Antes habíamos entrado a la de Santi Geremía e Lucía para ver los despojos de la santa de Siracusa martirizada en el año 630 (ahí te compré una pavadita para vos Lucía).
Siguiendo la “S” del recorrido turístico nos entretuvimos viendo los magníficos negocios de joyería fina y otros de cristalería de Murano con inimaginables objetos del mejor soplado en vidrio de todos los colores. A mitad de camino tuve ganas de ir al baño y entré en uno público... fue la meada más cara de mi vida, me cobraron 0.50 ctvs. de Euro para utilizar los sanitarios... $1.80 argentinos para hacer pipí. La próxima vez meo en el Canal Grande.
Pasamos por el famoso Ponte Rialto y sacamos varias fotos. Y así, andando y andando llegamos a la legendaria Piazza de San Marcos... OH! VENEZIA!
Haber estado en esa piazza hoy, con Zulma, me conmueve... la caminamos mucho, estuvimos en el café Florián, la apreciamos desde todos lados; sacamos fotos con las palomas y los Tetrarcas, la amamos con locura. El día estaba frío pero se aguantaba bien; además fuimos muy emponchados.
Aguantando la respiración tomamos carrera y muy decididos entramos a la gran basílica... se te caen las medias hermano, te querés matar... Los ojos no dan crédito a lo que se ofrece a la vista, es apabullante, no sabés para dónde mirar ni quién atrasó los relojes y te llevó al 1204 cuando caía Constantinopla. Los techos te dejan el cogote duro de mirarlo, el pavimento del piso te marea de tanta taracea de marmol y formas ajedresísticas bizantinas, las paredes invitan a tocar ese marmol de Oriente que vaya a saber uno quién lo trabajó, talló y colocó ahí hace mil años... Es uno de los cuatro grandes centros de peregrinación de la cristiandad junto con Santiago de Compostela, Jerusalem y Roma; ahí está la tumba del apostol Marcos: “Pax Tibi Marce Evangelista Meus”.
Estuvimos en la tumba del apostol, vimos la Madonna Nicopeia (Bizancio, siglo X) y pagamos para poder ver el increíble retablo de oro del presbiterio. Luego decidimos ir a ver los cuatro caballos de bronce originales de la “cuadriga clásica” que se conservan en un museo interior (los que están a la vista arriba de la basílica son copias). Son tan reales que parece que galoparan y relincharan. Dado que los tienen mismo dentro de la iglesia arriba del pórtico de entrada también pudimos tocar las teselas de oro de los techos y salir afuera donde están las copias de los caballos. Desde allá arriba la vista de la piazza era para sacarle cien fotos, mil. Es apabullante caminar por dentro una basílica de 1000 años, pisar esos mosaicos gastados por trillones de zapatos y como si fuera poco tocar el techo interior de oro con las manos, es sacrílego. No hace falta ser creyente para quedar aplastado por los siglos, la historia y el arte más fino que uno pueda concebir. Puedo decir que hoy tocamos el cielo con las manos... y no es metáfora.
Estando ahí dentro me acordé de mis hijos y amigos y los eché de menos, hubiera querido compartir toda Venezia con Ustedes. Miguel, cometí un acto de Fé... le pedí a Marcos por tu salud, lo hice y sé que me escuchó.
Al salir de la basílica caía una suave lluvia, tomamos il vaporetto hasta la Términi y regresamos a casa. Navegar por el Canal Grande es otra experiencia fascinante, lo bordean cientos de palacios de la época del esplendor veneciano; me hubiera gustado hacer ese viaje en el Shark II de mi amigo el Cdte. Alfred.
Vamos a regresar a Venezia unas dos o tres veces más, nos quedaron muchas cosas para ver. Mañana queremos descansar un poco; iremos a Treviso que queda aquí nomás. Desde Spresiano, hoy, 28 de diciembre, les mando un fuerte abrazo para todos. Mario
Puentes y canales
Spresiano, 4 de enero 2004
Hoy voy a comenzar con un tema remanido pero que olvidé contarlo. Cuando estaba por venirme a Italia y sabiendo que iba a andar por Venezia varios me dijeron... “No te podés perder ir a andar en góndola por los canales con tu enamorada...” Les respondí: va a ser difícil... eso es para los norteamericanos, canadienses y japoneses. Bien, estando en Venezia el 28 de diciembre, Zulma –a instancias mía- le preguntó a un gondoliere cuánto costaba el paseo... E.70 muchachos, sí... setenta Euros, y el paseo debe durar no más de 20 minutos... unos $ 250 argentinos aprox. Para eso me la subo a Zulma a espaldas y cruzo el canal a nado que joder.
Volviendo a hablar de VENEZIA diré que hay tres puentes que cruzan el Canal Grande en el trayecto de la “S” turística. Ni bien se sale de la Stazione Términi de Santa Lucía (FFCC) está Il Ponte della Stazione o Ponte Scalzi, hecho en piedra en 1934 en reemplazo del antiguo de hierro. Luego a mitad de camino viene Il Ponte Rialto –que es el más famoso- y poco antes de llegar a la Piazza di San Marcos Il Ponte della Accademia, de madera, 1932.
En cuanto al Canal Grande –al que los venecianos llaman Il Canalazzo- es el más importante de los tantos otros (unos 50) que se entrecruzan por Venezia, la arteria principal. Tiene casi 4 kmts. de largo, 30 a 70 mts. de ancho y una profundidad media de unos 6 mts. Tal como ya referí más atrás está totalmente bordeado por lujosos palazzos (palacios) que las familias venezianas de la época del esplendor edificaron como residencia y signo de potencia. Hoy pocos siguen siendo residencias, la mayoría fueron reciclados en hoteles, museos y galerías de arte aunque conservando las mismas fachadas; casi todos son del siglo XV.
“Sereníssima” es el nombre que se le dio en su mejor época a la gloriosa Reppública di Venezia. Más de 100 islas en medio de una laguna fangosa constituyen la ciudad; fue levantada superando estas condiciones extremadamente adversas. Hoy se la ve casi tal como quedó en el siglo XVI.
Está asentada sobre billones de delgados pilotes de roble, pino y alerce de 7.5 mts. de largo clavados sobre una capa geológica firme de arcilla y arena compacta llamada “caranto”. Los pilotes –unos junto a otros- no se pudren bajo las aguas profundas debido a la falta de oxígeno; fueron traídos de los bosques del norte del Véneto. Sobre los pilotes colocaron cimientos impermeables de piedra de Istria (un tipo de marmol) arriba de los cuales comienzan las construcciones.
Poblaciones Vénetas y Euganei ocuparon esta región en el siglo VI AC. Tres siglos más tarde los romanos conquistan el Véneto. En el 401 DC los Godos –dirigidos por Alarico- invaden y conquistan el norte de Italia; avanzaban hacia Roma saqueando y quemando lo que encontraban a su paso. Es aquí donde los habitantes del Véneto buscaron refugio en las costas agrestes y despobladas de la costa pantanosa; allí fundaron aldeas y de las cenizas del pasado romano emergió la ciudad de Venezia, fundada según la tradición en el año 421, dicen que el 25 de marzo, día de San Marcos.
Tuvieron siempre un formidable espíritu comercial explotando su estratégica posición marítima y creando importantes lazos comerciales con Bizancio. Sin embargo todavía en el siglo VI Venezia no era sino una serie de pequeñas aldeas en una laguna cenagosa.
Siguieron las guerras y en el año 452 Atila el Huno invade Italia y saquea el Véneto. En el 552 los Godos vuelven a invadir y destruir ciudades. Poco más tarde en el 570 viene la primera invasión lombarda al norte de Italia y los habitantes de la zona –ya cansados de tanto jaleo- realizan un éxodo masivo desde las ciudades del Véneto a las islas de la laguna.
En el 726 la historia registra al primer Dux (duque, autoridad máxima) documentado de Venezia. En el 814 comienza la construcción de Palazzo Ducale (sede del Dux), en el 828 mercaderes venezianos roban el cuerpo de San Marcos en Alejandría y en el 832 se completa la primera basílica de San Marcos.
Sabiendo siempre aprovechar las oportunidades y ubicados estratégicamente entre Roma y Bizancio los venezianos ejercían continuamente sus poderes diplomáticos; alianza va, alianza viene, estos inteligentes negociadores sacaban provecho y echaban palante. Durante la Edad Media Venezia expandió su poder e influencia a través de todo el Mediterráneo oriental, culminando con la conquista de Bizancio (Constantinopla) en el año 1204.
Vivían bajo una administración pulcramente ordenada encabezada por el Dux sometido a una Constitución, un Consejo de Los Diez y un Gran Consejo de aprox. 2000 miembros.
En 1797 Napoleón –exigiendo la abdicación del Dux Ludovico Manín- da fin a la Reppública Sereníssima luego de nada menos que 1367 años de existencia independiente; se la entrega a sus aliados austríacos a cambio de la Lombardía.
Un párrafo aparte merecen las góndolas (attenti! Alfredo!). Son de casco delgado y base plana, bien adaptadas para navegar por canales estrechos y poco profundos. Se usan hace más de mil años y se fabrican a mano con nueve maderas distintas; la construcción de una góndola demora aprox. tres meses. La eslora es asimétrica para contrarrestar la fuerza del único remo que tienen a estribor; sin la curvatura hacia la izquierda en la proa –24 cmts. más ancha que a la derecha- el barco navegaría en círculos. Le dan brillo con siete capas de barníz negro. ¿Te imaginás Cdte. una góndola veneciana por los canales de Berisso...? JA!
Hoy voy a comenzar con un tema remanido pero que olvidé contarlo. Cuando estaba por venirme a Italia y sabiendo que iba a andar por Venezia varios me dijeron... “No te podés perder ir a andar en góndola por los canales con tu enamorada...” Les respondí: va a ser difícil... eso es para los norteamericanos, canadienses y japoneses. Bien, estando en Venezia el 28 de diciembre, Zulma –a instancias mía- le preguntó a un gondoliere cuánto costaba el paseo... E.70 muchachos, sí... setenta Euros, y el paseo debe durar no más de 20 minutos... unos $ 250 argentinos aprox. Para eso me la subo a Zulma a espaldas y cruzo el canal a nado que joder.
Volviendo a hablar de VENEZIA diré que hay tres puentes que cruzan el Canal Grande en el trayecto de la “S” turística. Ni bien se sale de la Stazione Términi de Santa Lucía (FFCC) está Il Ponte della Stazione o Ponte Scalzi, hecho en piedra en 1934 en reemplazo del antiguo de hierro. Luego a mitad de camino viene Il Ponte Rialto –que es el más famoso- y poco antes de llegar a la Piazza di San Marcos Il Ponte della Accademia, de madera, 1932.
En cuanto al Canal Grande –al que los venecianos llaman Il Canalazzo- es el más importante de los tantos otros (unos 50) que se entrecruzan por Venezia, la arteria principal. Tiene casi 4 kmts. de largo, 30 a 70 mts. de ancho y una profundidad media de unos 6 mts. Tal como ya referí más atrás está totalmente bordeado por lujosos palazzos (palacios) que las familias venezianas de la época del esplendor edificaron como residencia y signo de potencia. Hoy pocos siguen siendo residencias, la mayoría fueron reciclados en hoteles, museos y galerías de arte aunque conservando las mismas fachadas; casi todos son del siglo XV.
“Sereníssima” es el nombre que se le dio en su mejor época a la gloriosa Reppública di Venezia. Más de 100 islas en medio de una laguna fangosa constituyen la ciudad; fue levantada superando estas condiciones extremadamente adversas. Hoy se la ve casi tal como quedó en el siglo XVI.
Está asentada sobre billones de delgados pilotes de roble, pino y alerce de 7.5 mts. de largo clavados sobre una capa geológica firme de arcilla y arena compacta llamada “caranto”. Los pilotes –unos junto a otros- no se pudren bajo las aguas profundas debido a la falta de oxígeno; fueron traídos de los bosques del norte del Véneto. Sobre los pilotes colocaron cimientos impermeables de piedra de Istria (un tipo de marmol) arriba de los cuales comienzan las construcciones.
Poblaciones Vénetas y Euganei ocuparon esta región en el siglo VI AC. Tres siglos más tarde los romanos conquistan el Véneto. En el 401 DC los Godos –dirigidos por Alarico- invaden y conquistan el norte de Italia; avanzaban hacia Roma saqueando y quemando lo que encontraban a su paso. Es aquí donde los habitantes del Véneto buscaron refugio en las costas agrestes y despobladas de la costa pantanosa; allí fundaron aldeas y de las cenizas del pasado romano emergió la ciudad de Venezia, fundada según la tradición en el año 421, dicen que el 25 de marzo, día de San Marcos.
Tuvieron siempre un formidable espíritu comercial explotando su estratégica posición marítima y creando importantes lazos comerciales con Bizancio. Sin embargo todavía en el siglo VI Venezia no era sino una serie de pequeñas aldeas en una laguna cenagosa.
Siguieron las guerras y en el año 452 Atila el Huno invade Italia y saquea el Véneto. En el 552 los Godos vuelven a invadir y destruir ciudades. Poco más tarde en el 570 viene la primera invasión lombarda al norte de Italia y los habitantes de la zona –ya cansados de tanto jaleo- realizan un éxodo masivo desde las ciudades del Véneto a las islas de la laguna.
En el 726 la historia registra al primer Dux (duque, autoridad máxima) documentado de Venezia. En el 814 comienza la construcción de Palazzo Ducale (sede del Dux), en el 828 mercaderes venezianos roban el cuerpo de San Marcos en Alejandría y en el 832 se completa la primera basílica de San Marcos.
Sabiendo siempre aprovechar las oportunidades y ubicados estratégicamente entre Roma y Bizancio los venezianos ejercían continuamente sus poderes diplomáticos; alianza va, alianza viene, estos inteligentes negociadores sacaban provecho y echaban palante. Durante la Edad Media Venezia expandió su poder e influencia a través de todo el Mediterráneo oriental, culminando con la conquista de Bizancio (Constantinopla) en el año 1204.
Vivían bajo una administración pulcramente ordenada encabezada por el Dux sometido a una Constitución, un Consejo de Los Diez y un Gran Consejo de aprox. 2000 miembros.
En 1797 Napoleón –exigiendo la abdicación del Dux Ludovico Manín- da fin a la Reppública Sereníssima luego de nada menos que 1367 años de existencia independiente; se la entrega a sus aliados austríacos a cambio de la Lombardía.
Un párrafo aparte merecen las góndolas (attenti! Alfredo!). Son de casco delgado y base plana, bien adaptadas para navegar por canales estrechos y poco profundos. Se usan hace más de mil años y se fabrican a mano con nueve maderas distintas; la construcción de una góndola demora aprox. tres meses. La eslora es asimétrica para contrarrestar la fuerza del único remo que tienen a estribor; sin la curvatura hacia la izquierda en la proa –24 cmts. más ancha que a la derecha- el barco navegaría en círculos. Le dan brillo con siete capas de barníz negro. ¿Te imaginás Cdte. una góndola veneciana por los canales de Berisso...? JA!
8-1-2004
Spresiano, jueves 8 de enero 2004
Bueno... hemos paseado todo el día por VENEZIA... diez largas horas visitando por segunda vez la bella ciudad de los canales y las góndolas. Sí amigos, sí, llegamos muy cansados y con la boca acalambrada de ese OHHHH! que brota espontáneamente en cada callejuela, en cada puentecito, frente a cada obra de arte. No quiero reiterarme sobre la ya contado la primera vez pero no me queda otra... es una de las ciudades más hermosas del mundo, la magia hecha realidad, un viaje sin retorno a los siglos del Renacimiento.
Llegamos a las 8 de la mañana y pudimos ver cómo se despierta La Sereníssima; la gente saliendo a trabajar, los negocios aprontando para abrir las puertas, las palomas y gorriones, los barcitos con sus parroquianos desayunando. Pocos turistas a esa hora y el aire frio y húmedo que te envuelve en una atmósfera de siglos; los vaporettos de acá para allá por el Canal Grande con los pasajeros viajando parados, las calles con sus auténticos pobladores saliendo como hormigas de secretos y oscuros callejones... toda Venezia para nosotros.
Enfilamos por la “S” turística intentando llegar a L’Accademia y varias veces equivocamos el camino yendo a parar a cualquier lado; creo que nos queríamos perder a propósito para no sentirnos turistas. Tal vez concientes de ello nos desviábamos una y otra vez del camino principal para adentrarnos en esos recónditos pasadizos en los cuales estirando yo los brazos en cruz tocaba ambas paredes. Son largos –cien, doscientos metros- y van silueteando, haciendo recodos, cruzando angostos canales y desembocando siempre en otro pasadizo que te lleva para cualquier otro sitio. Hay que ser de ahí para no perderte en esos laberintos tan antiguos y húmedos como infinitos; nunca llega el sol al piso por lo angostos, altos y encajonados que son.
En una de esas vueltas sin destino nos topamos de frente con el teatro La Fenice de fama mundial recientemente inaugurado; en otra dimos con una casa en la que había parado Wolfgang Amadeus Mozart en los carnavales de 1771 teniendo 15 años, el sitio está pegado al Ponte di Baccardi o del Cuoridoro.
Hay cientos y cientos de canales y puentecitos, caminás cincuenta metros y ya te topás con uno, y te dan ganas de disparar tres o cuatro fotos por vez. Esos callejones son tan antiguos como la maldad y a cada rato te encontrás con una placa histórica que dice que ahí vivó fulano de tal en el siglo... en el siglo que quieras, el que más te guste. De repente se abren espacios amplios pero no tanto -digamos que de unos 20 por 30 metros- llamados “campos”, como placitas irregulares, casi siempre con un aljibe en el medio o la estatua de algún Dux; confluyen ahí varios pasadizos y no sabés cuál tomar para salir, entonces te perdés de vuelta y es un goce indescriptible perderte en Venezia con tu enamorada...
Ahí todo es una sinfonía de siglos y palomas, de góndolas y canales de transparente verde esmeralda, de miles de rincones salidos de un sueño o una pala del Tintoretto.
Calculando que ya habíamos sobrepasado el Ponte Rialto tratábamos de ubicar el de L’Accademia cuando de repente dimos con una chiesa que me llamó la atención. Antes de continuar voy a decir que la cantidad de iglesias que hay es impresionante, no me equivoco si digo que es imposible hace cien metros sin encontrar una y a cada una no le cortás la cabeza por menos de cinco siglos y veinte obras de un pintor o escultor famoso.
