Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Estuve cinco veces en Venezia: el 26 de dic. de 1996, un día de dic. 2003 y tres en enero de 2004. Cada uno fue un increible viaje a los siglos del Renacimiento Italiano y a la más alada magia que uno pueda imaginarse. Este es mi testimonio de una de las ciudades más bellas y atrapantes que he conocido...
18.9.04
8-1-2004
Spresiano, jueves 8 de enero 2004
Bueno... hemos paseado todo el día por VENEZIA... diez largas horas visitando por segunda vez la bella ciudad de los canales y las góndolas. Sí amigos, sí, llegamos muy cansados y con la boca acalambrada de ese OHHHH! que brota espontáneamente en cada callejuela, en cada puentecito, frente a cada obra de arte. No quiero reiterarme sobre la ya contado la primera vez pero no me queda otra... es una de las ciudades más hermosas del mundo, la magia hecha realidad, un viaje sin retorno a los siglos del Renacimiento.
Llegamos a las 8 de la mañana y pudimos ver cómo se despierta La Sereníssima; la gente saliendo a trabajar, los negocios aprontando para abrir las puertas, las palomas y gorriones, los barcitos con sus parroquianos desayunando. Pocos turistas a esa hora y el aire frio y húmedo que te envuelve en una atmósfera de siglos; los vaporettos de acá para allá por el Canal Grande con los pasajeros viajando parados, las calles con sus auténticos pobladores saliendo como hormigas de secretos y oscuros callejones... toda Venezia para nosotros.
Enfilamos por la “S” turística intentando llegar a L’Accademia y varias veces equivocamos el camino yendo a parar a cualquier lado; creo que nos queríamos perder a propósito para no sentirnos turistas. Tal vez concientes de ello nos desviábamos una y otra vez del camino principal para adentrarnos en esos recónditos pasadizos en los cuales estirando yo los brazos en cruz tocaba ambas paredes. Son largos –cien, doscientos metros- y van silueteando, haciendo recodos, cruzando angostos canales y desembocando siempre en otro pasadizo que te lleva para cualquier otro sitio. Hay que ser de ahí para no perderte en esos laberintos tan antiguos y húmedos como infinitos; nunca llega el sol al piso por lo angostos, altos y encajonados que son.
En una de esas vueltas sin destino nos topamos de frente con el teatro La Fenice de fama mundial recientemente inaugurado; en otra dimos con una casa en la que había parado Wolfgang Amadeus Mozart en los carnavales de 1771 teniendo 15 años, el sitio está pegado al Ponte di Baccardi o del Cuoridoro.
Hay cientos y cientos de canales y puentecitos, caminás cincuenta metros y ya te topás con uno, y te dan ganas de disparar tres o cuatro fotos por vez. Esos callejones son tan antiguos como la maldad y a cada rato te encontrás con una placa histórica que dice que ahí vivó fulano de tal en el siglo... en el siglo que quieras, el que más te guste. De repente se abren espacios amplios pero no tanto -digamos que de unos 20 por 30 metros- llamados “campos”, como placitas irregulares, casi siempre con un aljibe en el medio o la estatua de algún Dux; confluyen ahí varios pasadizos y no sabés cuál tomar para salir, entonces te perdés de vuelta y es un goce indescriptible perderte en Venezia con tu enamorada...
Ahí todo es una sinfonía de siglos y palomas, de góndolas y canales de transparente verde esmeralda, de miles de rincones salidos de un sueño o una pala del Tintoretto.
Calculando que ya habíamos sobrepasado el Ponte Rialto tratábamos de ubicar el de L’Accademia cuando de repente dimos con una chiesa que me llamó la atención. Antes de continuar voy a decir que la cantidad de iglesias que hay es impresionante, no me equivoco si digo que es imposible hace cien metros sin encontrar una y a cada una no le cortás la cabeza por menos de cinco siglos y veinte obras de un pintor o escultor famoso.
