Acerca de mí

- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Estuve cinco veces en Venezia: el 26 de dic. de 1996, un día de dic. 2003 y tres en enero de 2004. Cada uno fue un increible viaje a los siglos del Renacimiento Italiano y a la más alada magia que uno pueda imaginarse. Este es mi testimonio de una de las ciudades más bellas y atrapantes que he conocido...
18.9.04
Un cuadro del Veronese
Spresiano, martes 13 de enero 2004
(Cagamos... hoy es martes 13...) En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente... “Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
(Cagamos... hoy es martes 13...) En una de las referencias que hice acerca de la visita del 8 de enero a la Gallería dell’Accademia en Venezia agregué a la ligera y sin mayores detalles lo siguiente... “Como anécdota refiero que vi tres impresionantes cuadros muy grandes (había muchos así); uno del Veronese llamado “Convito a casa di Leví” de 13 metros por 5.60 (!!!); otro del Tizziano Vecellio de…”
La otra vez que había estado por estos países me pegó fuerte un pintor llamado Paolo Caliari, detto IL VERONESE, nacido en Verona en 1528 y muerto en Venezia a la edad de 60 años en 1588. He vuelto a reencontrarme con él y aprovecho los momentos libres para interesarme por su obra.
El mencionado y gigantesco cuadro que afortunadamente pude contemplar merece una aclaración. Por esa pintura en 1573 Il Veronese fue citado por el Santo Tribunal de La Inquisición para rendir explicaciones; los frailes consideraron que la obra –hasta ese momento titulada “La Ultima Cena”- era indecente, blasfema y altamente ofensiva. Le hicieron juicio y el pintor tuvo que defenderse. En sus 13 metros de largo, bajo tres grandes arcos que sugieren un proscenio de la época clásica, se desarrolla La Ultima Cena de Jesús con sus discípulos con una particular característica: más que la Cena Sagrada es una bacanal. En las minutas escritas del juicio -que se conservan- quedó registrado que con mucha serenidad, calmo y seguro, Il Veronese respondió audazmente... “Nosotros los pintores nos tomamos la misma licencia que se toman los poetas y los locos”. No lo mandaron a la hoguera de casualidad o tal vez porque ya era un prestigioso artista.
Hay muchas figuras representadas en el cuadro, además de Jesús y los doce apóstoles está lleno de gente; bufones, pobres, borrachos, soldados, lisiados, mujeres, etc. El problema se zanjó de la siguiente manera: el irreverente pintor tuvo que cambiarle el nombre al cuadro; desde entonces se llamó “Fiesta en casa de Leví”.
Más de la mitad de la tan vasta como magnífica producción artística de este pintor está en Venezia desparramada por todos los palazzos e iglesias, ciudad donde se estableció desde 1555 en adelante. Sus restos descansan en la chiesa di San Sebastiano, completamente pintada por él. En la próxima ida a Venezia vamos a entrar a San Sebastiano y al Palazzo Ducale donde también hay muchas pinturas y frescos de este hombre al que admiro profundamente.
La mayoría de sus obras son de gran tamaño y no fueron hechas para ser comerciadas, Il Veronese no quiso entrar nunca en el mercado privado. Quedan más de 300 de sus trabajos con temas alegóricos, sagrados y mitológicos; otros se perdieron en incendios de chiesas, villas y palazzos.
A propósito de esto último apunto que es impresionante la cantidad de obras de arte que se han perdido por incendios, guerras, saqueos y –desde el siglo pasado- bombardeos a ciudades. Luego de la segunda guerra mundial Europa quedó destruida por las bombas aéreas y quien ha visto fotos y filmaciones de cómo quedaron las ciudades se asombra de no encontrar hoy un sólo rastro de semejante destrucción. Reconstruyeron absolutamente todo; es más, lo dejaron como estaba antes volviendo a colocar piedra sobre piedra, sin dudas un trabajo titánico. He visto aquí fotos de Treviso bombardeada y me resulta difícil creer que sea la misma ciudad donde estuve dos veces hace pocos días.
Leyendo sobre historia del arte -aquí tengo tiempo- me voy enterando de cosas. Increíblemente Venezia no está preparada para resistir un incendio de grandes proporciones que, de llegar a ocurrir, sería una catástrofe cultural e irreparable injuria para la memoria del arte bizantino y renacentista. De hecho el Teatro La Fenice se incendió en enero de 1996. También Il Palazzo Ducale sucumbió a un incendio en 1577, época de pleno apogeo artístico. Hay en Vicenza un cuadro del Veronese titulado “La fiesta de San Gregorio” de casi mts. 5 por 9 que en 1848 fue cortado y gravemente dañado por las bayonetas de los soldados austríacos (dicho sea de paso Il Veronese se especializaba en pintar fiestas). Los desastres que han hecho las tropas de los sucesivos ejércitos acampando en grandes templos repletos de obras de arte es tristísimo; después continuaron con los saqueos y finalmente para completarla aparecieron los aviones. Aún así lo que queda es vastísimo y merece ser cuidado y protegido.
Este es un país de muchísimo recurso económico; al margen de eso y considerando que su cultura de base y estilo de vida son muy dispares al nuestro, por comparación parecen dos planetas distintos. Es increíble la millonada de Euros que gasta (o invierte) Italia en la restauración y conservación de su inmenso patrimonio cultural; si los Euros fueran agua yo diría que las cantidades puestas son navegables por un transatlántico. Por todos lados se ven trabajos de restauración altamente calificados y con toda la maquinaria moderna.