Sigo. Entramos a la mencionada chiesa –adentro no había nadie- y lo primero que notamos fue que la inundaba un hermoso concierto de Vivaldi; estaba fondata nel S.XI, con el campanile del S.XII. Adentro pudimos admirar esculturas y pinturas de los siglos XV al XVII, entre otras un lienzo de Giambattista Piazzetta (1683-1754), “L’Immacolatta” (1732) de Sebastiano Ricci (1659-1734), “I Santi Rocco e Sebastiano” de Angelo Trevisani (1669-1753), “Il Martirio di San Vitale” attribuito a Francesco Fontebasso, varias otras que no recuerdo y en el altar mayor “San Vitale a Cavallo e Otto (ocho) Santi” de 1514, pala de Vittore Carpaccio (1460-1525) donde representa al Santo montando brioso corcel blanco.
¿Por qué me detengo en esa chiesa...? Pues es muy sencillo queridos amigos... se trata de LA CHIESA DE SAN VIDAL !!! Al fin !!! ... al fin se hizo Justicia y tengo una iglesia que lleva mi apellido !!! –Se trata de un Santo hermanos... SAN VIDAL, el mismo que escribe estas líneas. Afuera en el frontispicio hay un cartel que dice... “Chiesa di S. Vitale (vulgo San Vidal)”. Interrogué a una chica muy amable y me explicó que San Vitale fue un Dux de Venezia y en dialecto veneziano Vitale se dice Vidal. Al salir de San Vitale y dar unos veinte pasos vi un muy bonito kiosko de venta de flores que me resultó lejanamente conocido; le dije a Zulma: ese es el kiosko del filme “Pan y Tulipanes”, de inmediato me apersoné al florista y me confirmó el dato, ahí filmaron esa linda película que vimos en La Plata el anteaño, tal vez la recuerden.
Preguntando dimos al fin con Il Ponte dell’Accademia que estaba ahí nomás, lo cruzamos y entramos a la galería de arte que habíamos ido a ver. Creía que conocía los principales museos de arte del mundo con excepción de algunos pocos. Cuando entré hoy en L’Accademia de Venezia me di cuenta que estaba equivocado. Conozco El Louvre y el D’Orsay de París; la Gallería degli Uffizzi y La Academia en Florencia; el Metropolitan Museum, el MoMA y el Guggenheim de New York; El Prado, el Reina Sofía y el Thysen Bornemiza de Madrid; los fastuosos palacios vaticanos de Roma, el Palazzo Ducale de Venezia y otros que ahora no me vienen a la cabeza. Afirmo ahora con certeza que entrar a visitar la Gallería dell’Accademia me voló el mate por los aires, me sacó la cabeza.
Estuvimos dentro más de tres horas recorriendo las 24 salas que atestiguan lo mejor del arte veneziano del Trecento al Settecento. Está atestada de espectaculares pinturas de Paolo Caliari detto Veronese (1528-1588), Jacopo Robusti detto Tintoretto (1519-1594), Jacopo Negretti detto Palma Il Vecchio (1480-1518), Giovanni Antonio de Sacchis detto Il Pordenone (1483-1539), Leandro da Ponte detto Bassano (1557-1622), Giambattista Tiépolo (1696-1770), Bernardo Strozzi (1581-1644), Luca Giordano (1634-1703), Andrea Mantegna, Vittore Carpaccio, Piero della Francesca, Jacopo Bellini, Giovanni Bellini, Il Giorgione, Tizziano Vechelio, Giambattista Cima da Conegliano, Lorenzo Lotto, Francesco Zuccarelli, Giannantonio Guardi, Pietro Longhi, París Bordone... en fin... la flor y nata de la pintura veneziana, todos juntos en pilas de cuadros a cual más lindo, refinado y esplendoroso.
Si les gusta el arte y vienen a Venezia ya saben adónde tienen que ir, es simplemente im-per-di-ble. Voy a dejar acá; mañana seguiré contando cómo siguió el viaje de hoy a Venezia, se ha hecho tarde y hay que ir a dormir.
Lo que sigue a continuación es un material específico que tomé de Internet sobre el tema de la PINTURA VENEZIANA. Buenas noches. Mario
Bueno... hemos paseado todo el día por VENEZIA... diez largas horas visitando por segunda vez la bella ciudad de los canales y las góndolas. Sí amigos, sí, llegamos muy cansados y con la boca acalambrada de ese OHHHH! que brota espontáneamente en cada callejuela, en cada puentecito, frente a cada obra de arte. No quiero reiterarme sobre la ya contado la primera vez pero no me queda otra... es una de las ciudades más hermosas del mundo, la magia hecha realidad, un viaje sin retorno a los siglos del Renacimiento.
Llegamos a las 8 de la mañana y pudimos ver cómo se despierta La Sereníssima; la gente saliendo a trabajar, los negocios aprontando para abrir las puertas, las palomas y gorriones, los barcitos con sus parroquianos desayunando. Pocos turistas a esa hora y el aire frio y húmedo que te envuelve en una atmósfera de siglos; los vaporettos de acá para allá por el Canal Grande con los pasajeros viajando parados, las calles con sus auténticos pobladores saliendo como hormigas de secretos y oscuros callejones... toda Venezia para nosotros.
Enfilamos por la “S” turística intentando llegar a L’Accademia y varias veces equivocamos el camino yendo a parar a cualquier lado; creo que nos queríamos perder a propósito para no sentirnos turistas. Tal vez concientes de ello nos desviábamos una y otra vez del camino principal para adentrarnos en esos recónditos pasadizos en los cuales estirando yo los brazos en cruz tocaba ambas paredes. Son largos –cien, doscientos metros- y van silueteando, haciendo recodos, cruzando angostos canales y desembocando siempre en otro pasadizo que te lleva para cualquier otro sitio. Hay que ser de ahí para no perderte en esos laberintos tan antiguos y húmedos como infinitos; nunca llega el sol al piso por lo angostos, altos y encajonados que son.
En una de esas vueltas sin destino nos topamos de frente con el teatro La Fenice de fama mundial recientemente inaugurado; en otra dimos con una casa en la que había parado Wolfgang Amadeus Mozart en los carnavales de 1771 teniendo 15 años, el sitio está pegado al Ponte di Baccardi o del Cuoridoro.
Hay cientos y cientos de canales y puentecitos, caminás cincuenta metros y ya te topás con uno, y te dan ganas de disparar tres o cuatro fotos por vez. Esos callejones son tan antiguos como la maldad y a cada rato te encontrás con una placa histórica que dice que ahí vivó fulano de tal en el siglo... en el siglo que quieras, el que más te guste. De repente se abren espacios amplios pero no tanto -digamos que de unos 20 por 30 metros- llamados “campos”, como placitas irregulares, casi siempre con un aljibe en el medio o la estatua de algún Dux; confluyen ahí varios pasadizos y no sabés cuál tomar para salir, entonces te perdés de vuelta y es un goce indescriptible perderte en Venezia con tu enamorada...
Ahí todo es una sinfonía de siglos y palomas, de góndolas y canales de transparente verde esmeralda, de miles de rincones salidos de un sueño o una pala del Tintoretto.
Calculando que ya habíamos sobrepasado el Ponte Rialto tratábamos de ubicar el de L’Accademia cuando de repente dimos con una chiesa que me llamó la atención. Antes de continuar voy a decir que la cantidad de iglesias que hay es impresionante, no me equivoco si digo que es imposible hace cien metros sin encontrar una y a cada una no le cortás la cabeza por menos de cinco siglos y veinte obras de un pintor o escultor famoso.
Sigo. Entramos a la mencionada chiesa –adentro no había nadie- y lo primero que notamos fue que la inundaba un hermoso concierto de Vivaldi; estaba fondata nel S.XI, con el campanile del S.XII. Adentro pudimos admirar esculturas y pinturas de los siglos XV al XVII, entre otras un lienzo de Giambattista Piazzetta (1683-1754), “L’Immacolatta” (1732) de Sebastiano Ricci (1659-1734), “I Santi Rocco e Sebastiano” de Angelo Trevisani (1669-1753), “Il Martirio di San Vitale” attribuito a Francesco Fontebasso, varias otras que no recuerdo y en el altar mayor “San Vitale a Cavallo e Otto (ocho) Santi” de 1514, pala de Vittore Carpaccio (1460-1525) donde representa al Santo montando brioso corcel blanco.
¿Por qué me detengo en esa chiesa...? Pues es muy sencillo queridos amigos... se trata de LA CHIESA DE SAN VIDAL !!! Al fin !!! ... al fin se hizo Justicia y tengo una iglesia que lleva mi apellido !!! –Se trata de un Santo hermanos... SAN VIDAL, el mismo que escribe estas líneas. Afuera en el frontispicio hay un cartel que dice... “Chiesa di S. Vitale (vulgo San Vidal)”. Interrogué a una chica muy amable y me explicó que San Vitale fue un Dux de Venezia y en dialecto veneziano Vitale se dice Vidal. Al salir de San Vitale y dar unos veinte pasos vi un muy bonito kiosko de venta de flores que me resultó lejanamente conocido; le dije a Zulma: ese es el kiosko del filme “Pan y Tulipanes”, de inmediato me apersoné al florista y me confirmó el dato, ahí filmaron esa linda película que vimos en La Plata el anteaño, tal vez la recuerden.
Preguntando dimos al fin con Il Ponte dell’Accademia que estaba ahí nomás, lo cruzamos y entramos a la galería de arte que habíamos ido a ver. Creía que conocía los principales museos de arte del mundo con excepción de algunos pocos. Cuando entré hoy en L’Accademia de Venezia me di cuenta que estaba equivocado. Conozco El Louvre y el D’Orsay de París; la Gallería degli Uffizzi y La Academia en Florencia; el Metropolitan Museum, el MoMA y el Guggenheim de New York; El Prado, el Reina Sofía y el Thysen Bornemiza de Madrid; los fastuosos palacios vaticanos de Roma, el Palazzo Ducale de Venezia y otros que ahora no me vienen a la cabeza. Afirmo ahora con certeza que entrar a visitar la Gallería dell’Accademia me voló el mate por los aires, me sacó la cabeza.
Estuvimos dentro más de tres horas recorriendo las 24 salas que atestiguan lo mejor del arte veneziano del Trecento al Settecento. Está atestada de espectaculares pinturas de Paolo Caliari detto Veronese (1528-1588), Jacopo Robusti detto Tintoretto (1519-1594), Jacopo Negretti detto Palma Il Vecchio (1480-1518), Giovanni Antonio de Sacchis detto Il Pordenone (1483-1539), Leandro da Ponte detto Bassano (1557-1622), Giambattista Tiépolo (1696-1770), Bernardo Strozzi (1581-1644), Luca Giordano (1634-1703), Andrea Mantegna, Vittore Carpaccio, Piero della Francesca, Jacopo Bellini, Giovanni Bellini, Il Giorgione, Tizziano Vechelio, Giambattista Cima da Conegliano, Lorenzo Lotto, Francesco Zuccarelli, Giannantonio Guardi, Pietro Longhi, París Bordone... en fin... la flor y nata de la pintura veneziana, todos juntos en pilas de cuadros a cual más lindo, refinado y esplendoroso.
Si les gusta el arte y vienen a Venezia ya saben adónde tienen que ir, es simplemente im-per-di-ble. Voy a dejar acá; mañana seguiré contando cómo siguió el viaje de hoy a Venezia, se ha hecho tarde y hay que ir a dormir.
Lo que sigue a continuación es un material específico que tomé de Internet sobre el tema de la PINTURA VENEZIANA. Buenas noches. Mario
La pintura veneciana
Venecia resulta un ejemplo muy especial dentro del arte renacentista, en parte debido a su carácter diferenciado del resto de Italia, su poderío económico, y sus extensas relaciones con otras culturas lejanas, especialmente orientales.
Marco Polo era veneciano, y ya en el siglo XIV se establecieron relaciones comerciales con la China Yuan, que se prolongaron también a lo largo de la Dinastía Ming, con el consiguiente enriquecimiento en objetos exóticos, pinturas, diseños, inventos y avances científicos. A través de las rutas hacia Oriente también tuvieron contacto ocasional con la India y, por supuesto, con los restos del Imperio bizantino, presto a caer en manos sarracenas. Cuando este hecho se produjo, Venecia supo mantener las buenas relaciones con los turcos, para de esta forma conservar las rutas de la seda abiertas para sus barcos y caravanas.
A mediados del siglo XV se dejaban sentir con fuerza los vientos de la renovación intelectual del Quattrocento y Venecia se apuntó a su manera al tren del cambio. A fines del XV se traza un concreto plan de renovación exterior de la ciudad por parte de las poderosas familias que se alternaban en el poder. La renovación estaba centrada en el núcleo de San Marcos y se prodigó en una remodelación de espíritu escenográfico o teatral de las fachadas: se iluminaron con un Gótico heterodoxo, pintoresco, lleno de colores gracias a materiales polícromos como los ladrillos, cerámicas y mármoles. Al tiempo, se asimilan superficialmente las innovaciones quattrocentistas adaptando sobre las fachadas modelos decorativos de grutescos y molduras geométricas.
En pintura el efecto fue similar en principio, pero la renovación terminó por ser mucho más profunda que en arquitectura. Las relaciones con Constantinopla introdujeron formas muy recargadas, decorativas, con escenas de la vida urbana, populosa y tendente a lo anecdótico. En estas escenas era frecuente observar personajes vestidos a la musulmana o retratos de los sultanes junto a los de gobernantes venecianos, plasmados con extrema riqueza en los vestidos y adornos personales. En la renovación de estas iconografías de representación del poder jugó un papel destacado Giovanni Bellini.
Los venecianos se van a caracterizar por su luminosidad y colorido; para ellos, el espacio ha de estar conformado precisamente por luz y color, que asocian con lo sensual, frente a otras Escuelas que prefieren el dibujo y lo intelectual, aunque siempre pueden combinarse ambos conceptos como hizo Antonello da Messina en la imagen de San Jerónimo en su estudio.
Típico también de la Escuela veneciana es el paisaje. Son los primeros en tratarlo de forma naturalista, aunque nunca tomándolo directamente del natural, sino a modo de recreación de la Arcadia ideal. Es en estos puntos donde ofrecen el contraste, teñido de rivalidad, a la Escuela romana.
En pintura religiosa resultan más arcaicos en sus modelos y todavía siguen volcados en las palas de altar, inmensos lienzos que se colocaban tras el altar, con una imagen o escena edificante. La pintura de tipo profano es sin duda la más interesante. A los magníficos retratos se suman los ciclos al fresco que propiciaban las scuolas: instituciones benéficas que se mantenían gracias al aporte de los socios, que solían buscarse entre los personajes más prestigiosos de la ciudad. Las scuolas eran símbolo de prestigio y sus partícipes trataban de convertirlas en las mejores, encargando su decoración a los pintores más codiciados: son famosos los frescos de Carpaccio o Tintoretto. Ejemplo de ello son los cuadros de Veronés, Giorgione y Tiziano. El Lavatorio de Tintoretto constituye una muestra claramente representativa de las tendencias de esta Escuela veneciana. (tomado de Internet)
Marco Polo era veneciano, y ya en el siglo XIV se establecieron relaciones comerciales con la China Yuan, que se prolongaron también a lo largo de la Dinastía Ming, con el consiguiente enriquecimiento en objetos exóticos, pinturas, diseños, inventos y avances científicos. A través de las rutas hacia Oriente también tuvieron contacto ocasional con la India y, por supuesto, con los restos del Imperio bizantino, presto a caer en manos sarracenas. Cuando este hecho se produjo, Venecia supo mantener las buenas relaciones con los turcos, para de esta forma conservar las rutas de la seda abiertas para sus barcos y caravanas.
A mediados del siglo XV se dejaban sentir con fuerza los vientos de la renovación intelectual del Quattrocento y Venecia se apuntó a su manera al tren del cambio. A fines del XV se traza un concreto plan de renovación exterior de la ciudad por parte de las poderosas familias que se alternaban en el poder. La renovación estaba centrada en el núcleo de San Marcos y se prodigó en una remodelación de espíritu escenográfico o teatral de las fachadas: se iluminaron con un Gótico heterodoxo, pintoresco, lleno de colores gracias a materiales polícromos como los ladrillos, cerámicas y mármoles. Al tiempo, se asimilan superficialmente las innovaciones quattrocentistas adaptando sobre las fachadas modelos decorativos de grutescos y molduras geométricas.
En pintura el efecto fue similar en principio, pero la renovación terminó por ser mucho más profunda que en arquitectura. Las relaciones con Constantinopla introdujeron formas muy recargadas, decorativas, con escenas de la vida urbana, populosa y tendente a lo anecdótico. En estas escenas era frecuente observar personajes vestidos a la musulmana o retratos de los sultanes junto a los de gobernantes venecianos, plasmados con extrema riqueza en los vestidos y adornos personales. En la renovación de estas iconografías de representación del poder jugó un papel destacado Giovanni Bellini.
Los venecianos se van a caracterizar por su luminosidad y colorido; para ellos, el espacio ha de estar conformado precisamente por luz y color, que asocian con lo sensual, frente a otras Escuelas que prefieren el dibujo y lo intelectual, aunque siempre pueden combinarse ambos conceptos como hizo Antonello da Messina en la imagen de San Jerónimo en su estudio.
Típico también de la Escuela veneciana es el paisaje. Son los primeros en tratarlo de forma naturalista, aunque nunca tomándolo directamente del natural, sino a modo de recreación de la Arcadia ideal. Es en estos puntos donde ofrecen el contraste, teñido de rivalidad, a la Escuela romana.
En pintura religiosa resultan más arcaicos en sus modelos y todavía siguen volcados en las palas de altar, inmensos lienzos que se colocaban tras el altar, con una imagen o escena edificante. La pintura de tipo profano es sin duda la más interesante. A los magníficos retratos se suman los ciclos al fresco que propiciaban las scuolas: instituciones benéficas que se mantenían gracias al aporte de los socios, que solían buscarse entre los personajes más prestigiosos de la ciudad. Las scuolas eran símbolo de prestigio y sus partícipes trataban de convertirlas en las mejores, encargando su decoración a los pintores más codiciados: son famosos los frescos de Carpaccio o Tintoretto. Ejemplo de ello son los cuadros de Veronés, Giorgione y Tiziano. El Lavatorio de Tintoretto constituye una muestra claramente representativa de las tendencias de esta Escuela veneciana. (tomado de Internet)
9-1-2004
Spresiano, viernes 9 de enero 2004
Hola amigos! Recién arribamos de pasar todo el día en Treviso pero antes de contarles quiero continuar con lo de ayer en VENEZIA; anoche estaba muy cansado y esta mañana teníamos que madrugar de vuelta así que me fui al sobre. Sigo con lo de ayer entonces.