Sigo. Entramos a la mencionada chiesa –adentro no había nadie- y lo primero que notamos fue que la inundaba un hermoso concierto de Vivaldi; estaba fondata nel S.XI, con el campanile del S.XII. Adentro pudimos admirar esculturas y pinturas de los siglos XV al XVII, entre otras un lienzo de Giambattista Piazzetta (1683-1754), “L’Immacolatta” (1732) de Sebastiano Ricci (1659-1734), “I Santi Rocco e Sebastiano” de Angelo Trevisani (1669-1753), “Il Martirio di San Vitale” attribuito a Francesco Fontebasso, varias otras que no recuerdo y en el altar mayor “San Vitale a Cavallo e Otto (ocho) Santi” de 1514, pala de Vittore Carpaccio (1460-1525) donde representa al Santo montando brioso corcel blanco.
¿Por qué me detengo en esa chiesa...? Pues es muy sencillo queridos amigos... se trata de LA CHIESA DE SAN VIDAL !!! Al fin !!! ... al fin se hizo Justicia y tengo una iglesia que lleva mi apellido !!! –Se trata de un Santo hermanos... SAN VIDAL, el mismo que escribe estas líneas. Afuera en el frontispicio hay un cartel que dice... “Chiesa di S. Vitale (vulgo San Vidal)”. Interrogué a una chica muy amable y me explicó que San Vitale fue un Dux de Venezia y en dialecto veneziano Vitale se dice Vidal. Al salir de San Vitale y dar unos veinte pasos vi un muy bonito kiosko de venta de flores que me resultó lejanamente conocido; le dije a Zulma: ese es el kiosko del filme “Pan y Tulipanes”, de inmediato me apersoné al florista y me confirmó el dato, ahí filmaron esa linda película que vimos en La Plata el anteaño, tal vez la recuerden.
Preguntando dimos al fin con Il Ponte dell’Accademia que estaba ahí nomás, lo cruzamos y entramos a la galería de arte que habíamos ido a ver. Creía que conocía los principales museos de arte del mundo con excepción de algunos pocos. Cuando entré hoy en L’Accademia de Venezia me di cuenta que estaba equivocado. Conozco El Louvre y el D’Orsay de París; la Gallería degli Uffizzi y La Academia en Florencia; el Metropolitan Museum, el MoMA y el Guggenheim de New York; El Prado, el Reina Sofía y el Thysen Bornemiza de Madrid; los fastuosos palacios vaticanos de Roma, el Palazzo Ducale de Venezia y otros que ahora no me vienen a la cabeza. Afirmo ahora con certeza que entrar a visitar la Gallería dell’Accademia me voló el mate por los aires, me sacó la cabeza.
Estuvimos dentro más de tres horas recorriendo las 24 salas que atestiguan lo mejor del arte veneziano del Trecento al Settecento. Está atestada de espectaculares pinturas de Paolo Caliari detto Veronese (1528-1588), Jacopo Robusti detto Tintoretto (1519-1594), Jacopo Negretti detto Palma Il Vecchio (1480-1518), Giovanni Antonio de Sacchis detto Il Pordenone (1483-1539), Leandro da Ponte detto Bassano (1557-1622), Giambattista Tiépolo (1696-1770), Bernardo Strozzi (1581-1644), Luca Giordano (1634-1703), Andrea Mantegna, Vittore Carpaccio, Piero della Francesca, Jacopo Bellini, Giovanni Bellini, Il Giorgione, Tizziano Vechelio, Giambattista Cima da Conegliano, Lorenzo Lotto, Francesco Zuccarelli, Giannantonio Guardi, Pietro Longhi, París Bordone... en fin... la flor y nata de la pintura veneziana, todos juntos en pilas de cuadros a cual más lindo, refinado y esplendoroso.
Si les gusta el arte y vienen a Venezia ya saben adónde tienen que ir, es simplemente im-per-di-ble. Voy a dejar acá; mañana seguiré contando cómo siguió el viaje de hoy a Venezia, se ha hecho tarde y hay que ir a dormir.
