Estuve cinco veces en Venezia: el 26 de dic. de 1996, un día de dic. 2003 y tres en enero de 2004. Cada uno fue un increible viaje a los siglos del Renacimiento Italiano y a la más alada magia que uno pueda imaginarse. Este es mi testimonio de una de las ciudades más bellas y atrapantes que he conocido...

18.9.04

Elección de los Dux

Estuve averiguando cómo hacían en La Sereníssima para elegir a los Dux y me llevé una sorpresa. Había comentado que el Dux de turno no era un Rey omnipotente ni un Dios, su poder estaba muy acotado por el Consejo de Los Diez y por el Maggior Consiglio. Bien, el sistema para la elección de un nuevo gobernante era muy pero muy complejo y se estableció en el S.X para evitar cualquier alteración en las instituciones motivado por trenzas políticas, arreglos, grupos de poder, etc. Los electores se elegían por sorteo dentro de los más de 1000 integrantes del Maggior Consiglio, pero había como ocho sorteos; los 1000 y pico elegían a suertes a 30 electores, esos 30 por igual procedimiento a 9, esos 9 a 40, los 40 a 12, los 12 a 25 que con otro sorteo se reducían a 9, esos 9 a otros 45 que a su vez elegían –siempre por sorteo- a 11; finalmente esos 11 elegían a suertes y por voto secreto a los 41 electores del Dux. Vale decir que nada de componendas, dedo, transas ni cosas raras; era imposible saber quién iba a ser el nuevo Dux hasta que no terminara toda la complicada operatoria. Para que no hubiera manos “prestidigitadoras” los votos no se tocaban con la mano sino con una vara con forma de tal en presencia de todos, brazos de madera de los cuales vimos varios en el museo Correr. O sea que los tipos siempre tuvieron muy claro que la Repúbblica estaba por encima de los gobernantes; imposible que se pegara a la silla un dictador o que hubiera un golpe de estado; de hecho nunca lo hubo en once siglos.

Un aparte sobre Venezia. Quiero suponer que las aguas de los canales de Venezia han de estar bastante contaminadas por la gran cantidad de lanchas y vehículos a motor que los navegan a diario; es posible. Ocurre que la laguna es abierta sobre el Adriático y las aguas de sus canales son tan limpias (aparentemente) como transparentes, del mismo color verde intenso del mar. No es como las lagunas de llanura (ej.: Chascomús) de aguas marrones, oscuras y barrosas, sino como agua de mar. Debido a la manía que por acá tienen por la estética y la limpieza no hay en los canales ni un papelito tirado, si fuera verano te darían ganas de zambullirte sin pensarlo dos veces.
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