En Venezia no hay autos; por mi descripción ya se habrán dado cuenta que es imposible que circule un vehículo por pasadizos de un metro y monedas de ancho o por calles con puentes de escaleras cada 50 metros; entonces simplemente no hay autos, los únicos medios de transporte son las lanchas colectivas, góndolas, una que otra bicicleta y los vaporettos que sólo transitan el Canal Grande de una punta a la otra. Estos últimos funcionan exáctamente igual que allá los micros parando en los muelles cada cien metros, es similar al Tigre.
Olvidé contar que a poco de empezar a caminar la ciudad nos metimos en la chiessa di San Giovanni Crisóstomo dentro de la cual está el santuario de la Madonna delle Grazie. Es de los siglos XIII y XIV y el arquitecto que la diseñó se llamó Paolo Colluci. Adentro vimos telas de Sebastiano del Piombo y de otros no menos conocidos; un cartel decía que la había visitado Albino Luciani, el Papa anterior al actual, aquel que duró un mes. Recuerdo claramente las tumbas sobre los pisos, gente que murió hace cientos de años y consiguieron ser enterrados en una iglesia, seguramente por ser donantes adinerados o estar muy vinculados a las jerarquías eclesiásticas de las épocas. Todas las iglesias tienen tumbas en los pisos, altares y paredes, algunas con el sarcófago a la vista ricamente hecho en marmol o piedra, tallado por buenos artesanos. Sea como sea se murieron y a otra cosa.
Volviendo a la Gallería dell’Accademia estaba diciendo que es im-per-di-ble; lo sostengo y la recomiendo. La lista de pintores que mencioné ayer no es exhaustiva y cada cuadro constituye un punto de interés pero hay un problema y es lo que llamo “el efecto museo”. Uno quisiera llevarse en la retina fotografiados todos los cuadros, leer todos los nombres de obras y pintores y todos los letreros que especifican detalles de cada pala. Es francamente imposible… después de ver 100 pinturas ya se empiezan a mezclar, después de dos horas y 200 pinturas ya uno no sabe ni cómo se llama ni qué es lo que está mirando… se torna todo empalagoso, te cansás de caminar, no te querés perder nada y tampoco podés estar ahí adentro una semana. Habría que ir veinte días seguidos un par de horas por vez pero a menos que vivas en Venezia es imposible. Cobran la entrada Euros 11 lo cual para nosotros los argentinos es hoy una fortuna.
Tratamos de aprovechar la visita todo lo que pudimos más que lo que quisimos y luego de tres horas y pico salimos con la cabeza hecha un terremoto. Es el inconveniente insalvable de todo mega-museo, salís de adentro medio loco y lleno de colores, cansado y confundido, ahogado buscando un poco de aire fresco. Bueno… hicimos lo que pudimos.
Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de 3.35 por 7.75 titulado “Presentazione di María al Tempio”; y el tercero el “Martirio di San Marco” obra de Giovanni Bellini de 3.62 por 7.71 metros.También retuve algunos otros, en especial “Ritratto di giovane gentiluomo nel suo studio” de Lorenzo Lotto pintado en 1528, muy bello y de una especial y enigmática intensidad psicológica; y un robusto y apuesto “San Giovanni Batistta” del Tiziano. En fin… que la riqueza de esas telas no tiene precio material, son legados de la cultura para los tiempos.
Muchas de ellas son religiosas pero hay otras que pintan la vida cotidiana de la Venezia del Renacimiento y dan una clara idea de cómo se vestía la gente, qué comían, qué hacían y cómo vivían; eso es muy interesante. Salimos de ahí y muy cerquita estaba esperándonos la Basílica di Santa María della Salute. Es una chiesa barroca de proporciones monumentales sustentada sobre el Canal Grande con más de un millón de pilotes de madera. Fue contruida por Baldassare Longhena para conmemorar el fin de la peste de 1630 (47.000 muertos); de ahí su nombre. Está ubicada casi al finalizar el recorrido de la “S” turística que lleva a la Piazza de San Marcos pero en la ribera de enfrente del Canal Grande, a unos 200 mts. de L’Accademia. Luego de esta Chiesa viene la Dogana (Aduana antigua) que termina en la punta de la tierra firme y es desde donde se sacan la mayoría de las fotos de la ribera del Palazzo Ducale, ubicado del otro lado del Canal. Tuvimos que esperar un poco hasta que se hiciera la hora de abrir y mientras tanto nos entretuvimos tomando sol, café y galletitas. Quisimos darle de comer a un gorrión medio congelado pero las palomas afanaban todo de arrebato. Vimos una grúa trabajando en la reestructuración de la ribera que sacaba pilotes de pino de esos que hace mil años enterraron los venezianos; estaban intactos y a ojo de buen cubero creo que medían los 7.5 mts. que mencionan las crónicas.
La basílica es de planta octogonal y la estructura está hecha en piedra de Istria. Adentro es fastuosa en sus dimensiones, lo que se dice un elefantiásico monumento, muy alta y grossa, brutal. Los mosaicos del piso –que desde abajo no se pueden apreciar pero sí en las fotos tomadas desde arriba- guardan una impecable disposición circular muy pero muy bella. Comenzamos a darle la vuelta y nos queríamos comer los ocho altares que la bordean... además de las esculturas en mármol tan finamente trabajadas y los mil detalles que te emboban la vista cada uno tenía una pala pintada por algún “aprendíz”... Il Veronese, Il Tintoretto, Palma il Vecchio, Il Pordenone, Bassano, Giambattista Tiépolo, B. Strozzi y Luca Giordano. Las ves y no lo podés creer...
El altar mayor –que obviamente supera largo en magnificencia a los laterales- tiene una imágen de la “Venerata Icona della Mesopanditissa trasportata da Creta nel 1670”. La imágen es de corte bizantino y resalta en vivos colores rojo y oro contrastando con el trabajadísimo altar de mármol en cuyo centro la ubicaron.
En cada iglesia que uno entra se quiere quedar todo el día para no perderse detalle, cada una es toda entera una cabal obra de arte, no alcanzan las palabras, fotos ni videos para dar cuenta de la locura y el genio de los renacentistas venezianos. No hay más de esos.
Pagando E. 1.50 bajamos a la Sacristía y fue como que nos dieran un masaso en la cabeza... adentro guardan varias telas de Luca Giordano, Il Tintoretto, Palma Il Giovane, Palma Il Vecchio, Pietro Líberi y otros; y como si esto fuera poco nada menos que 13 (trece) palas del Tiziano Vecellio (!!!). Querés pegar un grito... querés matarte... si tenía un sable me hacía el harakiri. No quieran ni pensar lo que es el resto del decorado de esa sacristía... -Yo le decía a Zulma que pensara nomás en las horas, días, semanas y meses que en ese mismo lugar donde estábamos nosotros habían estado trabajando maestros de la talla del Tintoretto y el Tiziano... Habrían comido ahí, soñado, charlado, enchastrados de pintura subidos a los andamios... es sobrecogedor... basta cerrar los ojos e imaginarse la escena para sentir escalofríos.
Noté en La Salutte y en varias otras iglesias que los pisos, además de estar muy gastados y cuarteados por siglos de pisadas, están muy combados y tienen declives o prominencias que no corresponden. Es debido lamentablemente al suelo de Venezia y a las habituales inundaciones que afectan la ciudad. Parece que se hunde cada vez más y hay en danza un proyecto faraónico para dicar (dique) todo el perímetro con un sistema de esclusas.
Al salir de La Salutte ya se nos había ido la hora al diablo de manera que emprendimos el regreso; no obstante quisimos llegarnos hasta el barrio llamado Cannaregio, uno de los siete que componen el bloque veneziano: Santa Croce y San Polo, Dorsoduro, San Marco, Castello, Cannaregio, Giudeca y San Giorgio Maggiore; aparte están las islas de San Michele, Murano, Burano y Torcello.
Yo quería ir a ver la casa donde había vivido Il Tintoretto con su familia en el Nº 3399 de la calleja Fondamenta dei Mori desde 1574 hasta su muerte en 1594. Entre que se hizo de noche y que eso es un dédalo renunciamos y lo dejamos para la semana que viene. Queridos amigos, los saludo con mi más distinguida consideración, que Dios los bendiga. San Vidal
Hola amigos! Recién arribamos de pasar todo el día en Treviso pero antes de contarles quiero continuar con lo de ayer en VENEZIA; anoche estaba muy cansado y esta mañana teníamos que madrugar de vuelta así que me fui al sobre. Sigo con lo de ayer entonces.
En Venezia no hay autos; por mi descripción ya se habrán dado cuenta que es imposible que circule un vehículo por pasadizos de un metro y monedas de ancho o por calles con puentes de escaleras cada 50 metros; entonces simplemente no hay autos, los únicos medios de transporte son las lanchas colectivas, góndolas, una que otra bicicleta y los vaporettos que sólo transitan el Canal Grande de una punta a la otra. Estos últimos funcionan exáctamente igual que allá los micros parando en los muelles cada cien metros, es similar al Tigre.
Olvidé contar que a poco de empezar a caminar la ciudad nos metimos en la chiessa di San Giovanni Crisóstomo dentro de la cual está el santuario de la Madonna delle Grazie. Es de los siglos XIII y XIV y el arquitecto que la diseñó se llamó Paolo Colluci. Adentro vimos telas de Sebastiano del Piombo y de otros no menos conocidos; un cartel decía que la había visitado Albino Luciani, el Papa anterior al actual, aquel que duró un mes. Recuerdo claramente las tumbas sobre los pisos, gente que murió hace cientos de años y consiguieron ser enterrados en una iglesia, seguramente por ser donantes adinerados o estar muy vinculados a las jerarquías eclesiásticas de las épocas. Todas las iglesias tienen tumbas en los pisos, altares y paredes, algunas con el sarcófago a la vista ricamente hecho en marmol o piedra, tallado por buenos artesanos. Sea como sea se murieron y a otra cosa.
Volviendo a la Gallería dell’Accademia estaba diciendo que es im-per-di-ble; lo sostengo y la recomiendo. La lista de pintores que mencioné ayer no es exhaustiva y cada cuadro constituye un punto de interés pero hay un problema y es lo que llamo “el efecto museo”. Uno quisiera llevarse en la retina fotografiados todos los cuadros, leer todos los nombres de obras y pintores y todos los letreros que especifican detalles de cada pala. Es francamente imposible… después de ver 100 pinturas ya se empiezan a mezclar, después de dos horas y 200 pinturas ya uno no sabe ni cómo se llama ni qué es lo que está mirando… se torna todo empalagoso, te cansás de caminar, no te querés perder nada y tampoco podés estar ahí adentro una semana. Habría que ir veinte días seguidos un par de horas por vez pero a menos que vivas en Venezia es imposible. Cobran la entrada Euros 11 lo cual para nosotros los argentinos es hoy una fortuna.
Tratamos de aprovechar la visita todo lo que pudimos más que lo que quisimos y luego de tres horas y pico salimos con la cabeza hecha un terremoto. Es el inconveniente insalvable de todo mega-museo, salís de adentro medio loco y lleno de colores, cansado y confundido, ahogado buscando un poco de aire fresco. Bueno… hicimos lo que pudimos.
Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de 3.35 por 7.75 titulado “Presentazione di María al Tempio”; y el tercero el “Martirio di San Marco” obra de Giovanni Bellini de 3.62 por 7.71 metros.También retuve algunos otros, en especial “Ritratto di giovane gentiluomo nel suo studio” de Lorenzo Lotto pintado en 1528, muy bello y de una especial y enigmática intensidad psicológica; y un robusto y apuesto “San Giovanni Batistta” del Tiziano. En fin… que la riqueza de esas telas no tiene precio material, son legados de la cultura para los tiempos.
Muchas de ellas son religiosas pero hay otras que pintan la vida cotidiana de la Venezia del Renacimiento y dan una clara idea de cómo se vestía la gente, qué comían, qué hacían y cómo vivían; eso es muy interesante. Salimos de ahí y muy cerquita estaba esperándonos la Basílica di Santa María della Salute. Es una chiesa barroca de proporciones monumentales sustentada sobre el Canal Grande con más de un millón de pilotes de madera. Fue contruida por Baldassare Longhena para conmemorar el fin de la peste de 1630 (47.000 muertos); de ahí su nombre. Está ubicada casi al finalizar el recorrido de la “S” turística que lleva a la Piazza de San Marcos pero en la ribera de enfrente del Canal Grande, a unos 200 mts. de L’Accademia. Luego de esta Chiesa viene la Dogana (Aduana antigua) que termina en la punta de la tierra firme y es desde donde se sacan la mayoría de las fotos de la ribera del Palazzo Ducale, ubicado del otro lado del Canal. Tuvimos que esperar un poco hasta que se hiciera la hora de abrir y mientras tanto nos entretuvimos tomando sol, café y galletitas. Quisimos darle de comer a un gorrión medio congelado pero las palomas afanaban todo de arrebato. Vimos una grúa trabajando en la reestructuración de la ribera que sacaba pilotes de pino de esos que hace mil años enterraron los venezianos; estaban intactos y a ojo de buen cubero creo que medían los 7.5 mts. que mencionan las crónicas.
La basílica es de planta octogonal y la estructura está hecha en piedra de Istria. Adentro es fastuosa en sus dimensiones, lo que se dice un elefantiásico monumento, muy alta y grossa, brutal. Los mosaicos del piso –que desde abajo no se pueden apreciar pero sí en las fotos tomadas desde arriba- guardan una impecable disposición circular muy pero muy bella. Comenzamos a darle la vuelta y nos queríamos comer los ocho altares que la bordean... además de las esculturas en mármol tan finamente trabajadas y los mil detalles que te emboban la vista cada uno tenía una pala pintada por algún “aprendíz”... Il Veronese, Il Tintoretto, Palma il Vecchio, Il Pordenone, Bassano, Giambattista Tiépolo, B. Strozzi y Luca Giordano. Las ves y no lo podés creer...
El altar mayor –que obviamente supera largo en magnificencia a los laterales- tiene una imágen de la “Venerata Icona della Mesopanditissa trasportata da Creta nel 1670”. La imágen es de corte bizantino y resalta en vivos colores rojo y oro contrastando con el trabajadísimo altar de mármol en cuyo centro la ubicaron.
En cada iglesia que uno entra se quiere quedar todo el día para no perderse detalle, cada una es toda entera una cabal obra de arte, no alcanzan las palabras, fotos ni videos para dar cuenta de la locura y el genio de los renacentistas venezianos. No hay más de esos.
Pagando E. 1.50 bajamos a la Sacristía y fue como que nos dieran un masaso en la cabeza... adentro guardan varias telas de Luca Giordano, Il Tintoretto, Palma Il Giovane, Palma Il Vecchio, Pietro Líberi y otros; y como si esto fuera poco nada menos que 13 (trece) palas del Tiziano Vecellio (!!!). Querés pegar un grito... querés matarte... si tenía un sable me hacía el harakiri. No quieran ni pensar lo que es el resto del decorado de esa sacristía... -Yo le decía a Zulma que pensara nomás en las horas, días, semanas y meses que en ese mismo lugar donde estábamos nosotros habían estado trabajando maestros de la talla del Tintoretto y el Tiziano... Habrían comido ahí, soñado, charlado, enchastrados de pintura subidos a los andamios... es sobrecogedor... basta cerrar los ojos e imaginarse la escena para sentir escalofríos.
Noté en La Salutte y en varias otras iglesias que los pisos, además de estar muy gastados y cuarteados por siglos de pisadas, están muy combados y tienen declives o prominencias que no corresponden. Es debido lamentablemente al suelo de Venezia y a las habituales inundaciones que afectan la ciudad. Parece que se hunde cada vez más y hay en danza un proyecto faraónico para dicar (dique) todo el perímetro con un sistema de esclusas.
Al salir de La Salutte ya se nos había ido la hora al diablo de manera que emprendimos el regreso; no obstante quisimos llegarnos hasta el barrio llamado Cannaregio, uno de los siete que componen el bloque veneziano: Santa Croce y San Polo, Dorsoduro, San Marco, Castello, Cannaregio, Giudeca y San Giorgio Maggiore; aparte están las islas de San Michele, Murano, Burano y Torcello.
Yo quería ir a ver la casa donde había vivido Il Tintoretto con su familia en el Nº 3399 de la calleja Fondamenta dei Mori desde 1574 hasta su muerte en 1594. Entre que se hizo de noche y que eso es un dédalo renunciamos y lo dejamos para la semana que viene. Queridos amigos, los saludo con mi más distinguida consideración, que Dios los bendiga. San Vidal
Un cuadro del Veronese
Spresiano, martes 13 de enero 2004
(Cagamos... hoy es martes 13...) En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente... “Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
(Cagamos... hoy es martes 13...) En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente... “Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
Un cuadro del Tintoretto
Spresiano, miércoles 14 de enero 2004
Otra vez saludo a mis amigos. Quiero hacer una breve consideración acerca de las obras de arte en pintura y escultura. He visto muchas –ya lo he relatado- de los más variados y célebres artistas; cada una te obliga a detenerte y hacerte cien preguntas sobre la obra en sí, su historia, el tipo que la hizo, la técnica, el estilo, quién y para qué y dónde se la encargaron, el material empleado, el tema o contenido de la composición y finalmente -sea una estatua o una pala- aquello que está representado. No es tarea fácil pero deja su provecho aunque sean más las preguntas que las respuestas.
Es evidente que son textos para ser leídos tal como se lee un libro, hay mil detalles en cada una que no están puestos porque sí ni azarosamente; obedecen a un plan preconcebido, hay un cálculo en el discurso de los artistas, un intento de transmitir una idea o una fantasía lenta y previamente amasada. No hay obra que no esté indisolublemente ligada a la época en que fue realizada y sin la historia de las circunstancias de ese siglo se traba el entendimiento. Por ejemplo, las pinturas de temas religiosos no se pueden apreciar bien si no se conoce un poco de historia sagrada y el particular tiempo y lugar en que fueron realizadas. Hoy no tendría sentido hacerlas y es por eso que los pintores se dedican a otros temas.
Las pinturas y las estatuas hablan, son palabras congeladas que cuentan varias historias en simultáneo, en principio cuatro, la del artista, su estilo y escuela, la del tema representado, y el lugar y época en que fueron hechas. Son un libro abierto y hay que aprender a leerlo; obviamente quien más estudió mejor lee. A poco que uno va adentrándose en ese mundo se va leyendo mejor y no resulta difícil empezar a identificar a los autores. Hay quienes tienen más capacidad descriptiva que otros, están los que utilizan ciertos colores específicos, los que dibujan bien o los que no pueden obviar detalles personales; los diestros en la perspectiva, los paisajistas, los retratistas, los naturistas, etc. El que pinta desnudos y el que no, los que prefieren temas mitológicos a los religiosos, los que pintan iluminando, los que prefieren oscurecer; hay para todos los gustos.