Lo que sigue a continuación es un material específico que tomé de Internet sobre el tema de la PINTURA VENEZIANA. Buenas noches. Mario
Bueno... hemos paseado todo el día por VENEZIA... diez largas horas visitando por segunda vez la bella ciudad de los canales y las góndolas. Sí amigos, sí, llegamos muy cansados y con la boca acalambrada de ese OHHHH! que brota espontáneamente en cada callejuela, en cada puentecito, frente a cada obra de arte. No quiero reiterarme sobre la ya contado la primera vez pero no me queda otra... es una de las ciudades más hermosas del mundo, la magia hecha realidad, un viaje sin retorno a los siglos del Renacimiento.
Llegamos a las 8 de la mañana y pudimos ver cómo se despierta La Sereníssima; la gente saliendo a trabajar, los negocios aprontando para abrir las puertas, las palomas y gorriones, los barcitos con sus parroquianos desayunando. Pocos turistas a esa hora y el aire frio y húmedo que te envuelve en una atmósfera de siglos; los vaporettos de acá para allá por el Canal Grande con los pasajeros viajando parados, las calles con sus auténticos pobladores saliendo como hormigas de secretos y oscuros callejones... toda Venezia para nosotros.
Enfilamos por la “S” turística intentando llegar a L’Accademia y varias veces equivocamos el camino yendo a parar a cualquier lado; creo que nos queríamos perder a propósito para no sentirnos turistas. Tal vez concientes de ello nos desviábamos una y otra vez del camino principal para adentrarnos en esos recónditos pasadizos en los cuales estirando yo los brazos en cruz tocaba ambas paredes. Son largos –cien, doscientos metros- y van silueteando, haciendo recodos, cruzando angostos canales y desembocando siempre en otro pasadizo que te lleva para cualquier otro sitio. Hay que ser de ahí para no perderte en esos laberintos tan antiguos y húmedos como infinitos; nunca llega el sol al piso por lo angostos, altos y encajonados que son.
En una de esas vueltas sin destino nos topamos de frente con el teatro La Fenice de fama mundial recientemente inaugurado; en otra dimos con una casa en la que había parado Wolfgang Amadeus Mozart en los carnavales de 1771 teniendo 15 años, el sitio está pegado al Ponte di Baccardi o del Cuoridoro.
Hay cientos y cientos de canales y puentecitos, caminás cincuenta metros y ya te topás con uno, y te dan ganas de disparar tres o cuatro fotos por vez. Esos callejones son tan antiguos como la maldad y a cada rato te encontrás con una placa histórica que dice que ahí vivó fulano de tal en el siglo... en el siglo que quieras, el que más te guste. De repente se abren espacios amplios pero no tanto -digamos que de unos 20 por 30 metros- llamados “campos”, como placitas irregulares, casi siempre con un aljibe en el medio o la estatua de algún Dux; confluyen ahí varios pasadizos y no sabés cuál tomar para salir, entonces te perdés de vuelta y es un goce indescriptible perderte en Venezia con tu enamorada...
Ahí todo es una sinfonía de siglos y palomas, de góndolas y canales de transparente verde esmeralda, de miles de rincones salidos de un sueño o una pala del Tintoretto.
Calculando que ya habíamos sobrepasado el Ponte Rialto tratábamos de ubicar el de L’Accademia cuando de repente dimos con una chiesa que me llamó la atención. Antes de continuar voy a decir que la cantidad de iglesias que hay es impresionante, no me equivoco si digo que es imposible hace cien metros sin encontrar una y a cada una no le cortás la cabeza por menos de cinco siglos y veinte obras de un pintor o escultor famoso.