Tengo en la retina un cuadro del Tintoretto que vi el otro día en la L’Accademia de Venezia llamado “San Marco libera uno schiavo” que cuenta la historia de un milagro realizado por la intersección de San Marcos bajando del cielo para liberar a un esclavo. Hay unos treinta personajes en el cuadro, gente de la época vestidos a la usanza, hachas y martillos rotos, al fondo un paisaje clásico de construcciones románicas, una señora de espaldas con un chico en brazos, media docena con turbantes que señalan su condición de turcos, mucha agitación en todos, el esclavo estaqueado en el piso entregado, la asombrada cara del patrón que había dado la orden de matarlo rompiéndole las piernas... digo que parece una foto de brillantes colores, y sin embargo se notan las pinceladas. A uno le parece ser el fotógrafo y estar a metros de la escena real –aunque es imaginaria- y uno se consterna porque la escena pintada es viva, tiene fuerza y vibración, potencia y realidad. Me dije... ufff... menos mal que vino San Marcos a salvarlo a ese pobre tipo...
Esa tela –una de las miles- está plagada de detalles que observándolos hablan, cada cara está trabajada al detalle en su expresión, cada vestimenta tiene sus pliegues y acompaña al movimiento del cuerpo de cada personaje; si hubiera que escribir un libro describiendo la escena y todo lo que dice, ese libro tendría unas cien páginas y aún así no sé si lograría transmitir lo mismo. Con Zulma nos quedamos bobos mirándola, y es una más de las tantas que hay, tal vez no de las mejores del Tintoretto.
Por eso pienso que entrar a esos museos es como entrar a una biblioteca y querer leer cien libros en tres horas. Hay pintores y escultores –hay obras también- sobre los que se han escrito cientos de libros y artículos; hay pinturas de hace 400 años que todavía hoy se siguen estudiando. Gracias a ellas se ha podido reconstruir la historia de los siglos, saber cómo se vestía la gente, qué comían, cómo se divertían y qué pensaban. Las pinturas a la distancia de la Venezia de hace 400 y 500 años la muestran casi exáctamente igual a como es ahora, con los mismos edificios y arquitectura, lo que cambia son los vestidos de la gente; lo mismo pasa en Firenze.
Aguantando las preguntas sin respuesta, soportando llegar hasta donde uno puede, se aprende bastante. Parecen fotos y sin embargo son pinceles, mármoles, textos, discursos de formas y colores. Mario
Otra vez saludo a mis amigos. Quiero hacer una breve consideración acerca de las obras de arte en pintura y escultura. He visto muchas –ya lo he relatado- de los más variados y célebres artistas; cada una te obliga a detenerte y hacerte cien preguntas sobre la obra en sí, su historia, el tipo que la hizo, la técnica, el estilo, quién y para qué y dónde se la encargaron, el material empleado, el tema o contenido de la composición y finalmente -sea una estatua o una pala- aquello que está representado. No es tarea fácil pero deja su provecho aunque sean más las preguntas que las respuestas.
Es evidente que son textos para ser leídos tal como se lee un libro, hay mil detalles en cada una que no están puestos porque sí ni azarosamente; obedecen a un plan preconcebido, hay un cálculo en el discurso de los artistas, un intento de transmitir una idea o una fantasía lenta y previamente amasada. No hay obra que no esté indisolublemente ligada a la época en que fue realizada y sin la historia de las circunstancias de ese siglo se traba el entendimiento. Por ejemplo, las pinturas de temas religiosos no se pueden apreciar bien si no se conoce un poco de historia sagrada y el particular tiempo y lugar en que fueron realizadas. Hoy no tendría sentido hacerlas y es por eso que los pintores se dedican a otros temas.
Las pinturas y las estatuas hablan, son palabras congeladas que cuentan varias historias en simultáneo, en principio cuatro, la del artista, su estilo y escuela, la del tema representado, y el lugar y época en que fueron hechas. Son un libro abierto y hay que aprender a leerlo; obviamente quien más estudió mejor lee. A poco que uno va adentrándose en ese mundo se va leyendo mejor y no resulta difícil empezar a identificar a los autores. Hay quienes tienen más capacidad descriptiva que otros, están los que utilizan ciertos colores específicos, los que dibujan bien o los que no pueden obviar detalles personales; los diestros en la perspectiva, los paisajistas, los retratistas, los naturistas, etc. El que pinta desnudos y el que no, los que prefieren temas mitológicos a los religiosos, los que pintan iluminando, los que prefieren oscurecer; hay para todos los gustos.
Tengo en la retina un cuadro del Tintoretto que vi el otro día en la L’Accademia de Venezia llamado “San Marco libera uno schiavo” que cuenta la historia de un milagro realizado por la intersección de San Marcos bajando del cielo para liberar a un esclavo. Hay unos treinta personajes en el cuadro, gente de la época vestidos a la usanza, hachas y martillos rotos, al fondo un paisaje clásico de construcciones románicas, una señora de espaldas con un chico en brazos, media docena con turbantes que señalan su condición de turcos, mucha agitación en todos, el esclavo estaqueado en el piso entregado, la asombrada cara del patrón que había dado la orden de matarlo rompiéndole las piernas... digo que parece una foto de brillantes colores, y sin embargo se notan las pinceladas. A uno le parece ser el fotógrafo y estar a metros de la escena real –aunque es imaginaria- y uno se consterna porque la escena pintada es viva, tiene fuerza y vibración, potencia y realidad. Me dije... ufff... menos mal que vino San Marcos a salvarlo a ese pobre tipo...
Esa tela –una de las miles- está plagada de detalles que observándolos hablan, cada cara está trabajada al detalle en su expresión, cada vestimenta tiene sus pliegues y acompaña al movimiento del cuerpo de cada personaje; si hubiera que escribir un libro describiendo la escena y todo lo que dice, ese libro tendría unas cien páginas y aún así no sé si lograría transmitir lo mismo. Con Zulma nos quedamos bobos mirándola, y es una más de las tantas que hay, tal vez no de las mejores del Tintoretto.
Por eso pienso que entrar a esos museos es como entrar a una biblioteca y querer leer cien libros en tres horas. Hay pintores y escultores –hay obras también- sobre los que se han escrito cientos de libros y artículos; hay pinturas de hace 400 años que todavía hoy se siguen estudiando. Gracias a ellas se ha podido reconstruir la historia de los siglos, saber cómo se vestía la gente, qué comían, cómo se divertían y qué pensaban. Las pinturas a la distancia de la Venezia de hace 400 y 500 años la muestran casi exáctamente igual a como es ahora, con los mismos edificios y arquitectura, lo que cambia son los vestidos de la gente; lo mismo pasa en Firenze.
Aguantando las preguntas sin respuesta, soportando llegar hasta donde uno puede, se aprende bastante. Parecen fotos y sin embargo son pinceles, mármoles, textos, discursos de formas y colores. Mario
21-1-2004
Spresiano, miércoles 21 de enero 2004
Hoy no sé ni por dónde empezar… es tal el lio que tengo en la cabeza, el cansancio, los pies como dos flanes y la sobredosis de obras de arte que ya no sé ni cómo me llamo. Estuvimos todo el día en la VENEZIA de los siglos, desde las ocho de la matina a las cinco de la tarde, nos vimos y nos caminamos todo, no almorzamos ni paramos ni nada, en una maratón digna de Filípides.
Al igual que la vez pasada arribamos a la estación terminal de Venezia-Santa Lucía a las ocho y enfilamos por la “S” rumbo a la Piazza San Marcos. Obviamente no pudimos evitar perdernos por alguno de esos mágicos callejoncitos que te invitan a entrar y ver hasta dónde llevan; es un encanto hacerlo. Los laburantes salían medio dormidos -nosotros también lo estábamos- yendo a tomar il vaporetto bien arropados ya que la humedad y el frio te calan hasta los huesos.
La ciudad es muy grande, es enorme, y la diagramación de vias, calles, puentecitos, canales, campos, angostos pasillos, piazzas y piazzetas es total y absolutamente aleatoria; se torna muy difícil no perderse e ir a parar a cualquier lado o justamente adonde querías ir; fue así que entramos a la Piazza por detrás, imposible preguntarse uno cómo fue que pasó eso, si querés desandar el laberinto que hiciste te perdés de vuelta. La laguna estaba creciendo y la Piazza ya estaba medio inundada, veíamos brotar el agua de las alcantarillas pluviales.
Es la tercera vez que vamos a Venezia en pocas semanas y cada vez es única, te atrapa en una dulce magia envolvente y te dejás atrapar con el mayor de los gustos, no te quejás de nada, simplemente caminás embobado por una ciudad que no tiene paralelo con ninguna otra en el planeta. Voy a ser claro y preciso: es bella. Es un sueño que jamás imaginaste que ibas a soñar, es una hermosa mujer, no podés no enamorarte de Venezia. A poco de empezar a caminarla hiciste cien metros y ya perdiste, se transforma en una cárcel que te cautiva y si te abren la puerta no te querés ir. No tengo palabras para transmitir el voltaje de lo que significa para mí esta luna de miel con Zulma, y nada menos que en Venezia.
De todo lo que queríamos hacer nos quedó pendiente el Palazzo Ducale, buena ocasión para regresar por cuarta vez. Entramos al MUSEO CORRER que está en un lateral de la Piazza llamado “El Ala Napoleónica y las Procuradurías Nuevas”. La entrada cuesta E.11 pero permite acceder a cuatro museos, tres están dentro del Correr, el cuarto es el Ducale; durante dos meses se puede entrar y salir las veces que uno quiera. El atento empleado nos dijo: pueden estar unas tres horas en el Correr y después se van dos horitas al Ducale. Bueno… nos engañó como a dos costureritas paraguayas, todavía se debe estar riendo; para ver el Correr en tres horas ni "corriendo" lo llegás a ver. Estuvimos desde las 8.30 hasta las 13.30 hs. y nos fuimos de lo palmados que estábamos.
Este museo ocupa todo el primer y segundo piso del lateral izquierdo de la Piazza que está mirando desde la Basílica hacia el fondo –o sea arriba del Café Florián- y se conecta con la Biblioteca Marciana, frente al Ducale. Es inmenso y –como dije- no es uno sino tres brutales museos (en verdad cuatro), a saber: El Museo Cívico Correr, el Museo Archeológico Nazionale y la Sala Monumentali della Biblioteca Marciana. Hay además un sector aparte dedicado a las embarcaciones venezianas, armas de época e historia de batallas.
El CORRER prop. dicho tiene 53 (cincuenta y tres) salas -digamos que inmensos salones- con una vastísima colección que ilustra ampliamente la historia y el patrimonio cultural, artístico y civil de la ciudad. Las escalinatas de entrada, tan enormes como palaciegas, te van preparando para lo que te vas a encontrar adentro; de movida nomás ya empezás a ver las obras de Cánova, el mayor escultor de la corte de Napoleón. Es un extenso recorrido por todo lo que los venezianos produjeron en todas las épocas, atravesando suntuosos salones que parecen no terminar nunca.
Cartografía antigua, numismática, decorados, objetos personales de los Dux, estandartes, blasones, estatuas, pinturas, objetos de la vida cotidiana, vestidos, trajes, gigantescas arañas de cristal de Murano, bibliotecas repletas de incunables escritos a tinta, medallas, condecoraciones, mayólicas y mosaicos, instrumentos de navegación, barcos, armaduras, lanzas, rifles y pistolones, bronces, muebles, artes y oficios… cuando ya no das más te enterás que recién llegaste a la sala Nº 23 y tenés que subir al segundo piso.
A veces nos deteníamos en algún objeto cualquiera, por ejemplo una talla taraceada en madera sobre madera y nos quedábamos boquiabiertos por lo refinado del trabajo, pensando en el tremendo laburo que le habría llevado al tipo que la hizo hace 500 años atrás. Otras veces era un gigantesco lienzo bordado a mano, otras una lanza de hierro forjado tallado con evidentes señas de uso (Cuántos tipos habrá mandado para el otro lado esta lanza…?). Y así cada tanto, debiendo saltear cosas porque uno no tiene todo el día para estar ahí, lamentablemente. Cada uno de esos objetos habla, tal como las pinturas cuenta una historia; son discursos en metal, marmol, madera, hierro, historias del trabajo y el quehacer de gente que ya no está más pero que la peleó y vivió como uno.
De la sala 24 en adelante se trata básicamente de otro muy extenso recorrido por la pintura veneziana desde el S.XIII al XVIII. Cada salón está dedicado a dos o tres pintores arrancando por los véneto bizantinos; tipos de la talla de los tres Bellini, Antonello da Messina, Pietro Longhi, Paolo y Lorenzo Veneziano, Cosmé Tura, Bartolomeo y Alvise Vivarini, Jacopo Sansovino, pintores flamencos como Bruegel, Jeronimus Bosch y otros, Vittore Carpaccio, Lorenzo Lotto, y otros muchos, tantos anónimos como por mí hasta ahora desconocidos. Vimos también dos cuadros de la época juvenil del Greco en su paso por Venezia.
Hay ahí una fortuna en objetos de todo tipo y cuadros, cada salón tiene un guardia, sistemas de detección electrónica, filmadoras, vidrios blindados y reguladores de la temperatura y humedad ambiente. Si te acercás mucho a un cuadro u objeto ya viene el guardia a ponerte cinco amonestaciones.
Formando parte del Correr hay otro llamado “del Risorgimento y del siglo XIX Veneziano”. Está dedicado a la historia de la ciudad después de la caída de la República en 1797 (cuando la toma Napoleón) hasta su anexión al Reino de Italia en 1866. Cuando estábamos por las tres horas del recorrido cantamos el “no va más” y salimos a la calle a tomar un café, repusimos las pilas y volvimos a entrar.
El MUSEO ARQUEOLOGICO es otro despelote, tiene 20 salones y encierra una importante colección de esculturas griegas y romanas, fragmentos arquitectónicos, altares funerarios, bronces, pequeñas estatuitas de piedras duras y cerámica, marfil, inscripciones, restos asirio babilónicos y una colección de monedas romanas de los S.III a I a.C. Todo es de antes de Cristo. También tienen cosas egipcias, momias y tallas de hace 40 siglos atrás (2.000 a.C.) que te hacen tambalear de sólo tenerlas frente a tu propios ojos, tratando de entender qué significan 4.000 años… cuál es la diferencia entre 4.000 y 1.000 o 400 o 50.
Conectando por dentro el Correr desemboca en la BIBLIOTECA MARCIANA, también llamada Librería Sansoviniana; es uno de los edificios más representativos y ricos de la arquitectura renacentista veneziana. Se entra en el vestíbulo y no queda otra que pegar un grito, estás frente a un amplio y suntuoso salón de mts. 26 por 10 totalmente pintado por la flor y nata de los artistas del renacimiento. El techo tiene 21 lienzos realizados entre 1556 y 1559 por siete pintores elegidos por Sansovino y Tizziano; se trataba de un concurso -tres pinturas cada uno- y lo ganó Il Veronese con el tondo (pintura circular) de mts. 2.30 de diámetro titulado “La Música”, a sus 29 años. Como si eso fuera poco las cuatro paredes están decoradas con filósofos hechos por diferentes artistas, dos son del Veronese –Platón y Aristóteles- y una media docena del Tintoretto.
El cuarto museo implícito que mencioné más atrás está dedicado a cómo defendieron en Venezia las obras de arte durante la primera guerra mundial. A las 13.30 del mediodía, después de haber estado ahí dentro cinco largas horas, saturados de arte, cansados como mulas y queriendo ver un poco de cielo azul, decidimos renunciar al Ducale y salimos a la Piazza San Marcos. Habíamos llevado galletitas para comer y abrimos el paquete… para qué…!!! Se nos vinieron las palomas al humo, nos atropellaban, se nos paraban en la cabeza y los hombros, nos picoteaban las manos y nos robaban las galletitas. Tuvimos que salir corriendo pero antes tomé dos fotos de la escena.
Ahora me voy a dormir, después les seguiré contando cómo continuó la maratón de hoy en la ciudad más hermosa del mundo. Mañana nos vamos todo el día a Vicenza. Saludos y buenas noches. Mario …zzzzzzzzz…
Hoy no sé ni por dónde empezar… es tal el lio que tengo en la cabeza, el cansancio, los pies como dos flanes y la sobredosis de obras de arte que ya no sé ni cómo me llamo. Estuvimos todo el día en la VENEZIA de los siglos, desde las ocho de la matina a las cinco de la tarde, nos vimos y nos caminamos todo, no almorzamos ni paramos ni nada, en una maratón digna de Filípides.
Al igual que la vez pasada arribamos a la estación terminal de Venezia-Santa Lucía a las ocho y enfilamos por la “S” rumbo a la Piazza San Marcos. Obviamente no pudimos evitar perdernos por alguno de esos mágicos callejoncitos que te invitan a entrar y ver hasta dónde llevan; es un encanto hacerlo. Los laburantes salían medio dormidos -nosotros también lo estábamos- yendo a tomar il vaporetto bien arropados ya que la humedad y el frio te calan hasta los huesos.
La ciudad es muy grande, es enorme, y la diagramación de vias, calles, puentecitos, canales, campos, angostos pasillos, piazzas y piazzetas es total y absolutamente aleatoria; se torna muy difícil no perderse e ir a parar a cualquier lado o justamente adonde querías ir; fue así que entramos a la Piazza por detrás, imposible preguntarse uno cómo fue que pasó eso, si querés desandar el laberinto que hiciste te perdés de vuelta. La laguna estaba creciendo y la Piazza ya estaba medio inundada, veíamos brotar el agua de las alcantarillas pluviales.
Es la tercera vez que vamos a Venezia en pocas semanas y cada vez es única, te atrapa en una dulce magia envolvente y te dejás atrapar con el mayor de los gustos, no te quejás de nada, simplemente caminás embobado por una ciudad que no tiene paralelo con ninguna otra en el planeta. Voy a ser claro y preciso: es bella. Es un sueño que jamás imaginaste que ibas a soñar, es una hermosa mujer, no podés no enamorarte de Venezia. A poco de empezar a caminarla hiciste cien metros y ya perdiste, se transforma en una cárcel que te cautiva y si te abren la puerta no te querés ir. No tengo palabras para transmitir el voltaje de lo que significa para mí esta luna de miel con Zulma, y nada menos que en Venezia.
De todo lo que queríamos hacer nos quedó pendiente el Palazzo Ducale, buena ocasión para regresar por cuarta vez. Entramos al MUSEO CORRER que está en un lateral de la Piazza llamado “El Ala Napoleónica y las Procuradurías Nuevas”. La entrada cuesta E.11 pero permite acceder a cuatro museos, tres están dentro del Correr, el cuarto es el Ducale; durante dos meses se puede entrar y salir las veces que uno quiera. El atento empleado nos dijo: pueden estar unas tres horas en el Correr y después se van dos horitas al Ducale. Bueno… nos engañó como a dos costureritas paraguayas, todavía se debe estar riendo; para ver el Correr en tres horas ni "corriendo" lo llegás a ver. Estuvimos desde las 8.30 hasta las 13.30 hs. y nos fuimos de lo palmados que estábamos.
Este museo ocupa todo el primer y segundo piso del lateral izquierdo de la Piazza que está mirando desde la Basílica hacia el fondo –o sea arriba del Café Florián- y se conecta con la Biblioteca Marciana, frente al Ducale. Es inmenso y –como dije- no es uno sino tres brutales museos (en verdad cuatro), a saber: El Museo Cívico Correr, el Museo Archeológico Nazionale y la Sala Monumentali della Biblioteca Marciana. Hay además un sector aparte dedicado a las embarcaciones venezianas, armas de época e historia de batallas.
El CORRER prop. dicho tiene 53 (cincuenta y tres) salas -digamos que inmensos salones- con una vastísima colección que ilustra ampliamente la historia y el patrimonio cultural, artístico y civil de la ciudad. Las escalinatas de entrada, tan enormes como palaciegas, te van preparando para lo que te vas a encontrar adentro; de movida nomás ya empezás a ver las obras de Cánova, el mayor escultor de la corte de Napoleón. Es un extenso recorrido por todo lo que los venezianos produjeron en todas las épocas, atravesando suntuosos salones que parecen no terminar nunca.
Cartografía antigua, numismática, decorados, objetos personales de los Dux, estandartes, blasones, estatuas, pinturas, objetos de la vida cotidiana, vestidos, trajes, gigantescas arañas de cristal de Murano, bibliotecas repletas de incunables escritos a tinta, medallas, condecoraciones, mayólicas y mosaicos, instrumentos de navegación, barcos, armaduras, lanzas, rifles y pistolones, bronces, muebles, artes y oficios… cuando ya no das más te enterás que recién llegaste a la sala Nº 23 y tenés que subir al segundo piso.
A veces nos deteníamos en algún objeto cualquiera, por ejemplo una talla taraceada en madera sobre madera y nos quedábamos boquiabiertos por lo refinado del trabajo, pensando en el tremendo laburo que le habría llevado al tipo que la hizo hace 500 años atrás. Otras veces era un gigantesco lienzo bordado a mano, otras una lanza de hierro forjado tallado con evidentes señas de uso (Cuántos tipos habrá mandado para el otro lado esta lanza…?). Y así cada tanto, debiendo saltear cosas porque uno no tiene todo el día para estar ahí, lamentablemente. Cada uno de esos objetos habla, tal como las pinturas cuenta una historia; son discursos en metal, marmol, madera, hierro, historias del trabajo y el quehacer de gente que ya no está más pero que la peleó y vivió como uno.
De la sala 24 en adelante se trata básicamente de otro muy extenso recorrido por la pintura veneziana desde el S.XIII al XVIII. Cada salón está dedicado a dos o tres pintores arrancando por los véneto bizantinos; tipos de la talla de los tres Bellini, Antonello da Messina, Pietro Longhi, Paolo y Lorenzo Veneziano, Cosmé Tura, Bartolomeo y Alvise Vivarini, Jacopo Sansovino, pintores flamencos como Bruegel, Jeronimus Bosch y otros, Vittore Carpaccio, Lorenzo Lotto, y otros muchos, tantos anónimos como por mí hasta ahora desconocidos. Vimos también dos cuadros de la época juvenil del Greco en su paso por Venezia.
Hay ahí una fortuna en objetos de todo tipo y cuadros, cada salón tiene un guardia, sistemas de detección electrónica, filmadoras, vidrios blindados y reguladores de la temperatura y humedad ambiente. Si te acercás mucho a un cuadro u objeto ya viene el guardia a ponerte cinco amonestaciones.
Formando parte del Correr hay otro llamado “del Risorgimento y del siglo XIX Veneziano”. Está dedicado a la historia de la ciudad después de la caída de la República en 1797 (cuando la toma Napoleón) hasta su anexión al Reino de Italia en 1866. Cuando estábamos por las tres horas del recorrido cantamos el “no va más” y salimos a la calle a tomar un café, repusimos las pilas y volvimos a entrar.
El MUSEO ARQUEOLOGICO es otro despelote, tiene 20 salones y encierra una importante colección de esculturas griegas y romanas, fragmentos arquitectónicos, altares funerarios, bronces, pequeñas estatuitas de piedras duras y cerámica, marfil, inscripciones, restos asirio babilónicos y una colección de monedas romanas de los S.III a I a.C. Todo es de antes de Cristo. También tienen cosas egipcias, momias y tallas de hace 40 siglos atrás (2.000 a.C.) que te hacen tambalear de sólo tenerlas frente a tu propios ojos, tratando de entender qué significan 4.000 años… cuál es la diferencia entre 4.000 y 1.000 o 400 o 50.
Conectando por dentro el Correr desemboca en la BIBLIOTECA MARCIANA, también llamada Librería Sansoviniana; es uno de los edificios más representativos y ricos de la arquitectura renacentista veneziana. Se entra en el vestíbulo y no queda otra que pegar un grito, estás frente a un amplio y suntuoso salón de mts. 26 por 10 totalmente pintado por la flor y nata de los artistas del renacimiento. El techo tiene 21 lienzos realizados entre 1556 y 1559 por siete pintores elegidos por Sansovino y Tizziano; se trataba de un concurso -tres pinturas cada uno- y lo ganó Il Veronese con el tondo (pintura circular) de mts. 2.30 de diámetro titulado “La Música”, a sus 29 años. Como si eso fuera poco las cuatro paredes están decoradas con filósofos hechos por diferentes artistas, dos son del Veronese –Platón y Aristóteles- y una media docena del Tintoretto.
El cuarto museo implícito que mencioné más atrás está dedicado a cómo defendieron en Venezia las obras de arte durante la primera guerra mundial. A las 13.30 del mediodía, después de haber estado ahí dentro cinco largas horas, saturados de arte, cansados como mulas y queriendo ver un poco de cielo azul, decidimos renunciar al Ducale y salimos a la Piazza San Marcos. Habíamos llevado galletitas para comer y abrimos el paquete… para qué…!!! Se nos vinieron las palomas al humo, nos atropellaban, se nos paraban en la cabeza y los hombros, nos picoteaban las manos y nos robaban las galletitas. Tuvimos que salir corriendo pero antes tomé dos fotos de la escena.
Ahora me voy a dormir, después les seguiré contando cómo continuó la maratón de hoy en la ciudad más hermosa del mundo. Mañana nos vamos todo el día a Vicenza. Saludos y buenas noches. Mario …zzzzzzzzz…
22-1-2004
Spresiano, jueves 22 de enero 2004
Primero voy a seguir con lo de ayer en VENEZIA y si me da el tiempo luego iré a lo de hoy en Vicenza. Venimos de otra maratón y estoy nuevamente cansado como una mula de carga; son tan distintas a las nuestras las ciudades italianas que cada vez que salimos quiero ver y visitar todo lo que hay pero nunca se alcanza.
Ayer luego de salir del Correr y la Biblioteca Marciana nos fuimos a ver dos de las 300 chiesas que hay en Venezia, dos muy cuidadosamente elegidas por nosotros; El dato me lo dieron hoy y no me sorprendió: hay trescientas iglesias en Venezia. Había más pero Napoleón –tengo que averiguar el motivo- se encargó de tirar abajo unas cuantas.
Tenía una idea aprox. de dónde se encontraba SAN SEBASTIANO, como quien dice… está hacia allá, hay que cruzar el Canal Grande y caminar unos 200 o 300 metros. Bueno… lo que ya conté… es entrar a dar vueltas por los callejones, preguntarle a uno y otro, caminar en un laberinto borgeano y equivocar iremisiblemente el trayecto; no hay forma de orientarse, ni con brújula podés no perderte. Igual se lo aprovecha porque uno va conociendo las entrañas de la ciudad y se entretiene leyendo placas en marmol recordatorias de los personajes que han vivido en esos lúgubres pasadizos. Al final una doña nos dijo que bordeáramos un canal que por ahí pasaba y “sempre diritto” al llegar al próximo puente dobláramos “a sinistra”, que ahí nos íbamos a topar de frente con San Sebastiano.
Dio resultado. Se trata de la chiesa de IL VERONESE. Parece que el pintor tuvo siempre una particular predilección por esa –“su” chiesa- e hizo lo que tenía que hacer, lo que quiso, vale decir que “se” la pintó toda, toda, toda; como es de suponer pidió que lo enterraran ahí y su deseo fue cumplido. Entrar a San Sebastiano es como entrar a la casa particular de Paolo Caliari; desde 1555, año en que fijó residencia definitiva en Venezia, estuvo una parva de años trabajando en esa desconocida chiesa que terminó haciéndose famosa gracias a él. Vaya a saber uno el porqué de esa “fijación” que le agarró… el hecho es que pintó y afrescó todo el techo, las tapas del órgano por dentro y por fuera, el presbiterio, el altar mayor y casi todos los altares laterales.
Hay también una pala del Tizziano (un San Nicolás hecho a sus 86 años) y dos o tres más de otros pintores pero el 90% de la decoración es obra del Veronese. La chiesa es de principios del S.XVI. y para entrar a verla hay que pagar E.2.50.- Estoy seguro que de cada 100 personas que van a esta iglesia 95 lo hacen para ver los cuadros del Veronese y los frailes lo saben, entonces cobran.
Está del otro lado del Canal Grande, alejada de la “S” turística, me costó encontrarla en el mapa de la ciudad y más llegar hasta ella. Por fuera no dice nada, aparenta ser chiquita y es una más entre las 300, arrinconada contra un canalcito de los cientos que corren por todos lados. Y sin embargo… y sin embargo es un exquisito cóctel de camarones para los que gustamos del arte renacentista. Los comerciantes del Templo inventaron un ticket especial que permite ver 15 iglesias por sólo E.8.50; ésta es una de ellas.
Por ser muchas ni voy a mencionar las palas que vimos pero puedo corroborar lo que subscriben todos los críticos de arte: no se puede apreciar cabalmente la obra del Veronese sin ver San Sebastiano; el tipo es un maestro inigualable de los colores brillantes y la perspectiva; los tres enormes cuadros del techo –"Coronación de Esther" (mts. 4.50 por 3.70), "Triunfo de Mordecai" y una tercera que ya no recuerdo- los hizo para ser vistos desde abajo y en esa misma iglesia, calculando la altura.
No sé cuántas obras hay, no las conté, lo que sí hice fue intentar imaginar la cantidad de veces que este hombre había estado casi cinco siglos antes en ese mismo lugar donde yo estaba. No hay más como Caliari, el día que cayeron sus pinceles se nubló el cielo y han de haber llorado hasta los santos.
De ahí rajamos a buscar la segunda chiesa que habíamos elegido para ver: SANTA MARIA GLORIOSA DEI FRARI. El cansancio, el frio y la sobredosis de obras de arte ya ni se sentían, Venezia no tiene precio y desde Argentina no se puede ir todos los días. Andando y preguntando, preguntando y doblando cada treinta metros, cruzando incontables puentecitos y atravesando oscuros pasajes llegamos a la mole que guarda en el altar mayor la obra más célebre del Tizziano, una descomunal pala de mts. 6.68 por 3.44 titulada L’ASSUNTA, el más bello cuadro jamás hecho sobre La Asunción de La Virgen a Los Cielos.
Me senté un rato largo en el primer asiento de la iglesia a contemplar esta pala que tantas veces había soñado ver. Es sublime, me resulta imposible transmitir su fina belleza y lo que impone a la vista, quedé alucinado mirándola; Canova dijo que era el cuadro más bello del mundo. La Virgen vestida de rojo, con los brazos abiertos, está en el centro de una fulgurante luz y se eleva sobre los asombrados y gesticulantes Apóstoles mientras sube hacia lo alto; la ves subir, el Tizziano consiguió darle un movimiento envolvente que resulta increíble. Desde arriba el Padre Eterno, inclinado y también en movimiento, la recibe en el espacio infinito. Todos los críticos coinciden en forma unánime que hay tal grandiosidad de estilo, finura de composición, sublimidad de invención, audacia en la pincelada, transparencia y magia de color que hacen de ella una obra insuperable. Los colores se encienden gradualmente de abajo hacia arriba hasta estallar de luminoso esplendor en el acercamiento de la Virgen al Santo Padre.
Le llevó dos años pintarla y el 19 de mayo de 1518 la colocaron en el marco que había preparado Lorenzo Bregno. En las últimas dos guerras mundiales tuvieron que desplazarla de ciudad por temor a los bombardeos. El resto de lo que hay en la basílica es para empezar de vuelta y escribir el libro de 145 páginas que compré al salir. Tal como en las otras chiesas en esta oblás con gusto los E.2.50 que te cobran los mercaderes del Templo. Hay adentro varios Dux enterrados en suntuosos monumentos funerarios que hacen temblar a toda la Recoleta de Buenos Aires, trabajos del mejor arte renacentista veneziano.
Son apabullantes las obras de Palma il Giovane, Il Sansovino, Baldassare Longhena, Andrea Vicentino, Pietro Lombardo, Donato di Niccoló detto Il Donatello, los Vivarini, Giovanni Bellini, Andrea del Cione detto Il Verrocchio (el maestro del Vinci), y sigue una lista interminable… casi todos de los S.XV y XVI.
La primera edificación de esta basílica es del 1231 y la actual de 1330, el exterior es de estilo gótico tardío aunque no despampanante debido al hecho ser una chiesa de la orden franciscana. Hay otra muy famosa pala del Tizziano del 1526 que te vuela la cabeza llamada “LA VIRGEN DE CA’PESARO” mts.4.85 por 2.70 a quien Fogolari definió como “un milagro de la pintura”. El maestro innova desplazando a la Virgen del centro del cuadro sin por eso hacerle perder el papel protagónico; el juego de miradas entre San Francisco y el Niño Jesús es para alquilar balcones. Abajo a derecha el genial pintor puso a un chico que observa a quien mira el cuadro siguiéndote con la mirada en cualquier lugar que te ubiques.
En medio del espacio y debajo del crucero está situado el coro compuesto por 124 sitiales enteramente tallado y taraceado en madera por Francesco y Marco Cozzi, de Vicenza, terminado en 1468. Mirarlo detenidamente y quedarte vizco es la misma cosa; no se puede entender cómo dos artistas de la madera pudieron realizar semejante laburo.
Dentro de la nave está supuestamente enterrado el Tizziano, muerto en Venezia el 27 de agosto de 1576. Pidió descansar ahí. El monumento funerario –enteramente en marmol de Carrara- es colosal; el centro está dominado por la estatua que representa al pintor coronado de laureles, a su lado la naturaleza universal y el genio del saber con las estatuas de la Pintura, la Escultura, la Gráfica y la Arquitectura.
También hay un fastuoso monumento neoclásico a Canova hecho por sus discípulos (en qué mármol…? … si dijo “blanco de Carrara” se ganó el premio !!!) semejando una gran pirámide con una puerta de acceso. Delante de la puerta abierta se ven avanzar figuras de mujer que representan a la Escultura llorando, la Pintura y la Arquitectura. “A Antonio Canova príncipe de los escultores de su época, la Academia Veneta de Bellas Artes con la contribución de toda Europa. 1827”. Murió en Venezia en 1822 pero descansa en la ciudad de Possagno.
Para terminar. Hay mucho más en Santa María Gloriosa dei Frari pero no voy a continuar. Cada altar lateral es para escribir un tratado, el fastuoso y barroco llamado “de las Reliquias” contiene una ampolla de cristal con gotas de la sangre de Cristo, traida de Constantinopla. Es muy bello el contraste que da el mármol blanco de Carrara contra el de color terracota de Verona.
Hay contabilizadas en esta basílica 114 obras de arte a la vista, todas de primerísima línea y de hace 400 y 500 años; ante cada una te sacás el sombrero. Después de nueve maratónicas horas y con lo que finalmente quedaba de nuestra osamenta ya de noche y nuevamente preguntando y doblando, haciendo 30 metros y volviendo a preguntar, “sempre diritto !!!” llegamos a las 17 hs. a la estación del tren, dos minutos antes que se nos fuera. Mañana les cuento Vicenza. Mario
Primero voy a seguir con lo de ayer en VENEZIA y si me da el tiempo luego iré a lo de hoy en Vicenza. Venimos de otra maratón y estoy nuevamente cansado como una mula de carga; son tan distintas a las nuestras las ciudades italianas que cada vez que salimos quiero ver y visitar todo lo que hay pero nunca se alcanza.
Ayer luego de salir del Correr y la Biblioteca Marciana nos fuimos a ver dos de las 300 chiesas que hay en Venezia, dos muy cuidadosamente elegidas por nosotros; El dato me lo dieron hoy y no me sorprendió: hay trescientas iglesias en Venezia. Había más pero Napoleón –tengo que averiguar el motivo- se encargó de tirar abajo unas cuantas.
Tenía una idea aprox. de dónde se encontraba SAN SEBASTIANO, como quien dice… está hacia allá, hay que cruzar el Canal Grande y caminar unos 200 o 300 metros. Bueno… lo que ya conté… es entrar a dar vueltas por los callejones, preguntarle a uno y otro, caminar en un laberinto borgeano y equivocar iremisiblemente el trayecto; no hay forma de orientarse, ni con brújula podés no perderte. Igual se lo aprovecha porque uno va conociendo las entrañas de la ciudad y se entretiene leyendo placas en marmol recordatorias de los personajes que han vivido en esos lúgubres pasadizos. Al final una doña nos dijo que bordeáramos un canal que por ahí pasaba y “sempre diritto” al llegar al próximo puente dobláramos “a sinistra”, que ahí nos íbamos a topar de frente con San Sebastiano.