Sigo. Entramos a la mencionada chiesa –adentro no había nadie- y lo primero que notamos fue que la inundaba un hermoso concierto de Vivaldi; estaba fondata nel S.XI, con el campanile del S.XII. Adentro pudimos admirar esculturas y pinturas de los siglos XV al XVII, entre otras un lienzo de Giambattista Piazzetta (1683-1754), “L’Immacolatta” (1732) de Sebastiano Ricci (1659-1734), “I Santi Rocco e Sebastiano” de Angelo Trevisani (1669-1753), “Il Martirio di San Vitale” attribuito a Francesco Fontebasso, varias otras que no recuerdo y en el altar mayor “San Vitale a Cavallo e Otto (ocho) Santi” de 1514, pala de Vittore Carpaccio (1460-1525) donde representa al Santo montando brioso corcel blanco.
¿Por qué me detengo en esa chiesa...? Pues es muy sencillo queridos amigos... se trata de LA CHIESA DE SAN VIDAL !!! Al fin !!! ... al fin se hizo Justicia y tengo una iglesia que lleva mi apellido !!! –Se trata de un Santo hermanos... SAN VIDAL, el mismo que escribe estas líneas. Afuera en el frontispicio hay un cartel que dice... “Chiesa di S. Vitale (vulgo San Vidal)”. Interrogué a una chica muy amable y me explicó que San Vitale fue un Dux de Venezia y en dialecto veneziano Vitale se dice Vidal. Al salir de San Vitale y dar unos veinte pasos vi un muy bonito kiosko de venta de flores que me resultó lejanamente conocido; le dije a Zulma: ese es el kiosko del filme “Pan y Tulipanes”, de inmediato me apersoné al florista y me confirmó el dato, ahí filmaron esa linda película que vimos en La Plata el anteaño, tal vez la recuerden.
Preguntando dimos al fin con Il Ponte dell’Accademia que estaba ahí nomás, lo cruzamos y entramos a la galería de arte que habíamos ido a ver. Creía que conocía los principales museos de arte del mundo con excepción de algunos pocos. Cuando entré hoy en L’Accademia de Venezia me di cuenta que estaba equivocado. Conozco El Louvre y el D’Orsay de París; la Gallería degli Uffizzi y La Academia en Florencia; el Metropolitan Museum, el MoMA y el Guggenheim de New York; El Prado, el Reina Sofía y el Thysen Bornemiza de Madrid; los fastuosos palacios vaticanos de Roma, el Palazzo Ducale de Venezia y otros que ahora no me vienen a la cabeza. Afirmo ahora con certeza que entrar a visitar la Gallería dell’Accademia me voló el mate por los aires, me sacó la cabeza.
Estuvimos dentro más de tres horas recorriendo las 24 salas que atestiguan lo mejor del arte veneziano del Trecento al Settecento. Está atestada de espectaculares pinturas de Paolo Caliari detto Veronese (1528-1588), Jacopo Robusti detto Tintoretto (1519-1594), Jacopo Negretti detto Palma Il Vecchio (1480-1518), Giovanni Antonio de Sacchis detto Il Pordenone (1483-1539), Leandro da Ponte detto Bassano (1557-1622), Giambattista Tiépolo (1696-1770), Bernardo Strozzi (1581-1644), Luca Giordano (1634-1703), Andrea Mantegna, Vittore Carpaccio, Piero della Francesca, Jacopo Bellini, Giovanni Bellini, Il Giorgione, Tizziano Vechelio, Giambattista Cima da Conegliano, Lorenzo Lotto, Francesco Zuccarelli, Giannantonio Guardi, Pietro Longhi, París Bordone... en fin... la flor y nata de la pintura veneziana, todos juntos en pilas de cuadros a cual más lindo, refinado y esplendoroso.
Si les gusta el arte y vienen a Venezia ya saben adónde tienen que ir, es simplemente im-per-di-ble. Voy a dejar acá; mañana seguiré contando cómo siguió el viaje de hoy a Venezia, se ha hecho tarde y hay que ir a dormir.
Lo que sigue a continuación es un material específico que tomé de Internet sobre el tema de la PINTURA VENEZIANA. Buenas noches. Mario