Dio resultado. Se trata de la chiesa de IL VERONESE. Parece que el pintor tuvo siempre una particular predilección por esa –“su” chiesa- e hizo lo que tenía que hacer, lo que quiso, vale decir que “se” la pintó toda, toda, toda; como es de suponer pidió que lo enterraran ahí y su deseo fue cumplido. Entrar a San Sebastiano es como entrar a la casa particular de Paolo Caliari; desde 1555, año en que fijó residencia definitiva en Venezia, estuvo una parva de años trabajando en esa desconocida chiesa que terminó haciéndose famosa gracias a él. Vaya a saber uno el porqué de esa “fijación” que le agarró… el hecho es que pintó y afrescó todo el techo, las tapas del órgano por dentro y por fuera, el presbiterio, el altar mayor y casi todos los altares laterales.
Hay también una pala del Tizziano (un San Nicolás hecho a sus 86 años) y dos o tres más de otros pintores pero el 90% de la decoración es obra del Veronese. La chiesa es de principios del S.XVI. y para entrar a verla hay que pagar E.2.50.- Estoy seguro que de cada 100 personas que van a esta iglesia 95 lo hacen para ver los cuadros del Veronese y los frailes lo saben, entonces cobran.
Está del otro lado del Canal Grande, alejada de la “S” turística, me costó encontrarla en el mapa de la ciudad y más llegar hasta ella. Por fuera no dice nada, aparenta ser chiquita y es una más entre las 300, arrinconada contra un canalcito de los cientos que corren por todos lados. Y sin embargo… y sin embargo es un exquisito cóctel de camarones para los que gustamos del arte renacentista. Los comerciantes del Templo inventaron un ticket especial que permite ver 15 iglesias por sólo E.8.50; ésta es una de ellas.
Por ser muchas ni voy a mencionar las palas que vimos pero puedo corroborar lo que subscriben todos los críticos de arte: no se puede apreciar cabalmente la obra del Veronese sin ver San Sebastiano; el tipo es un maestro inigualable de los colores brillantes y la perspectiva; los tres enormes cuadros del techo –"Coronación de Esther" (mts. 4.50 por 3.70), "Triunfo de Mordecai" y una tercera que ya no recuerdo- los hizo para ser vistos desde abajo y en esa misma iglesia, calculando la altura.
No sé cuántas obras hay, no las conté, lo que sí hice fue intentar imaginar la cantidad de veces que este hombre había estado casi cinco siglos antes en ese mismo lugar donde yo estaba. No hay más como Caliari, el día que cayeron sus pinceles se nubló el cielo y han de haber llorado hasta los santos.
De ahí rajamos a buscar la segunda chiesa que habíamos elegido para ver: SANTA MARIA GLORIOSA DEI FRARI. El cansancio, el frio y la sobredosis de obras de arte ya ni se sentían, Venezia no tiene precio y desde Argentina no se puede ir todos los días. Andando y preguntando, preguntando y doblando cada treinta metros, cruzando incontables puentecitos y atravesando oscuros pasajes llegamos a la mole que guarda en el altar mayor la obra más célebre del Tizziano, una descomunal pala de mts. 6.68 por 3.44 titulada L’ASSUNTA, el más bello cuadro jamás hecho sobre La Asunción de La Virgen a Los Cielos.
Me senté un rato largo en el primer asiento de la iglesia a contemplar esta pala que tantas veces había soñado ver. Es sublime, me resulta imposible transmitir su fina belleza y lo que impone a la vista, quedé alucinado mirándola; Canova dijo que era el cuadro más bello del mundo. La Virgen vestida de rojo, con los brazos abiertos, está en el centro de una fulgurante luz y se eleva sobre los asombrados y gesticulantes Apóstoles mientras sube hacia lo alto; la ves subir, el Tizziano consiguió darle un movimiento envolvente que resulta increíble. Desde arriba el Padre Eterno, inclinado y también en movimiento, la recibe en el espacio infinito. Todos los críticos coinciden en forma unánime que hay tal grandiosidad de estilo, finura de composición, sublimidad de invención, audacia en la pincelada, transparencia y magia de color que hacen de ella una obra insuperable. Los colores se encienden gradualmente de abajo hacia arriba hasta estallar de luminoso esplendor en el acercamiento de la Virgen al Santo Padre.
Le llevó dos años pintarla y el 19 de mayo de 1518 la colocaron en el marco que había preparado Lorenzo Bregno. En las últimas dos guerras mundiales tuvieron que desplazarla de ciudad por temor a los bombardeos. El resto de lo que hay en la basílica es para empezar de vuelta y escribir el libro de 145 páginas que compré al salir. Tal como en las otras chiesas en esta oblás con gusto los E.2.50 que te cobran los mercaderes del Templo. Hay adentro varios Dux enterrados en suntuosos monumentos funerarios que hacen temblar a toda la Recoleta de Buenos Aires, trabajos del mejor arte renacentista veneziano.
Son apabullantes las obras de Palma il Giovane, Il Sansovino, Baldassare Longhena, Andrea Vicentino, Pietro Lombardo, Donato di Niccoló detto Il Donatello, los Vivarini, Giovanni Bellini, Andrea del Cione detto Il Verrocchio (el maestro del Vinci), y sigue una lista interminable… casi todos de los S.XV y XVI.
La primera edificación de esta basílica es del 1231 y la actual de 1330, el exterior es de estilo gótico tardío aunque no despampanante debido al hecho ser una chiesa de la orden franciscana. Hay otra muy famosa pala del Tizziano del 1526 que te vuela la cabeza llamada “LA VIRGEN DE CA’PESARO” mts.4.85 por 2.70 a quien Fogolari definió como “un milagro de la pintura”. El maestro innova desplazando a la Virgen del centro del cuadro sin por eso hacerle perder el papel protagónico; el juego de miradas entre San Francisco y el Niño Jesús es para alquilar balcones. Abajo a derecha el genial pintor puso a un chico que observa a quien mira el cuadro siguiéndote con la mirada en cualquier lugar que te ubiques.
En medio del espacio y debajo del crucero está situado el coro compuesto por 124 sitiales enteramente tallado y taraceado en madera por Francesco y Marco Cozzi, de Vicenza, terminado en 1468. Mirarlo detenidamente y quedarte vizco es la misma cosa; no se puede entender cómo dos artistas de la madera pudieron realizar semejante laburo.
Dentro de la nave está supuestamente enterrado el Tizziano, muerto en Venezia el 27 de agosto de 1576. Pidió descansar ahí. El monumento funerario –enteramente en marmol de Carrara- es colosal; el centro está dominado por la estatua que representa al pintor coronado de laureles, a su lado la naturaleza universal y el genio del saber con las estatuas de la Pintura, la Escultura, la Gráfica y la Arquitectura.
También hay un fastuoso monumento neoclásico a Canova hecho por sus discípulos (en qué mármol…? … si dijo “blanco de Carrara” se ganó el premio !!!) semejando una gran pirámide con una puerta de acceso. Delante de la puerta abierta se ven avanzar figuras de mujer que representan a la Escultura llorando, la Pintura y la Arquitectura. “A Antonio Canova príncipe de los escultores de su época, la Academia Veneta de Bellas Artes con la contribución de toda Europa. 1827”. Murió en Venezia en 1822 pero descansa en la ciudad de Possagno.
Para terminar. Hay mucho más en Santa María Gloriosa dei Frari pero no voy a continuar. Cada altar lateral es para escribir un tratado, el fastuoso y barroco llamado “de las Reliquias” contiene una ampolla de cristal con gotas de la sangre de Cristo, traida de Constantinopla. Es muy bello el contraste que da el mármol blanco de Carrara contra el de color terracota de Verona.
Hay contabilizadas en esta basílica 114 obras de arte a la vista, todas de primerísima línea y de hace 400 y 500 años; ante cada una te sacás el sombrero. Después de nueve maratónicas horas y con lo que finalmente quedaba de nuestra osamenta ya de noche y nuevamente preguntando y doblando, haciendo 30 metros y volviendo a preguntar, “sempre diritto !!!” llegamos a las 17 hs. a la estación del tren, dos minutos antes que se nos fuera. Mañana les cuento Vicenza. Mario
24-1-2004 Palazzo Ducale (1)
Spresiano, sábado 24 de enero 2004
Comienzo saludando a mis amigos desde esta tan hermosa como fria tierra italiana; va un fuerte abrazo para todos y mi deseo de que se encuentren bien. Tal como había anticipado, hoy sábado regresamos a VENEZIA por cuarta vez.
No puedo contarles nada si antes no les digo que al salir de casa muy temprano notamos que el frio se colaba hasta por el ombligo; a medida que el tren iba pasando estaciones nos dimos cuenta que había nevado y los campos y las tejas de las casitas se habían pintado de blanco. Si algo le faltaba a este particular y maravilloso viaje que estoy haciendo era eso: ver toda Venezia nevada. Y la vi. Y la caminamos nuevamente con Zulma muy divertidos contemplando la magia de la nieve sobre la magia de la ciudad. Es un espectáculo sumamente bello, tan bello que se paga con gusto el alto costo de haber tenido todo el día los pies, la cara y las manos congelados; estimo que hacía unos –4 grados bajo cero y no había forma de contrarrestar el tornillo, ni con chocolate fondente ni con nada.
Ibamos tranqui, sólo a ver el PALAZZO DUCALE y dejarnos atrapar por –insisto- la ciudad más linda del mundo. Con ese plan y con Zulma a mi lado el frio pasó a segundo plano. Obviamente nos volvimos a perder por esos callejones de Dios y fuimos a parar a cualquier lado, pero preguntando y “sempre diritto” al final desembocamos en la Piazza de San Marcos. A las 9 estábamos entrando al Ducale, del cual íbamos a salir cinco horas más tarde.
Este palacio con mayúsculas fue desde el año 820 y pico la sede gubernamental de los Dux de la Serenissima República de Venezia. A través de los siglos fue sometido a numerosas reformas que siempre lo fueron agrandando, embelleciendo y acentuando su majestuosidad.
La figura del Dux no era la de un rey ni la de un Dios, su poder estuvo siempre acotado y regulado por instituciones consultivas internas al poder que limitaban en mucho su poderío personal. Las decisiones políticas que se tomaban en La Sereníssima fueron siempre discutidas, consensuadas y decididas en grandes asambleas. Para ello el Dux tenía detrás al Consejo de Los Diez y a su vez detrás de este el Maggior Consiglio, compuesto por entre mil y dos mil notables.
Es digno de notar que en las numerosas pinturas que tematizan la vasta historia de la Sereníssima casi nunca figura el Dux de turno en primer plano sino una mujer alegórica que representa a Venezia. Entiendo que ésto da una clara idea de que se consideraba siempre a la institución República por encima del gobernante.
Algunos sectores se incendiaron varias veces, uno en 1106, otro en 1482 y otro en 1577 provocando graves daños que fueron inmediatamente reparados; la República siempre optaba por conservar y utilizar –dentro de lo posible- las estructuras ya existentes; más que demoler, reconstruía y ampliaba.
Durante los siglos del renacimiento convocaron a los principales artistas y orfebres de toda Italia para que se encargaran de embellecer las estancias elevando su esplendor a la enésima potencia. Quedó tal cual fue en aquellos años, un portentoso ejemplar de la arquitectura véneto bizantina. Cada Dux se encargaba de aumentar la decoración con lo mejor que había en la época; el Ducale era la cara del imperio, el signo expuesto de su poderío.
Por dentro de ese brutal palacio estuvimos hoy con Zulma caminando cinco horas, pasando de una estancia a la otra con el OH! en la boca al atravesar cada puerta. Me sería mucho más facil contarles qué famosos artistas del Renacimiento "no" trabajaron en el Ducale que a la inversa. Afortunadamente esta vez la hicimos bien y nos dedicamos sólo a este museo, entonces pudimos detenernos en cada estancia y leer in situ frente a cada obra la referencia del libro de 160 páginas que llevamos.
No voy a negarlo, esta vez también hubo sobredosis, y si a eso le agrego el frio que hacía me van a entender si les digo que otra vez terminamos palmados; a tal punto que al regresar equivocamos el tren y en vez de ir a Spresiano fuimos a parar a Vicenza, que es como decir a la loma del joraca.
Entramos por el costado que da al Canal o sea por la Riva degli Schiavoni hacia el gran patio interior de estilo renacentista en sus fachadas. Antiguamente se entraba al palacio por la “Puerta de Papel” (que es por donde hoy se sale), pegada a la Basílica y un significativo ejemplo del gótico florido en Venezia a mediados del S.XV, o sea antes de afirmarse lentamente el nuevo estilo del Renacimiento que llega a la ciudad tarde con respecto a otras regiones como Toscana primero y luego la Lombardía.
Entrando por la Puerta de Papel se cruza el patio y se accede de frente a la famosa “Escalinata de Los Gigantes”, una joya arquitectónica y escultural que conduce al primer piso, llamada así por las dos grandes estatuas de Marte y Neptuno que Sansovino dispuso en 1567. Por ahí entraban majestuosamente a las estancias los Emperadores, Papas y gobernantes de naciones que iban a entrevistarse con los Dux.
Mañana domingo les sigo contando de las obras de arte que nos arrancaban un OH! por minuto. Buenas noches estimados amigos.
Dux Giuseppe Marius Vitale
JA!
Comienzo saludando a mis amigos desde esta tan hermosa como fria tierra italiana; va un fuerte abrazo para todos y mi deseo de que se encuentren bien. Tal como había anticipado, hoy sábado regresamos a VENEZIA por cuarta vez.
No puedo contarles nada si antes no les digo que al salir de casa muy temprano notamos que el frio se colaba hasta por el ombligo; a medida que el tren iba pasando estaciones nos dimos cuenta que había nevado y los campos y las tejas de las casitas se habían pintado de blanco. Si algo le faltaba a este particular y maravilloso viaje que estoy haciendo era eso: ver toda Venezia nevada. Y la vi. Y la caminamos nuevamente con Zulma muy divertidos contemplando la magia de la nieve sobre la magia de la ciudad. Es un espectáculo sumamente bello, tan bello que se paga con gusto el alto costo de haber tenido todo el día los pies, la cara y las manos congelados; estimo que hacía unos –4 grados bajo cero y no había forma de contrarrestar el tornillo, ni con chocolate fondente ni con nada.
Ibamos tranqui, sólo a ver el PALAZZO DUCALE y dejarnos atrapar por –insisto- la ciudad más linda del mundo. Con ese plan y con Zulma a mi lado el frio pasó a segundo plano. Obviamente nos volvimos a perder por esos callejones de Dios y fuimos a parar a cualquier lado, pero preguntando y “sempre diritto” al final desembocamos en la Piazza de San Marcos. A las 9 estábamos entrando al Ducale, del cual íbamos a salir cinco horas más tarde.
Este palacio con mayúsculas fue desde el año 820 y pico la sede gubernamental de los Dux de la Serenissima República de Venezia. A través de los siglos fue sometido a numerosas reformas que siempre lo fueron agrandando, embelleciendo y acentuando su majestuosidad.
La figura del Dux no era la de un rey ni la de un Dios, su poder estuvo siempre acotado y regulado por instituciones consultivas internas al poder que limitaban en mucho su poderío personal. Las decisiones políticas que se tomaban en La Sereníssima fueron siempre discutidas, consensuadas y decididas en grandes asambleas. Para ello el Dux tenía detrás al Consejo de Los Diez y a su vez detrás de este el Maggior Consiglio, compuesto por entre mil y dos mil notables.
Es digno de notar que en las numerosas pinturas que tematizan la vasta historia de la Sereníssima casi nunca figura el Dux de turno en primer plano sino una mujer alegórica que representa a Venezia. Entiendo que ésto da una clara idea de que se consideraba siempre a la institución República por encima del gobernante.
Algunos sectores se incendiaron varias veces, uno en 1106, otro en 1482 y otro en 1577 provocando graves daños que fueron inmediatamente reparados; la República siempre optaba por conservar y utilizar –dentro de lo posible- las estructuras ya existentes; más que demoler, reconstruía y ampliaba.
Durante los siglos del renacimiento convocaron a los principales artistas y orfebres de toda Italia para que se encargaran de embellecer las estancias elevando su esplendor a la enésima potencia. Quedó tal cual fue en aquellos años, un portentoso ejemplar de la arquitectura véneto bizantina. Cada Dux se encargaba de aumentar la decoración con lo mejor que había en la época; el Ducale era la cara del imperio, el signo expuesto de su poderío.
Por dentro de ese brutal palacio estuvimos hoy con Zulma caminando cinco horas, pasando de una estancia a la otra con el OH! en la boca al atravesar cada puerta. Me sería mucho más facil contarles qué famosos artistas del Renacimiento "no" trabajaron en el Ducale que a la inversa. Afortunadamente esta vez la hicimos bien y nos dedicamos sólo a este museo, entonces pudimos detenernos en cada estancia y leer in situ frente a cada obra la referencia del libro de 160 páginas que llevamos.
No voy a negarlo, esta vez también hubo sobredosis, y si a eso le agrego el frio que hacía me van a entender si les digo que otra vez terminamos palmados; a tal punto que al regresar equivocamos el tren y en vez de ir a Spresiano fuimos a parar a Vicenza, que es como decir a la loma del joraca.
Entramos por el costado que da al Canal o sea por la Riva degli Schiavoni hacia el gran patio interior de estilo renacentista en sus fachadas. Antiguamente se entraba al palacio por la “Puerta de Papel” (que es por donde hoy se sale), pegada a la Basílica y un significativo ejemplo del gótico florido en Venezia a mediados del S.XV, o sea antes de afirmarse lentamente el nuevo estilo del Renacimiento que llega a la ciudad tarde con respecto a otras regiones como Toscana primero y luego la Lombardía.
Entrando por la Puerta de Papel se cruza el patio y se accede de frente a la famosa “Escalinata de Los Gigantes”, una joya arquitectónica y escultural que conduce al primer piso, llamada así por las dos grandes estatuas de Marte y Neptuno que Sansovino dispuso en 1567. Por ahí entraban majestuosamente a las estancias los Emperadores, Papas y gobernantes de naciones que iban a entrevistarse con los Dux.
Mañana domingo les sigo contando de las obras de arte que nos arrancaban un OH! por minuto. Buenas noches estimados amigos.
Dux Giuseppe Marius Vitale
JA!
25-1-2004 Palazzo Ducale (2)
Spresiano, domingo 25 de enero de 2004
Estimados señores, damas, prelados, notarios y demás miembros de la Corte, tengan Ustedes muy buenos días. Dado que anoche firmé como Dux ahora no puedo menos que tratarlos así (que es como se merecen).
En Venezia es toda una experiencia caminar las mismas calles por las que anduvieron tantos personajes del arte, el poder y la historia, pisar las mismas baldosas y piedras, ver lo que ellos veían, detenerse en las puertas de las casas que habitaban o frente a los cuadros que pintaban. Uno se da cuenta cabalmente que existieron y fue gente como uno, con similares goces y sombras; no salieron de un libro de cuentos ni de un filme de Hollywood. No se trata de Sean Connery vestido a la época encarnando de mentirita al Dux Francesco Foscari sino del mismo sombrero, capa y bastón de mando que usaba el propio Dux; tampoco es un decorado que representa el lugar donde se reunía el Consiglio dei Dieci sino el mismísimo sitio donde se decidía la política de la Repubblica en vivo y en directo. Uno se sobrecoge y piensa… “ahhh… acá era donde…” y así vas caminando y mirando entre tonto y sorprendido hasta por los apartamentos privados del Dux.
Son muchas las estancias, salones y salitas que hay en el Ducale, se va pasando de una a otra y en todas te parás a ver el techo totalmente artesonado, afrescado o pintado por alguno de los tantos excepcionales artistas que contrataban los "Conservadores de Palacio". Luego ves los pisos, puertas y paredes y te quedás paralizado, no podés seguir avanzando, querés consultar el libro que llevaste para saber quién fue el enloquecido que realizó tamaña y fina obra de arte. Es por ese motivo que ayer le dedicamos cinco largas horas al Palazzo Ducale.
Por la Escalinata de Los Gigantes -al aire libre- se sube desde el patio a las recovas –le dicen Loggia Gótica- del primer piso (el Palazzo tiene PB y dos plantas superiores) y desde ahí se va a la Scala d’Oro, una escalera que al verla y subirla se te van cayendo las medias. Entrás de inmediato al Depto. Ducal, siguen la Salas de los Scarlatti, de los Mapas, Grimani, Erizzo, de los Estuques, de los Filósofos, de la Pinacoteca (estas son tres Salas) y de los Escuderos. Hay otra escalera de puta madre y en el segundo piso pasás por el Atrio Cuadrado, la Sala de las Cuatro Puertas, del Antecolegio, del Colegio, del Senado, el Vestíbulo y la Capilla. Continúa con la del Consiglio dei Dieci, de la Brújula, del Jefe de los Inquisidores, de la Armería, de Gattamelata, de Enrique IV, de Morosini, de Bragadín, de los Arcabuses y siguen y siguen… la Sala de la Quarantía Civil Vecchia, del Armamento, del Maggior Consiglio (esta tiene mts. 54 por 25 y una altura de 15), de la Quarantía Civil Nova, del Escrutinio, de la Quarantía Criminal, del Magistrato alle Leggi, y siguen y siguen…
Podés entrás a ver las húmedas y escalofriantes cárceles (Pozzi), pasar por el famoso Ponte dei Sospiri (por dentro, obvio - Ahí en las celdas de las cárceles nos perdimos y no sabíamos cómo salir), la Sala de los Censores, de los Notarios, del Escriño, de la Milicia de Mar, del Sello Ducal, y siguen y siguen…
Bueno… ahora les voy a decir qué artistas (sólo algunos de ellos, por supuesto) se encargaron de embellecer y decorar hasta el desborde y la locura este Palazzo Ducale. Atención eh… Il Tintoretto, Jácopo Palma il Giovane, Andrea Vicentino, Francesco y Leandro da Ponte Bassano, Pietro Bellotto, Il Veronese, Jacobello del Fiore, Jácopo Sansovino, G. Battista Lorenzetti, Il Pordenone, Bonifacio Pitati detto Il Veneziano, Tizziano Vecchelio, Jeronimus Bosch, Antonio y Tullio Lombardo, Gentile y Giovanni Bellini, Boccaccio Boccaccino, Giandoménico Tiépolo, Giovanni Contarini, Vittore Carpaccio, Sebastiano Ricci, Il Giorgione, Guariento, Alvise Vivarini, y sigue la lista pero la voy a cortar ahí, para ilustrar la idea creo que alcanza. Entre los Bassano, el Tintoretto y el Veronese se pintaron todo y a toda orquesta.
Por dar sólo un ejemplo, todos los cuadros (12) del techo de la Sala del Colegio son del Veronese y los de las paredes (5) del Tintoretto. Muchas palas son descomunales en sus dimensiones, entre otras la considerada más grande que existe sobre tela, "El Paraíso", pintada por Il Tintoretto a avanzada edad (murió en 1594) y de nada menos que mts. 22 por 7.La gran Basílica de San Marcos –hoy iglesia de peregrinación abierta al público- fue la Capilla del Palacio (palatina) hasta 1797 en que cae la Repúbblica Sereníssima; hasta ese año era usada sólo para las grandes ceremonias concernientes a los Dux y la Corte. Como Iglesia de Estado la utilizaban para proclamar a los nuevos gobernantes, bendecir a los soldados que marchaban a la guerra y presentar las banderas arrebatadas al enemigo.
Todo en el Ducale da cuenta cabal del poder alcanzado por la Repubblica Veneziana hasta su final; además de astutos diplomáticos eran diestros en el comercio y el arte de la guerra y la conquista. En las cuantiosas obras de arte de la época se puede apreciar cómo vivían, sus vestidos, costumbres y oficios, conquistas y encuentros bélicos, etc.
Siempre mantuvieron con el papado romano una muy ambigua relación, les mostraban la lisa y le jugaban la rayada. Llama la atención las tantas pinturas y esculturas con dioses de la antiguedad clásica; la mencionada Escalera de Los Gigantes es un ejemplo de ello, en vez de poner en el podio a Cristo y la Virgen o algún par de Santos colocaron nada menos que a Marte (dios de la guerra) y Neptuno (dios del mar). Intercalaban uno a uno santos cristianos con figuras griegas y romanas.
Como decía, luego de cinco horas adentro, bendecidos por el mejor arte de los siglos y realmente ateridos de frio salimos a la Piazza buscando “campanear un cacho e sol en la vereda”. El astro rey se portó bien aunque no conseguía derretir la nieve que quedaba en los conos de sombras ni descongelar los charcos escarchados. Hicimos huevo un rato por la Piazza riéndonos con las caras de los Dux Foscari y Morosini, dos viejos chotos y serios con jeta de amargados.
Con Zulma tenemos un "registro" para saber cuándo no damos más de ver tanta obra de arte; es cuando después de estar tres horas adentro de un museo pasamos a una nueva sala y no sabemos si lo que estamos mirando ya lo vimos o no. No falla, quiere decir que ya hay sobredosis.
Esta mañana de domingo salí a hacer unas compras y al atravesar el sottopassaggio de las vias del tren noté que adentro estaba lleno de estalactitas colgando del techo, algunas bien largas. El día se presentó congelado y a las 15 hs. se largó a neviscar; la temperatura no sube de +1 grado. Saludos a todos, no se resfríen.
Mario
PD: Por estos días andan por aquí Al Pacino y Jeremy Irons filmando “El Mercader de Venezia”. Me contaron que el otro día se apiñaba la gente para ver como un extra se tiraba desde el Ponte Rialto al Canal Grande; se habrá cagado de frio el pobre infeliz.
Estimados señores, damas, prelados, notarios y demás miembros de la Corte, tengan Ustedes muy buenos días. Dado que anoche firmé como Dux ahora no puedo menos que tratarlos así (que es como se merecen).
En Venezia es toda una experiencia caminar las mismas calles por las que anduvieron tantos personajes del arte, el poder y la historia, pisar las mismas baldosas y piedras, ver lo que ellos veían, detenerse en las puertas de las casas que habitaban o frente a los cuadros que pintaban. Uno se da cuenta cabalmente que existieron y fue gente como uno, con similares goces y sombras; no salieron de un libro de cuentos ni de un filme de Hollywood. No se trata de Sean Connery vestido a la época encarnando de mentirita al Dux Francesco Foscari sino del mismo sombrero, capa y bastón de mando que usaba el propio Dux; tampoco es un decorado que representa el lugar donde se reunía el Consiglio dei Dieci sino el mismísimo sitio donde se decidía la política de la Repubblica en vivo y en directo. Uno se sobrecoge y piensa… “ahhh… acá era donde…” y así vas caminando y mirando entre tonto y sorprendido hasta por los apartamentos privados del Dux.
Son muchas las estancias, salones y salitas que hay en el Ducale, se va pasando de una a otra y en todas te parás a ver el techo totalmente artesonado, afrescado o pintado por alguno de los tantos excepcionales artistas que contrataban los "Conservadores de Palacio". Luego ves los pisos, puertas y paredes y te quedás paralizado, no podés seguir avanzando, querés consultar el libro que llevaste para saber quién fue el enloquecido que realizó tamaña y fina obra de arte. Es por ese motivo que ayer le dedicamos cinco largas horas al Palazzo Ducale.
Por la Escalinata de Los Gigantes -al aire libre- se sube desde el patio a las recovas –le dicen Loggia Gótica- del primer piso (el Palazzo tiene PB y dos plantas superiores) y desde ahí se va a la Scala d’Oro, una escalera que al verla y subirla se te van cayendo las medias. Entrás de inmediato al Depto. Ducal, siguen la Salas de los Scarlatti, de los Mapas, Grimani, Erizzo, de los Estuques, de los Filósofos, de la Pinacoteca (estas son tres Salas) y de los Escuderos. Hay otra escalera de puta madre y en el segundo piso pasás por el Atrio Cuadrado, la Sala de las Cuatro Puertas, del Antecolegio, del Colegio, del Senado, el Vestíbulo y la Capilla. Continúa con la del Consiglio dei Dieci, de la Brújula, del Jefe de los Inquisidores, de la Armería, de Gattamelata, de Enrique IV, de Morosini, de Bragadín, de los Arcabuses y siguen y siguen… la Sala de la Quarantía Civil Vecchia, del Armamento, del Maggior Consiglio (esta tiene mts. 54 por 25 y una altura de 15), de la Quarantía Civil Nova, del Escrutinio, de la Quarantía Criminal, del Magistrato alle Leggi, y siguen y siguen…
Podés entrás a ver las húmedas y escalofriantes cárceles (Pozzi), pasar por el famoso Ponte dei Sospiri (por dentro, obvio - Ahí en las celdas de las cárceles nos perdimos y no sabíamos cómo salir), la Sala de los Censores, de los Notarios, del Escriño, de la Milicia de Mar, del Sello Ducal, y siguen y siguen…
Bueno… ahora les voy a decir qué artistas (sólo algunos de ellos, por supuesto) se encargaron de embellecer y decorar hasta el desborde y la locura este Palazzo Ducale. Atención eh… Il Tintoretto, Jácopo Palma il Giovane, Andrea Vicentino, Francesco y Leandro da Ponte Bassano, Pietro Bellotto, Il Veronese, Jacobello del Fiore, Jácopo Sansovino, G. Battista Lorenzetti, Il Pordenone, Bonifacio Pitati detto Il Veneziano, Tizziano Vecchelio, Jeronimus Bosch, Antonio y Tullio Lombardo, Gentile y Giovanni Bellini, Boccaccio Boccaccino, Giandoménico Tiépolo, Giovanni Contarini, Vittore Carpaccio, Sebastiano Ricci, Il Giorgione, Guariento, Alvise Vivarini, y sigue la lista pero la voy a cortar ahí, para ilustrar la idea creo que alcanza. Entre los Bassano, el Tintoretto y el Veronese se pintaron todo y a toda orquesta.
Por dar sólo un ejemplo, todos los cuadros (12) del techo de la Sala del Colegio son del Veronese y los de las paredes (5) del Tintoretto. Muchas palas son descomunales en sus dimensiones, entre otras la considerada más grande que existe sobre tela, "El Paraíso", pintada por Il Tintoretto a avanzada edad (murió en 1594) y de nada menos que mts. 22 por 7.La gran Basílica de San Marcos –hoy iglesia de peregrinación abierta al público- fue la Capilla del Palacio (palatina) hasta 1797 en que cae la Repúbblica Sereníssima; hasta ese año era usada sólo para las grandes ceremonias concernientes a los Dux y la Corte. Como Iglesia de Estado la utilizaban para proclamar a los nuevos gobernantes, bendecir a los soldados que marchaban a la guerra y presentar las banderas arrebatadas al enemigo.
Todo en el Ducale da cuenta cabal del poder alcanzado por la Repubblica Veneziana hasta su final; además de astutos diplomáticos eran diestros en el comercio y el arte de la guerra y la conquista. En las cuantiosas obras de arte de la época se puede apreciar cómo vivían, sus vestidos, costumbres y oficios, conquistas y encuentros bélicos, etc.
Siempre mantuvieron con el papado romano una muy ambigua relación, les mostraban la lisa y le jugaban la rayada. Llama la atención las tantas pinturas y esculturas con dioses de la antiguedad clásica; la mencionada Escalera de Los Gigantes es un ejemplo de ello, en vez de poner en el podio a Cristo y la Virgen o algún par de Santos colocaron nada menos que a Marte (dios de la guerra) y Neptuno (dios del mar). Intercalaban uno a uno santos cristianos con figuras griegas y romanas.
Como decía, luego de cinco horas adentro, bendecidos por el mejor arte de los siglos y realmente ateridos de frio salimos a la Piazza buscando “campanear un cacho e sol en la vereda”. El astro rey se portó bien aunque no conseguía derretir la nieve que quedaba en los conos de sombras ni descongelar los charcos escarchados. Hicimos huevo un rato por la Piazza riéndonos con las caras de los Dux Foscari y Morosini, dos viejos chotos y serios con jeta de amargados.
Con Zulma tenemos un "registro" para saber cuándo no damos más de ver tanta obra de arte; es cuando después de estar tres horas adentro de un museo pasamos a una nueva sala y no sabemos si lo que estamos mirando ya lo vimos o no. No falla, quiere decir que ya hay sobredosis.
Esta mañana de domingo salí a hacer unas compras y al atravesar el sottopassaggio de las vias del tren noté que adentro estaba lleno de estalactitas colgando del techo, algunas bien largas. El día se presentó congelado y a las 15 hs. se largó a neviscar; la temperatura no sube de +1 grado. Saludos a todos, no se resfríen.
Mario
PD: Por estos días andan por aquí Al Pacino y Jeremy Irons filmando “El Mercader de Venezia”. Me contaron que el otro día se apiñaba la gente para ver como un extra se tiraba desde el Ponte Rialto al Canal Grande; se habrá cagado de frio el pobre infeliz.
Elección de los Dux
Estuve averiguando cómo hacían en La Sereníssima para elegir a los Dux y me llevé una sorpresa. Había comentado que el Dux de turno no era un Rey omnipotente ni un Dios, su poder estaba muy acotado por el Consejo de Los Diez y por el Maggior Consiglio. Bien, el sistema para la elección de un nuevo gobernante era muy pero muy complejo y se estableció en el S.X para evitar cualquier alteración en las instituciones motivado por trenzas políticas, arreglos, grupos de poder, etc. Los electores se elegían por sorteo dentro de los más de 1000 integrantes del Maggior Consiglio, pero había como ocho sorteos; los 1000 y pico elegían a suertes a 30 electores, esos 30 por igual procedimiento a 9, esos 9 a 40, los 40 a 12, los 12 a 25 que con otro sorteo se reducían a 9, esos 9 a otros 45 que a su vez elegían –siempre por sorteo- a 11; finalmente esos 11 elegían a suertes y por voto secreto a los 41 electores del Dux. Vale decir que nada de componendas, dedo, transas ni cosas raras; era imposible saber quién iba a ser el nuevo Dux hasta que no terminara toda la complicada operatoria. Para que no hubiera manos “prestidigitadoras” los votos no se tocaban con la mano sino con una vara con forma de tal en presencia de todos, brazos de madera de los cuales vimos varios en el museo Correr. O sea que los tipos siempre tuvieron muy claro que la Repúbblica estaba por encima de los gobernantes; imposible que se pegara a la silla un dictador o que hubiera un golpe de estado; de hecho nunca lo hubo en once siglos.
Un aparte sobre Venezia. Quiero suponer que las aguas de los canales de Venezia han de estar bastante contaminadas por la gran cantidad de lanchas y vehículos a motor que los navegan a diario; es posible. Ocurre que la laguna es abierta sobre el Adriático y las aguas de sus canales son tan limpias (aparentemente) como transparentes, del mismo color verde intenso del mar. No es como las lagunas de llanura (ej.: Chascomús) de aguas marrones, oscuras y barrosas, sino como agua de mar. Debido a la manía que por acá tienen por la estética y la limpieza no hay en los canales ni un papelito tirado, si fuera verano te darían ganas de zambullirte sin pensarlo dos veces.
Un aparte sobre Venezia. Quiero suponer que las aguas de los canales de Venezia han de estar bastante contaminadas por la gran cantidad de lanchas y vehículos a motor que los navegan a diario; es posible. Ocurre que la laguna es abierta sobre el Adriático y las aguas de sus canales son tan limpias (aparentemente) como transparentes, del mismo color verde intenso del mar. No es como las lagunas de llanura (ej.: Chascomús) de aguas marrones, oscuras y barrosas, sino como agua de mar. Debido a la manía que por acá tienen por la estética y la limpieza no hay en los canales ni un papelito tirado, si fuera verano te darían ganas de zambullirte sin pensarlo dos veces.
Historia
Hoy estuvimos averiguando en la Biblioteca de Spresiano por la palabra “Sereníssima” que se anteponía a “Repúbblica de Venezia”. Parece que es un antiguo adjetivo calificativo de enaltecimiento, como decir “nobilísima” o “excelentísima”.
Unos breves párrafos sobre la historia de Venezia. En su milenario recorrido fue siempre un estado autónomo (una nación diríamos hoy), independiente del Imperio Romano de Occidente y de Oriente, jamás sometida a la autoridad de un rey extranjero, de otro imperio o de una única Casa hereditaria.
En el S.XIV "il secolo d’oro" Venezia estaba en el apogeo de su potencia política y económica, se había convertido en un imperio colonialista con dominio sobre el Adriático, el Levante, la costa griega e innumerables islas, así como también en dirección al interior de la Península Itálica.
La declinación comienza con la expansión del Imperio Turco que en 1453 conquista Bizancio y sigue con el avance turco sobre las posesiones venezianas en el Mediterráneo y el Adriático. Venezia ofrece resistencia y mal no le va, hasta que en 1503 le conviene firmar la paz con “i Turchi”. Al interrumpirse entonces el comercio con Oriente La Sereníssima entra en apuros y el severo golpe dado a su economía cobra la forma de una grave crisis. Al mismo tiempo se abren nuevas rutas marítimas hacia la India y el Nuevo Mundo mientras los Turcos siguen avanzando y conquistando otras tierras.
El año de 1500 marca el comienzo del sereno declinar de la estrella veneziana. El 14 de mayo de 1509 tiene lugar la catástrofe de Agnadello, importante batalla que los venecianos pierden a manos de la Liga de Cambray. La hasta ese momento expansión triunfante de la Sereníssima hizo que se juntaran los Estados Italianos, Francia, España y el Papado en la Liga de Cambray y le ofrecieran batalla. Derrotada Venezia la obligan a no expandirse más, de esa manera comienza su lenta decadencia.
En 1571 tiene lugar la Batalla naval de Lepanto para la cual Venezia presta su todavía poderosa flota e inflige una severa derrota a los Turcos, pero no puede sacar ventaja de la victoria.
Luego de Agnadello y gracias a la habilidad de sus diplomáticos consiguió que a cambio de no seguir expandiéndose la dejaran en paz arreglándose con sus propios recursos; claro está que al tener que prescindir de los mercados extranjeros (ahora enemigos) los venecianos no pudieron seguir sosteniendo el nivel al que estaban acostumbrados.
Manteniéndose neutrales en varios conflictos ajenos se hicieron firmes en el Véneto, trataron de arreglarse como pudieron y lograron un lento y digno tobogán de caída de 200 años que finaliza en 1797 cuando Napoleón obliga a renunciar al Dux Ludovico Manin. La Sereníssima caía después de más de 1000 años de historia independiente; la habilidad para el comercio y la diplomacia fueron siempre sus principales armas ganadoras.
La historia es mucho más extensa y compleja pero para tener una visión a vuelo de pájaro creo que con lo anterior alcanza, entre nada y algo mejor lo último.
Queridos y estimados amigos, los dejo por ahora; tal vez esta noche vuelva a nevar, no lo sé, pero el frio va a seguir. El próximo lunes por la mañana estaré llegando a Buenos Aires y me tocará pasar sin escalas desde este alto y crudo invierno al más calidito verano rioplatense… snifff… Chau.
Mario
Unos breves párrafos sobre la historia de Venezia. En su milenario recorrido fue siempre un estado autónomo (una nación diríamos hoy), independiente del Imperio Romano de Occidente y de Oriente, jamás sometida a la autoridad de un rey extranjero, de otro imperio o de una única Casa hereditaria.
En el S.XIV "il secolo d’oro" Venezia estaba en el apogeo de su potencia política y económica, se había convertido en un imperio colonialista con dominio sobre el Adriático, el Levante, la costa griega e innumerables islas, así como también en dirección al interior de la Península Itálica.
La declinación comienza con la expansión del Imperio Turco que en 1453 conquista Bizancio y sigue con el avance turco sobre las posesiones venezianas en el Mediterráneo y el Adriático. Venezia ofrece resistencia y mal no le va, hasta que en 1503 le conviene firmar la paz con “i Turchi”. Al interrumpirse entonces el comercio con Oriente La Sereníssima entra en apuros y el severo golpe dado a su economía cobra la forma de una grave crisis. Al mismo tiempo se abren nuevas rutas marítimas hacia la India y el Nuevo Mundo mientras los Turcos siguen avanzando y conquistando otras tierras.
El año de 1500 marca el comienzo del sereno declinar de la estrella veneziana. El 14 de mayo de 1509 tiene lugar la catástrofe de Agnadello, importante batalla que los venecianos pierden a manos de la Liga de Cambray. La hasta ese momento expansión triunfante de la Sereníssima hizo que se juntaran los Estados Italianos, Francia, España y el Papado en la Liga de Cambray y le ofrecieran batalla. Derrotada Venezia la obligan a no expandirse más, de esa manera comienza su lenta decadencia.
En 1571 tiene lugar la Batalla naval de Lepanto para la cual Venezia presta su todavía poderosa flota e inflige una severa derrota a los Turcos, pero no puede sacar ventaja de la victoria.
Luego de Agnadello y gracias a la habilidad de sus diplomáticos consiguió que a cambio de no seguir expandiéndose la dejaran en paz arreglándose con sus propios recursos; claro está que al tener que prescindir de los mercados extranjeros (ahora enemigos) los venecianos no pudieron seguir sosteniendo el nivel al que estaban acostumbrados.
Manteniéndose neutrales en varios conflictos ajenos se hicieron firmes en el Véneto, trataron de arreglarse como pudieron y lograron un lento y digno tobogán de caída de 200 años que finaliza en 1797 cuando Napoleón obliga a renunciar al Dux Ludovico Manin. La Sereníssima caía después de más de 1000 años de historia independiente; la habilidad para el comercio y la diplomacia fueron siempre sus principales armas ganadoras.
La historia es mucho más extensa y compleja pero para tener una visión a vuelo de pájaro creo que con lo anterior alcanza, entre nada y algo mejor lo último.
Queridos y estimados amigos, los dejo por ahora; tal vez esta noche vuelva a nevar, no lo sé, pero el frio va a seguir. El próximo lunes por la mañana estaré llegando a Buenos Aires y me tocará pasar sin escalas desde este alto y crudo invierno al más calidito verano rioplatense… snifff… Chau.
Mario
25-1-2004 El San Cristobal de Tizziano
Spresiano, lunes 25 de enero 2004
Muy buenos días para todos. Ayer olvidé contar algo que sucedió en el Palazzo Ducale. Cuando estuve ahí en diciembre del 96 me llamó la atención y golpeó fuertemente un fresco del TIZZIANO llamado “SAN CRISTOBAL” que está en el rellano de una corta escalera que conduce a los aposentos privados del Dux. Fue mi primer encuentro con la pintura, tema del cual lo ignoraba todo hasta ese momento. Esa obra no estaba señalizada y siete años después sigue sin estarlo; la gente pasa por ahí, ve la escalera, nota que arriba está cerrada y sigue de largo. La única manera de ver el fresco es entrando, subir unos pocos escalones y mirar hacia atrás y arriba. Recuerdo que en el 96 por curiosidad entré por ese pasillo, subí, y al disponerme a bajar me topé de frente con el fresco del Tizziano. Me senté en la escalera a mirarlo y emprendí un extraño viaje por el tiempo y la inconciencia, en el fondo de mi alma se estaba despertando un monstruo. Después de unos largos minutos –no pude saber cuántos- bajé y seguí mi recorrido por las Salas. Hace unos años relaté esa singular experiencia en un artículo personal que di en llamar “Algo me esperaba en el Ducale”; luego me explicaron que “eso” que me pasó tienen nombre, se llama “Sindrome de Stendhal”. De regreso a La Plata lo voy a copiar aquí al finalizar el relato de este viaje.
Zulma me pidió que la llevara a verlo y lo hice, recordaba perfectamente cuál era la puertecita por la que todos pasan de largo. Nos sentamos un rato en el mismo escalón donde yo había estado y pudimos contemplar la obra. Para mí esta vez no fue lo mismo, el flechazo del arte ya me había atravesado en aquella oportunidad y no hay dos similares, es un acto que no se repite. De todos modos la pintura es bellísima y digna del Tizziano Vecchelio.
Muy buenos días para todos. Ayer olvidé contar algo que sucedió en el Palazzo Ducale. Cuando estuve ahí en diciembre del 96 me llamó la atención y golpeó fuertemente un fresco del TIZZIANO llamado “SAN CRISTOBAL” que está en el rellano de una corta escalera que conduce a los aposentos privados del Dux. Fue mi primer encuentro con la pintura, tema del cual lo ignoraba todo hasta ese momento. Esa obra no estaba señalizada y siete años después sigue sin estarlo; la gente pasa por ahí, ve la escalera, nota que arriba está cerrada y sigue de largo. La única manera de ver el fresco es entrando, subir unos pocos escalones y mirar hacia atrás y arriba. Recuerdo que en el 96 por curiosidad entré por ese pasillo, subí, y al disponerme a bajar me topé de frente con el fresco del Tizziano. Me senté en la escalera a mirarlo y emprendí un extraño viaje por el tiempo y la inconciencia, en el fondo de mi alma se estaba despertando un monstruo. Después de unos largos minutos –no pude saber cuántos- bajé y seguí mi recorrido por las Salas. Hace unos años relaté esa singular experiencia en un artículo personal que di en llamar “Algo me esperaba en el Ducale”; luego me explicaron que “eso” que me pasó tienen nombre, se llama “Sindrome de Stendhal”. De regreso a La Plata lo voy a copiar aquí al finalizar el relato de este viaje.
Zulma me pidió que la llevara a verlo y lo hice, recordaba perfectamente cuál era la puertecita por la que todos pasan de largo. Nos sentamos un rato en el mismo escalón donde yo había estado y pudimos contemplar la obra. Para mí esta vez no fue lo mismo, el flechazo del arte ya me había atravesado en aquella oportunidad y no hay dos similares, es un acto que no se repite. De todos modos la pintura es bellísima y digna del Tizziano Vecchelio.
Algo me esperaba en el Ducale...
Algo me esperaba en el Ducale
- 26-12-1996 -
Algo me estaba esperando en el Ducale.
Nunca entendí nada de pintura y tampoco me gustaba, fue siempre para mi un territorio totalmente desconocido y carente de interés.
Un buen día hace algunos años estando en Venezia entré a visitar el Palazzo Ducale, un sitio repleto de las mejores y maravillosas obras de arte imaginables. Fue residencia de los Dux del Véneto en sus mejores épocas de magnificencia y capital de la Sereníssima.
La historia dice que Napoleón conquistó a la Serenissima República de Venezia el 12 de mayo de 1797 y que la cedió a la corona austríaca. Era el fin de un milenio de esplendor imperial. En 1866, Venezia se incorporó al nuevo Reino de Italia.
Eramos un grupo de cinco y caminábamos atontados las estancias y salas admirando techos artesonados, esculturas, pinturas y decoraciones renacentistas mil. Es impresionante contemplar el esplendor en que vivían esos Señores, se le corta a uno la respiración de verlo. En el Palazzo Ducale -contiguo a la Piazetta de la gran Basílica de San Marcos y de frente al canal grande- trabajaron los mejores artistas que tuvo la humanidad.
Algo me esperaba ahí dentro y yo no lo sabía. De pronto vi una puerta con una escalera angosta y me aparté del grupo, una corta escalera que subía hacia algún lado. Entré y subí, arriba había tres puertas con el cartel "vietatto passare", tenía que bajar entonces. Me doy vuelta para descender y algo me llamó la atención... en el rellano, ese espacio muerto que queda arriba del cajón de la escalera, tenía frente a mis ojos una enorme pintura afrescada con un señor que llevaba un chico sobre los hombros.
Algo me pasó, no sé decir qué... algo me hizo detener y me senté en un escalón a ver eso... recuerdo la piernas y brazos musculosos del personaje, y el movimiento de torsión que resultaba impreso en la obra. Me pareció una pintura notable, me encandiló y dejó perplejo. No sé cuánto tiempo estuve sentado ahí, solo, tal vez 15 o 20 minutos, no importa cuánto. El hecho palmario es que había recibido el flechazo del arte y el mundo se transformó. En esos minutos me olvidé de todo y mis ojos se confundieron con esa pintura, por un momento fue todo uno, más tarde me di cuenta que había perdido la conciencia de mí mismo.
Al bajar me encontré con el resto del grupo que me estaba buscando y me preguntaba dónde me había metido. No me importó ni les dije. Busqué desesperado a algún guardián de los tantos que andan por ahí y lo interrogué por quién había pintado esa maravilla que estaba ahí arriba encajonada. El buen hombre me dijo en perfecto italiano: "questo e del Tizziano Vecellio, signore".
De ahí en más el fresco y su pintor fueron para mí una obsesión y al salir del Ducale compré un libro con la obra de Tizziano esperando encontrarlo pero no tuve suerte, tenía muchas estampas pero no la del atleta ese con el chico sobre los hombros. Me pregunté muchas veces qué fue lo que me pasó, qué hizo que a partir de ahí comenzara yo a apreciar el arte de la pintura...
-En tren de encontrar alguna respuesta al enigma recordé las musculosas piernas de mi padre que tanto me llamaban la atención de chico, me vino también la seguridad que lleva un niño montado a hombros de un adulto y varias cosas más, todos recuerdos infantiles. Confieso que no tengo una respuesta certera, lo único que sé es que algo me estaba esperando en el Ducale y el encuentro se produjo.
Ya de regreso a la patria no perdí ocasión de hurgar en las librerías especializadas tratando de encontrar lo que me había impactado pero no tuve éxito: ese fresco no aparece en los catálogos de Tizziano.
Hace pocos días me volvió la pregunta y lo busqué en Internet hasta que lo encontré. Se trata del San Cristobal, pintado en el año 1524 a sus aprox. 36 años.
Cierro los ojos y lo tengo presente tal como aquel día de diciembre del 96 en el Palazzo Ducale, justo el día en que mi hija la mayor cumplía 19 años. Recuerdo que -antes de saber quién era el pintor- mientras miraba embobado el fresco me lo imaginaba subido a los andamios de madera trabajando solo ahí arriba tal vez unas cuantas semanas o meses. Qué pensaría ahí encaramado pintando a la luz de hachones de fuego? Qué sentido tendría para ése hombre realizar tan ardua tarea? Cómo sería su vida cotidiana, sus comidas, su familia y amores? Por qué se dedicó a la pintura y no a cualquier otra cosa?
Hubiera imaginado tal vez que su nombre iba a quedar para los siglos y que cientos de años más adelante un turista argentino se iba a sentar justo ahí en esa banal escalera para descubrir el valor de una pintura...?
Mientras tanto y absolutamente abstraído en la imagen de Cristobal cargando al niño yo hablaba interiormente con Vecellio, lo veía de espaldas a mí pintando su fresco, observando cada una de las pinceladas. Los siglos de distancia no significaron nada, el encuentro se había producido, algo me estaba esperando en el Ducale y la fortuna quiso que lo encontrara.
- 26-12-1996 -
Algo me estaba esperando en el Ducale.
Nunca entendí nada de pintura y tampoco me gustaba, fue siempre para mi un territorio totalmente desconocido y carente de interés.
Un buen día hace algunos años estando en Venezia entré a visitar el Palazzo Ducale, un sitio repleto de las mejores y maravillosas obras de arte imaginables. Fue residencia de los Dux del Véneto en sus mejores épocas de magnificencia y capital de la Sereníssima.
La historia dice que Napoleón conquistó a la Serenissima República de Venezia el 12 de mayo de 1797 y que la cedió a la corona austríaca. Era el fin de un milenio de esplendor imperial. En 1866, Venezia se incorporó al nuevo Reino de Italia.
Eramos un grupo de cinco y caminábamos atontados las estancias y salas admirando techos artesonados, esculturas, pinturas y decoraciones renacentistas mil. Es impresionante contemplar el esplendor en que vivían esos Señores, se le corta a uno la respiración de verlo. En el Palazzo Ducale -contiguo a la Piazetta de la gran Basílica de San Marcos y de frente al canal grande- trabajaron los mejores artistas que tuvo la humanidad.
Algo me esperaba ahí dentro y yo no lo sabía. De pronto vi una puerta con una escalera angosta y me aparté del grupo, una corta escalera que subía hacia algún lado. Entré y subí, arriba había tres puertas con el cartel "vietatto passare", tenía que bajar entonces. Me doy vuelta para descender y algo me llamó la atención... en el rellano, ese espacio muerto que queda arriba del cajón de la escalera, tenía frente a mis ojos una enorme pintura afrescada con un señor que llevaba un chico sobre los hombros.
Algo me pasó, no sé decir qué... algo me hizo detener y me senté en un escalón a ver eso... recuerdo la piernas y brazos musculosos del personaje, y el movimiento de torsión que resultaba impreso en la obra. Me pareció una pintura notable, me encandiló y dejó perplejo. No sé cuánto tiempo estuve sentado ahí, solo, tal vez 15 o 20 minutos, no importa cuánto. El hecho palmario es que había recibido el flechazo del arte y el mundo se transformó. En esos minutos me olvidé de todo y mis ojos se confundieron con esa pintura, por un momento fue todo uno, más tarde me di cuenta que había perdido la conciencia de mí mismo.
Al bajar me encontré con el resto del grupo que me estaba buscando y me preguntaba dónde me había metido. No me importó ni les dije. Busqué desesperado a algún guardián de los tantos que andan por ahí y lo interrogué por quién había pintado esa maravilla que estaba ahí arriba encajonada. El buen hombre me dijo en perfecto italiano: "questo e del Tizziano Vecellio, signore".
De ahí en más el fresco y su pintor fueron para mí una obsesión y al salir del Ducale compré un libro con la obra de Tizziano esperando encontrarlo pero no tuve suerte, tenía muchas estampas pero no la del atleta ese con el chico sobre los hombros. Me pregunté muchas veces qué fue lo que me pasó, qué hizo que a partir de ahí comenzara yo a apreciar el arte de la pintura...
-En tren de encontrar alguna respuesta al enigma recordé las musculosas piernas de mi padre que tanto me llamaban la atención de chico, me vino también la seguridad que lleva un niño montado a hombros de un adulto y varias cosas más, todos recuerdos infantiles. Confieso que no tengo una respuesta certera, lo único que sé es que algo me estaba esperando en el Ducale y el encuentro se produjo.
Ya de regreso a la patria no perdí ocasión de hurgar en las librerías especializadas tratando de encontrar lo que me había impactado pero no tuve éxito: ese fresco no aparece en los catálogos de Tizziano.
Hace pocos días me volvió la pregunta y lo busqué en Internet hasta que lo encontré. Se trata del San Cristobal, pintado en el año 1524 a sus aprox. 36 años.
Cierro los ojos y lo tengo presente tal como aquel día de diciembre del 96 en el Palazzo Ducale, justo el día en que mi hija la mayor cumplía 19 años. Recuerdo que -antes de saber quién era el pintor- mientras miraba embobado el fresco me lo imaginaba subido a los andamios de madera trabajando solo ahí arriba tal vez unas cuantas semanas o meses. Qué pensaría ahí encaramado pintando a la luz de hachones de fuego? Qué sentido tendría para ése hombre realizar tan ardua tarea? Cómo sería su vida cotidiana, sus comidas, su familia y amores? Por qué se dedicó a la pintura y no a cualquier otra cosa?
Hubiera imaginado tal vez que su nombre iba a quedar para los siglos y que cientos de años más adelante un turista argentino se iba a sentar justo ahí en esa banal escalera para descubrir el valor de una pintura...?
Mientras tanto y absolutamente abstraído en la imagen de Cristobal cargando al niño yo hablaba interiormente con Vecellio, lo veía de espaldas a mí pintando su fresco, observando cada una de las pinceladas. Los siglos de distancia no significaron nada, el encuentro se había producido, algo me estaba esperando en el Ducale y la fortuna quiso que lo encontrara.
